Ideas para educar

Copio y pego lo que sigue. Esta vez no lo digo yo, sino que puedes leerlo en un documento al que llegué gracias a Luis Barriocanal, que me comenta que está en el número de Junio de Cuadernos de Pedagogía. Es de José Manuel Esteve, Catedrático de la Universidad de Málaga:

Mecagüentó

Para descalificaciones generales de nuestro sistema educativo, utilicen el título; sin embargo, desde el estudio científico de la educación, podemos ofrecer algún argumento más sensato que las descalificaciones que parecen haberse puesto de moda en la prensa.

1. Cuando hablamos del sistema educativo, estamos hablando de más de tres millones de niños y de 700.000 profesores. Con estas cifras, resulta cierto que tenemos profesores magníficos, y también que los hay deplorables. Tan cierto es que tenemos alumnos de muy alto nivel, como que hay un buen grupo de alumnos ignorantes y maleducados.

2. Cuando hablamos del sistema educativo, hablamos de un sistema; esto es, de un conjunto de elementos interrelacionados que guardan un equilibrio entre sí; de tal forma que tocar uno sólo de sus elementos produce unos cambios en cadena que hay que prever.

3. Las Ciencias de la Educación no son ciencias exactas; sin embargo, la forma más racional de enfrentar los problemas educativos se basa en elaborar estadísticas, deducir tendencias generales, extrapolar esas tendencias para establecer previsiones, tomar decisiones basadas en estas premisas y mantener una evaluación permanente de las consecuencias de la decisión tomada.

4. Sin embargo, en educación, las decisiones se toman desde las tripas, y además, a diferencia de lo que ocurre con la Física, todo el mundo cree saberlo todo, y cree que puede tomar decisiones desde el recuerdo de su escolaridad o desde lo que pasa en su aula.

5. He defendido en público que tenemos el mejor sistema educativo que hemos tenido nunca. En La tercera revolución educativa (Paidós, 2008), incluyo un amplio capítulo estadístico sobre el que apuntalar esta tesis.

6. España aparece como el primer país del mundo (OCDE, Economic Outlook, 2001) en la capacidad de rescatar de la ignorancia y la mala educación a miles de niños de primera generación, cuyos padres y abuelos nunca fueron a la escuela.

7. A la hora de buscar irracionalmente un chivo expiatorio está de moda señalar a los pedagogos. Yo propongo una tesis alternativa, igual de irracional pero con mayor base empírica. Los responsables de la crisis son los abogados. Nadie puede darme el nombre de un pedagogo que haya sido ministro de Educación; pero yo tengo una lista con más de veinte abogados que han sido ministros de Educación.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Yo también Mecagüentó. No obstante, ha habido algún Secretario General de Educación Pedagógo.

  2. Ni idea, Chechu, ni idea de los Secretarios Generales, ni de los generales, ni de los secretarios en general…. Y bienvenido por aquí 😉

  3. Maravall creo que era Catedrático de Sociología y Álvaro Marchesi catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense. Fueron los principales artífices de la Logse ¿no?

  4. Me voy a arriesgar.

    1-Algunas máximas de los griegos sobre el equilibrio(que hicieron algunas cosas por la Educación, entre ellas brindarnos la palabra compuesta de la que es heredera nuestra “pedagogía”): “Conócete a ti mismo”, “Nada en exceso”, “El equilibrio es el bien supremo”.

    2- “Sin embargo, en educación, las decisiones se toman desde las tripas, y además, a diferencia de lo que ocurre con la Física, todo el mundo cree saberlo todo, y cree que puede tomar decisiones desde el recuerdo de su escolaridad o desde lo que pasa en su aula.”
    No comparto el concepto que me parece que el Sr. Esteve tiene de “tomar decisiones desde las tripas” en el sentido de equipararlo a “tomar decisiones desde el recuerdo de su (la) escolaridad o desde lo que pasa en su aula (sic)”. Para mí, tomar decisiones desde el recuerdo de la escolaridad propia es tomar decisiones basadas en un tipo de experiencia, lo mismo que tomarlas desde lo que pasa en LAS AULAS (el plural es muy importante). Mi impresión es que algunas personas, ya pedagogos, ya profesores, ya catedráticos de Universidad, no tienen un conocimiento contrastado de la estructura, organización y situaciones de los centros educativos de enseñanza primaria o secundaria. El singular en “desde lo que pasa en su aula” es tan inexacto que mueve a confusión y tan reduccionista que desgarra las vísceras. Para centrar el tema en Enseñanza Secundaria, el abánico de aulaS en que algunos/as profesores/as se mueven abarca desde alumnado con 12 años (a veces todavía 11) hasta los 18, 19, 20, 30, 40 ó 50 años. Me explico. Sólo el desconocimiento permite ignorar la situación de algunos/as profesores/as que he conocido y con los que he trabajado en un instituto con turno de tarde-noche para el Bachillerato de adultos, en el que podían pasar de dar clases por la mañana en 1º. de E.S.O. a darlas por la noche a adultos de más de 40 años: una EXPERIENCIA muy rica, en mi opinión, y muy educativa, desde la que aportar una opinión un poquito autorizada, aunque sólo sea “un poquito”. ¿Verdad Iria, Pedro, Esperanza, Pilar, Dori, Norita, Reinaldo, Paco A., Nemesio, etc, etc, etc, etc, etc…?

