Nueva York

Hacía ya cuatro años de la última vez, y ya era hora de volver. Nueva York huele a olla humana de acero y metro, a puesto callejero y mantequilla, a café aguado, alfombra vieja y literatura, a historias por cada esquina. Una novela, o muchas, hechas ciudad. Huele a libertad y sueños, a injusticias y solidaridades, a mezcla natural y aparatosa a la vez, a cataratas artificiales bajo el puente de Brooklyn, a velocidad y fiesta. Huele a brunch de domingo, después de casi convertirte al baptismo en un Harlem que pone los vellos de punta. Y justo cuando has decidido no convertirte esta vez, esa tarde de domingo unos adolescentes bailan en un Central Park a reventar de gente lo que jurarías que es un alegato contra la Ley de la Gravedad. Poco más allá, un gondolero “veneciano” pasea a una ostentosa pareja con una botella de champán por en medio del lago. Y en otro lago, más pequeño, unos barcos de vela teledirigidos ponen a prueba la paciencia paterno-filial en su absurda deriva de una tarde sin viento. En la orilla, un anciano violinista repite una letanía que terminas aprendiendo a base de repetición. Uno termina convencido de que las ardillas van a empezar a cantar.

Nueva York sabe a artificio y hospitalidad, a amabilidad con cada “excuse me” o “can I help you?”. A Boss phone card para llamar a España por un precio ridículo desde algunas cabinas (no en todas cuesta lo mismo llamar). Nueva York es una pequeña y maravillosa tienda en el fantástico Soho (maravilloso si lo conoces en profundidad), en la que Miko Mentz se muestra más interesada en hablar de los diseños y el estilismo de Penélope que en venderle nada. Y es el karaoke de los jueves en el Playwright con Tom dejando su saxo callado mientras se pone las gafas para buscar en su interminable baúl de CDs la última ocurrencia con en que el neoyorkino quiere cerrar el día. Es la esperanza de un hispano de Brooklyn que te habla de Obama terminando su  alegato con un “¡viva lo hispano!” que huele a soledades en multitud, a otros sueños menos rubios. Es lectura en el metro, zapatos de tacón en los bolsos, un taxi amarillo conducido por Kostas Kostakis, veterano griego casi sordo que pregunta varias veces, hasta casi acabar con tu paciencia, en que lado de la Primera Avenida quieres que te deje (“left side, please”)…

Es dejarse las suelas contando calles hacia el norte o avenidas hacia el oeste. Es encontrarse de golpe el vacío de Hell’s Kitchen antes de alcanzar el Hudson. Es tenerlo todo a la vez al doble y a la mitad. Es Mary Poppins en el New Amsterdam o Gipsy en el St James y un batería en el metro que jurarías que tiene diez brazos. O un cantante, también de metro, que no entiendes cómo no es una estrella mundial. Es revisitar a Duchamp en el Moma. Es una vela en el Fridays de Times Square mientras de vez en cuando la jukebox te recuerda que fuera construyen soles con anuncios. Y es todo lo que cuenta Andriu.

Llevo años diciendo que me siento de allí, que más tarde o más temprano me iré a vivir con ellos. Y siempre quiero volver a hurgar en los resquicios de una ciudad dura y amable como ninguna. Quizás Nueva York sea una enorme interrogación sobre la condición humana. Ustedes disculpen el abandono del blog estos últimos tiempos. Estaba intentando responder esa interrogación. O volver a hacérmela tarareando aquella melodía del anciano violinista, esperando un día de viento para aquellos barquitos.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Jose

    Ahora lo mejor que puedes hacer es desconectar rápidamente, porque supongo que mentalmente (y espiritualmente, ya me entiendes) aun estarás en New York. Si no, veras lo bien que vas a sentirte cuando vengas ‘al barrio’ y no lo digo por el tema de la “marginación” ni nada por el estilo, simplemente, no es el mismo ambiente y la gente no es la misma (por muchos parecidos o aproximaciones que quieran hacer con lo peorcito que puedas encontrar allí)

    Me alegro por tu viaje y porque lo hayas pasado bien, yo me lo he pasado bien leyendo tus descripciones, he reído imaginando y aunque es extraño, parece que de algún modo me ha subido la moral.

    Un saludo, nos vemos el Lunes .

  2. ¡Jo, pero que envidia! Nosotros tuvimos que anular “in extremis” nuestro primer paseo por Nueva York la semana santa pasada y espero que podamos contrastar opiniones por fin el año que viene. ¿No hace demasiado calor en verano por allí Juanjo?

  3. ¡Qué gustazo haber revisitado la ciudad a través de tu prosa!

    Yo sólo estuve cinco días, pero sé que son sólo los primeros de una serie de visitas o quizás estancias en un futuro incierto, quizás lejano, mas intensamente anhelado.

    ¡Un fuerte abrazo y mucha fuerza para esa “rentrée” mañana!

  4. Seo

    Qué envidia…de la insana, además.

