En el principio

Me llega por Illaq, de nuevo muchísimas gracias, este texto de abajo que no puedo dejar de recomendaros leer muy atentamente. Aparece en A school for each student. Personalization in a climate of high expectations, de  Nelson Beaudoin. Lo publicará Narcea. Lo pongo sin adornos. Toda una parodia. O no tan parodia…

En el principio, Dios no hizo solo a dos personas; hizo a un montón de nosotros porque quería que lo pasásemos muy bien. Y os dijo que no podíais pasarlo realmente bien a menos que tengáis toda una pandilla. Nos puso en el Edén, que era una combinación de jardín, patio de recreo y parque y nos dijo que nos divirtiéramos. Al principio, nos divertimos, como él esperaba; rodamos por las colinas, nos metimos en los ríos, trepamos a los árboles, nos columpiamos en los emparrados, corrimos por los bosques, nos escondimos en la selva e hicimos tonterías. Nos reímos mucho. Después, un día, la serpiente nos dijo que no nos estábamos divirtiendo en realidad porque no estábamos anotando las puntuaciones. Por aquel entonces, no sabíamos qué eran las puntuaciones. Cuando nos lo explicó, todavía no veíamos dónde estaba la gracia, pero nos dijo que deberíamos dar una manzana a la persona que fuese mejor en todos los juegos y nunca sabríamos quién era la mejor sin anotar la puntuación. Por supuesto, todos vimos la gracia del asunto, puesto que cada uno de nosotros estaba convencido de que era el mejor.

Después de eso, todo fue distinto; chillamos mucho y tuvimos que crear nuevas reglas de puntuación para la mayoría de los juegos. A otros, como retozar, dejamos de jugar porque era demasiado difícil puntuarlo. Cuando Dios descubrió lo que había ocurrido, pasábamos unos 45 minutos diarios jugando y el resto del tiempo, decidiendo las puntuaciones. Dios se enfadó mucho por eso, se enfadó mucho, mucho. Dijo que no podíamos volver a utilizar el jardín porque no nos estábamos divirtiendo. Le dijimos que nos divertíamos mucho, que su intolerancia se debía a que no era exactamente el tipo de diversión que él había pensado. No quiso escucharnos; nos dio la patada. Y dijo que no podíamos volver hasta que dejáramos de anotar las puntuaciones. Para restregárnoslo, para llamar la atención, dijo que todos moriríamos y nuestras puntuaciones no servirían para nada. Se equivocó. Mi puntuación acumulada es ahora de 16.548 puntos y eso significa mucho para mí. Si consigo llegar a 20.000 puntos antes de morir, sabré que he logrado algo. Aunque no lo consiga, mi vida tiene mucho sentido, porque he enseñado a mis hijos a sacar puntuaciones altas y ellos podrán llegar a los 20.000 puntos e incluso a los 30.000. En realidad, era la vida en el jardín la que no tenía ningún sentido. La diversión está muy bien en su sitio pero, sin puntos, no tiene razón de ser. Verdaderamente, Dios tiene una visión muy superficial de la vida y yo estoy encantado de que mis hijos se hayan educado lejos de su influencia. ¡Somos muy afortunados! Estamos muy agradecidos a la serpiente.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. joseluis

    Ya entendí todo.
    Por ejemplo, yo ahora tengo 12348 puntos, que no es gran cosa, pero cuando llegue a los 30000 podré pedir que me den un Iphone pagando sólo 39 euros!!!

    Alabado sea dios.

  2. Gemma

    Joer, vaya texto ahora que estamos a punto de evaluación… Pues eso, que retozar lo sacamos del currículo, que no entra para el examen.

    Gracias, de parte de otra viborita cada día menos pícara.

  3. manuel varela

    Genial….

    Saludos Juanjo!!

  4. Ya entendí todo.Por ejemplo, yo ahora tengo 12348 puntos, que no es gran cosa, pero cuando llegue a los 30000 podré pedir que me den un Iphone pagando sólo 39 euros!!!
    +1

  5. Este deseo ya manifestado otras veces en este blog de no querer medir, de no querer evaluar resultados, resulta atractivo y al mismo tiempo parece esconder el deseo de no querer conocernos a nosotros mismos. Tengo la sensación de que no querer medir significa no querer enfrentarse con la frustración de que no se han conseguido los objetivos propuestos. La ciencia mide constantemente y mide para conocer. No querer medir puede ser no querer conocer.
    También puede tener una equivocada intención ética. Como se supone que lo bueno es el igualitarismo si medimos demasiado a los alumnos se verá demasiado claramente que unos son más largos y otros más cortos, unos más trabajadores y otros más perezosos, unos consiguen mucho y otros muchos menos. Desde un mal igualitarismo mal entendido este puede ser el origen del deseo de no medir.

  6. Por cierto, el autor del blog que enlazo debajo decía que alguien lo acusaba de “resultista”, es decir, que se ocupa demasiado de los resultados. Oir de la medida es parece no querer saber nada de resultados.

    http://elcafedeocata.blogspot.com/2010/06/algunas-cosas-curiosas.html

    • Donde dice “Oir de la medida es parece no querer saber nada de resultados.”
      Debe decir “HUIR de la medida parece no querer saber nada de resultados”·

      Por ejemplo si cuentan (miden) mis errores sabrán que soy una calamidad.

  7. No querer medir es no querer hacer justicia. Porque es sabido que hacer justicia es dar a cada uno lo que se merece. Y saber lo que cada uno se merece solo se puede hacer midiendo y comparando unas medidas con otras.

    No querer medir parece que significa querer ignorar que cuando vivimos en sociedad estamos a cada momento “repartiendo beneficios”. Y con algún criterio hay que repartirlos.

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