Un cuento sin principio

Erase una vez… un cuento sin principio. Un cuento algo distinto de todos esos cuentos normales, que empiezan diciendo “érase una vez…” cualquier cosa y terminan mostrando que eso que era al principio de una manera ha cambiado mucho a lo largo del cuento.

Lo cierto, es que esa anormalidad no era cómoda todos los días. Es fácil comprender que el hecho de que el resto de cuentos te estén observando con cara de extrañeza, y se vuelvan cuando pasas murmurando “mira, no tiene principio”, no es nada cómodo para un cuento normal. Y era solamente eso lo que le diferenciaba del resto de cuentos. Porque el nuestro, aunque no tuviera principio, sí tenía final. Y entre el inexistente comienzo y su destino pasaban muchas cosas. Como en la mayoría de los cuentos normales, que, a poco que se piense, están escritos para humanos, que son seres vivos que escriben, leen y cuentan cuentos.

Y como la mayoría del resto de cuentos, fábulas, leyendas, parábolas, relatos, y hasta algunas novelas, nuestro cuento había tenido una infancia normal. Nació en una familia normal, con principios el padre y la madre. Pero aquello, todos aquellos recuerdos fabulados entremezclados con genética, poco importaban en realidad. Un día, una tarde, cuando tenía esa indefinida edad intermedia en la que los cuentos perciben que tienen que irse a alguna otra parte, hizo su maleta, más vacía que llena, y se fue. El destino era el mar, o Saturno, o su luna, o la Antártida, o cualquier sitio que no se pareciera a ningún otro, y de los que tenía un vago conocimiento por los cuentos que hablaban de ellos, y que había leído detenidamente. Porque lo malo de las cosas, como de los destinos, pensaba, es cuando se parecen entre sí. Lo malo es cuando el banquete de lo similar llega hasta la indigestión, y se terminan vomitando ideas, dilemas y definiciones. Sabía que oponer resistencia a los parecidos era querer vivir en el mundo de la absoluta excepción. No tenemos una definición, pero no la necesitamos, pensó. Por eso se fue.

Después de aquella tarde, jamás se volvió a saber nada de nuestro cuento. Lo buscaron en distintas tramas literarias, pero ni rastro de él. Pasaron los años. Un día, esas olas que recuerdan la insistencia del mar, del mar, del mar, del mar, del mar, del mar, del mar, del mar, el mismo mar, acercaba poco a poco a la arena un final: era el el final de un cuento sin principio. Entre esos reflejos invertidos del mar que te desbordan los ojos a fogonazos, alguien que pasaba vio flotando, feliz, un cuento sin principio y sin final.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

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  2. Gorka Fernández

    … y por eso es verdad. Además la vida del ser humano, de la memoria humana,, se contiene entre unos primeros años que no se recuerdan y unos últimos que generalmente se pierden, no se recuerda nada y es cuando …

    *En fin un comentario como otro cualquiera sin principio ni fin 😉

  3. Juan

    Un fuerte abrazo desde BCN, compañero.

  4. Gorka, Juan, ¿qué hacéis por aquí, amigos? Después de meses sin poner nada, se agradece muchísimo que os sigáis pasando, que dejéis la huella, los abrazos…

    Os los devuelvo multiplicados sin fin 🙂

  5. Me declaro “fan”, sin principio (re-) ni final (-finfla). Estás hecho un cuentista ;D
    Voy a por el siguiente…

  6. A todo esto, digo yo que aunque este cuento sea más oscuro, en realidad habla de lo mismo que el de la mística del ahora. Lo mismo la vida es la ausencia de cuento, de principio, de final, de relato, un no relato…. Uys, paso, no sigo, que me pongo místico.

    Y gracias, NicolasaQM. Te voy a poner más deberes en breve, jeje.

  7. ¡Qué sorpresa, vuelve la vida a este blog! Aunque no sé si he entendido algo de este post y del posterior, vuelves tan oscuro o más que Nietzsche. ¿Vuelves autobiográfico?, ¿vuelves porque te fuiste o siempre has estado ahí pero de otra forma? En fin, aunque no sé si he entendido algo me gusta que hayas vuelto aunque creo que nunca te fuiste sino que hay formas distintas de estar.

    Abrazos fuertes, Montse

    PD: Aunque no sé casi nada de Nietzsche a mí me parece un gran pesimista, todo lo contrario que muchos/as consideráis.

  8. Pepa

    Es un placer volver a leerte, aunque haya sido tan larga la espera.

  9. Montse: me das un alegrón volviendo a verte aquí. Fíjate que yo no lo veo tan oscuro, ni a Nietzsche tampoco. Con lo de “autobiográfico”… no se te va una, amiga. Respecto a irme del blog, jamás lo di por cerrado, ha sido una espera, nada más, siempre estuve, tú misma lo dices. Y una ganas tremendas de volver a poner algo aquí. ¿Nietzsche pesimista? Para nada, todo lo contrario, lo mismo que no me creo del todo que no sepas casi nada de él, cachonda 🙂

    Un enorme abrazo.

    Pepa: que te sigas acordando de pasarte por aquí después de tanto tiempo me da otra enorme alegría. Muchísimas gracias 🙂

  10. Más de seis meses y, la verdad, ya daba por cerrado sin cierre , por finalizado sin final este blog. Pero en estos más de seis meses no he dejado de entrar de cuando en cuando con la esperanza de leerte de nuevo. ¡Por fin! Y una gran manera de empezar de nuevo con este simbólico cuento de mil interpretaciones posibles. Montse, que es una cotilla, te hace preguntas directas; yo prefiero imaginarme las mil (y una) interpretaciones escondidas en el cuento. En cualquier caso, me alegra muchísimo leerte de nuevo, te deseo lo mejor y te envío un fuerte abrazo.

    P.D.: ¿Qué es más importante vivir o revivir?

    • Imagina, imagina, amigo, que Montse no es cotilla, lo que pasa es que es muy lista 🙂 Más me alegra a mí volver a verte por aquí. El abrazo te lo devuelvo multiplicado cruzando el Atlántico.

      A tu pregunta, que no sé si estás de guasa, VIVIR, indiscutiblemente. Lo sabes bien.

    • ¿Qué yo soy cotilla? De eso nada, monada, simplemente soy filósofa, tengo ansia de saber, amor a la sabiduría y por eso no paro de preguntar. De todas formas, eso me lo vas a decir la próxima vez que nos veamos en persona, entonces te haces el bueno, eh!!!!

  11. Es que los cuentos son distintos según quien los lee, quien los escucha o quien los cuenta; los cuentos se reconstruyen como espacios al habitarlos.

    Un saludo.

  12. Como la vida misma, Miguel, como la vida misma…

    Otro saludo y me alegra muuuuucho volver a verte 😉

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