  5. Me alegro de esa subida de moral, Jose, que no decaiga…

    Jose María: hemos tenido un agosto con 30ºC de máxima más o menos… y por las noches durmiendo tapados con manta. Es más que soportable, sobre todo si vas desde Sevilla o Madrid 😉 Espero que tu próxima tentativa no tengas que cortarla. Y que nos cuentes.

    Gracias, Andriu. No me pierdo ni una de tus crónicas americanas, aunque casi da pudor comentarlas, porque parece uno entrometerse en las noticias que les vas dando a los familiares. Mucha suerte en la aventura y sigue, sigue contando.

    No hay envidia insana, Seo, aunque no sé qué pensaría Nietzsche 😉

  6. Pedazo de viaje, si señor… a ver cuando me decido a ir a la Gran Ciudad.
    Un abrazo

  7. Ya me sorprendió leer en el apartado “Sobre mí” de tu página tu pasión por Nueva York y ahora me sorprende más leer que deseas vivir allí. Serán prejuicios o ignorancia pero no sé, no me pegas allí. Pero si es lo que quieres, deseo u

  8. Jo, se le di a una tecla sin querer y se me fue el comentario. Decía que si es lo que quieres lucha por conseguirlo.

    Por cierto, ¿tú no dijiste que el viaje iba a ser a Rusia? O estoy equivocada o cambiaste radicalmente, ¿no?

    Me alegro de volver a encontrarte por aquí. Un abrazo, Montse

  9. Jaja, estoy con Monste, a mi tampoco me pegas en New York. Aunque todos los que conozco que han estado dicen que no es lo que parece o, más bien, que no es como se ve en la tele. Que extraño, una cosa que no es como dicen en la tele…

  10. Comparto tu pasión por New York, es como le mundo dentro del mundo, como dos matrioskas. No conozco ciudad más cosmopolita.

  11. Vaya, y yo que creo que pego perfectamente, precisamente con Nueva York. Montse, le dejé dicho a Ricardo que iba a Rusia, pero a última hora decidí cambiar de destino: la llamada de NY 😉 Nada que ver con el tópico televisivo. Muy buena tu frase final Da-beat. Más bien lo que dices, Miguel, dos matrioskas, o más.
    Gracias a los cuatro. Wikiheavy, no te quejes que pedazo de viaje el tuyo 😉

  12. Wow!! Un relato genial, Juanjo. Se ve que estás enamorado de Nueva York. Yo nunca he estado (¡más que afortunado de mí si ya lo hubiera hecho!), pero a través de tus palabras he podido ver todo lo que tú nos querías contar.

    Siempre he pensado en Nueva York intentando dejarme llevar más por lo que he leído en los libros -novelas, libros de texto del instituto…- que por las imágenes de la tele. Y siempre me ha venido a la mente una grandísima urbe donde se encuentra lo mejor del mundo, pero también, y sobre todo, lo peor.

    Pero ahora, gracias a ti, he recordado que los sitios son buenos o malos según los ojos con que los mires, y que no hay más que pisar un lugar para tumbar cualquier imagen preconcebida. Y tú de eso sabes mucho. 😉

    Si te soy sincero, odio las grandes ciudades. Me pongo enfermo con el mero hecho de vivir en Sevilla -que ni es grande ni na-. Pero, paradojas de la vida, NY es una de las cuatro ciudades de todo el mundo en que me gustaría vivir. Las otras tres son Tokyo, Londres o Florencia (¡ay, Florencia!).

    Ya te lo dije, pero me alegro de que hayas vuelto, y con las pilas cargadas. 🙂

    Saludos!!!

  13. Gracias, Jesu, coincido contigo en las ciudades, especialmente con Londres. Respecto a NY, efectivamente, encuentras lo mejor y lo peor. Pero especialmente lo mejor. Amabilidad hasta el extremo en una ciudad rápida y dura, pero que también sabe detenerse y hacerse moldeable. El Soho es un enorme desconocido, quizás porque no tenga rascacielos, y quizás porque hay muchos sitios de comida “no-rápida” 😉 Demasiado tópico se ha escrito y filmado sobre NY.

    Gracias de nuevo, eres excesivamente amable 😉

    ¡Saludos!

  14. Maribel

    Un fantástico viaje, el físico y el que nos describes con todo lujo de detalles. Estoy de acuerdo con los compañeros, es como si paseáramos por la ciudad.
    Creo que cuando nos fijamos objetivos concretos en la vida, acabamos consiguiéndolos. Me refiero a que te traslades a vivir a NY. Si es lo que realmente quieres, llegará.=)
    Un abrazo.

  15. Vale, sí, lo reconozco… ¡TE TENGO MUCHA ENVIDIA!… Y no, no es de la “sana”… 🙂
    Vale, bueno, vete a vivir allí… ¡Iremos a buscarte para pasear contigo por el Soho!

    Un abrazo envidioso y “amenazante”… 🙂

  16. Hasta estamos pensando que a lo mejor te has ido a NY…
    Pues mira, como la última vez en el parque de Ricardo… Aquí me quedo montada en el columpio, hasta que quieras jugar un rato y devolvernos la pelota…

    Un abrazo

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