Opinocracia

OpinioncraciaQué listos fueron los griegos. Cuando estudié BUP y COU, en clase de Filosofía y en ese desfile cronológico que hacía de la asignatura una pasarela en la que veías desfilar a Platón, Aristóteles, Santo Tomás y hasta a Wittgenstein y que llamaban Historia de la Filosofía, me repitieron más de trescientas cincuenta y siete veces que los griegos, en realidad algunos griegos, diferenciaron doxa y episteme. Muy a grandes rasgos eso era diferenciar entre opinión y conocimiento. En esa época en la que uno estudia Filosofía pensando en otras cosas, quizás por eso mismo, la distinción, por obvia, parecía hasta innecesaria. Pasados los años, ahora que casi todo el mundo opina sobre casi todo, se plantea uno que quizás sea más necesario que nunca recordar que los griegos fueron muy listos planteando esa diferencia, o al menos defender que no fueron imbéciles al hacerla hace tantos siglos.

Si yo opino que una cebolla es un bolígrafo seguramente las opiniones se dividan en: estoy loco, me he drogado, intento poetizar sobre la cebolla… Pero si cientos de miles de “activos” ciudadanos manifiestan que un bolígrafo es una cebolla, tenemos un problema y surge una duda. Y hasta habrá a quien se le salten las lágrimas al acercarse al bolígrafo. Dará entonces igual si tiene tinta o no, su color, si es un bolígrafo de usar, mordisquear y tirar o uno de esos que antes se regalaban dentro de estuches de terciopelo burdeos. Ha aparecido en el imaginario colectivo en forma de cebolla. Tenemos una cebolla. Es una cebolla independientemente de cualquier tipo de comprobación o de los intentos de escribir con ella sobre un papel. Y lo es porque muchos han decidido que lo sea. Es la transustanciación de la realidad, la consagración laica de lo real travestida con verborrea de apariencia progresista y democrática. Como dice mi compañero, y sin embargo amigo, Luisra, la horizontalidad, la participación, era esto, convertir cebollas en bolígrafos.

Sí, quiero decir que esta orgía de opinadores de todo funda una nueva realidad independiente de pruebas, verificaciones, contrastaciones, argumentos, razones. Creo que era Eduardo Nicol el que decía que darnos razones sobre lo real es un regalo que los humanos nos hacemos entre nosotros como especie. Lo mismo nos hemos vuelto tacaños y nos hemos terminado convenciendo de que cualquier manifestación verbal o escrita, cualquier objeto de bazar intelectual barato o cualquier producto del handmade neuronal es en sí mismo válido y valioso, y todo un obsequio que hacemos a la comunidad de participantes cofundadores de lo real. Y sí, creo que todo esto es un empobrecimiento y no creo que sea bueno. No creo que sea bueno dejar de distinguir entre un argumento fundamentado y cualquier opinión que se le ocurra decir a alguien sobre cualquier tema. Me parece que deberíamos dejar de confundir la razón con la opinión, cualquier usuario de Twitter con un experto, un experto con alguien hipócritamente simpático o popular, un hashtag con la democracia, el trending topic con la mayoría, la realidad con su transubstanciación en el nuevo sacramento de la falsa y sonriente participación.  Y no me estoy refiriendo exclusivamente a tertulianos o todólogos más o menos mediáticos o a las redes sociales. La opinocracia triunfa en instituciones y organizaciones, arrasando en su evangelización facilitadora de comodidades y cobardías. Su arma de fuego es apelar al colectivo, su cómplice el silencio. Y ya se sabe…

Qué listos eran los griegos. Qué mal nos los enseñaron.

Por cierto, opino que la foto es mía, y opino que es un obrero haciendo, con su cabeza, arcos en un edificio de una calle que opino que es de Sevilla. Ustedes disculpen mi opinión.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. jUAN MUÑOZ FfERNANDEZ

    Muy bueno lo de la cebolla y el boligrafo, somos borregos Un saludo de Juan Muñoz de MURCIA

  2. Excelente el blog !!
    Y muy interesante el artículo !
    Saludos

  3. Estás en lo cierto pero, ¿quién no se deja arrastrar por esa corriente opinocrática que prolifera al calor de los tiempos? Las redes sociales nos invitan por momentos a creernos dioses que entendemos y sabemos de todo, amparados por seguidores y detractores feroces que nos encumbran con su saña. Lo suyo es mirarlo desde la distancia, con cervantina ironía y alimentando el discernimiento que a veces nos falta.
    Saludos

  4. Pingback: Las elecciones municipales y la proclamación de la II República: desmontando a César Vidal | Iedahistoria...y Arte y Geografía

  5. ¡Vaya!, un año ha habido que esperar para ver publicado un artículo en “EFERVESCENTE 2H”. Me parece que son las secuelas dejadas en ti por el cura que fue tu profesor de Historia de la Filosofía en C.O.U. Si al menos el buen hombre hubiera explicado la filosofía de Marx y Engels… tal vez hubiera podido haber alguna redención.
    Me alegra leerte, aunque sea de año en año.

    Un fuerte abrazo, amigo.

  6. ¡Muy buenas, amigo! No me recuerdes a aquel cura, anda, que me entran convulsiones y van a tener que hacerme un exorcismo. tengo que contarte que veo a menudo a nuestro común amigo Roberto Pachón 😉

    A mí también me alegra leerte.
    Un abrazo fuerte.

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