    3-Sr. Esteve: ya que en el punto 7 habla Usted de “chivos expiatorios” y más adelante de “responsables” de la crisis (entiendo que de una “crisis educativa”, no de la actual crisis económica) en pie de igualdad, si leyera Usted blogs tan interesantes como éste, se daría cuenta de que hay otras modas o tendencias u opiniones, o como quiera llamárseles, a la hora de señalar responsables del fracaso de nuestro sistema educativo, ¿verdad Juanjo?.

    4-No me queda claro lo que se quiere decir en el punto 7. La verdad es que no lo entiendo muy bien. ¿Es una apología de los pedagogos? ¿Es una invectiva contra los abogados? “Los responsables de la crisis son los abogados” ¿Qué “crisis”? ¿Educativa? ¿Se está afirmando que existe una “crisis educativa? Me había parecido que se defendía precisamente lo contrario en los optimistas puntos 5 y 6.

    Un saludo muy cordial a todos/as

  5. Por cierto, disculpen la extensión, es que me emocioné y cogí carrerilla.

  6. Martín Núñez

    Pedagogos, abogados, profesores, secretarios generales, Marchesi, Maravall…no creo que nadie que se haya metido en esto de las decisiones en Educación, haya hecho algo mal a propósito, aunque bien es cierto que hace más daño un tonto que un malicioso.
    En fin que mucha es la razón de este post.
    Que me alegro de ver al gran Chechu, por aquí.
    Y que hace mucho calor…pero pronto vendrá la tormenta.
    Saludos Don Juanjo.

  7. Vale, ¿pero dónde están las ideas?

  8. Propongo de ministro a un chamán (bajo efectos del peyote o cualquier otro alcaloide inhalado) asesorado por un consejo de ancianos que sepan decir aquello de “en mis tiempos…” “cuando yo era chaval…” “qué libros los de antes…” etc.
    (escribiendo desde la trinchera de 2º de ESO con esbozos de personas que, bajo la férula del dictador, ya serían delincuentes con largo historial)

  9. Yo también copio y pego lo que sigue, de Dura lex, esto es, de Juan Antonio García Amado:
    “Hace un par de semanas, en uno de esos debates sobre Bolonia y las reformas universitarias, se me ocurrió sostener que hoy en día un tipo de pueblo y orígenes sociales muy humildes, como un servidor, seguramente no podría encontrar en la universidad el recurso para progresar y alcanzar una vida más libre de las cadenas propias de su clase social originaria. Tenía algo de provocación y, al tiempo, era expresión de una cierta sospecha que se me va imponiendo. Hoy, la conversación de mediodía con un buen amigo que anda metido también en el mundo educativo me ha ratificado en esa impresión. Es profesor de secundaria, amén de un hombre volcado en labores intelectuales e investigadoras. Haré aquí una síntesis de su visión y la mía.
    En las postrimerías del franquismo esta sociedad se había puesto a progresar y el final de aquel régimen y el principio de la democracia trajeron la necesidad de cubrir muchos puestos con cualificación académica. Pasábamos al llamado Estado del bienestar y el Estado social, crecían las funciones del Estado, se hacía más compleja y dinámica la vida económica y social. En tal contexto, las viejas clases dominantes, los pudientes de toda la vida y la exigua burguesía, no alcanzaban para cubrir tantas vacantes de técnicos en Derecho, de arquitectos, de economistas, de profesores universitarios, de ingenieros, etc., etc. Ningún hijo de ricachón acabó de conductor de autobús o de cajero de supermercado, pero bastantes hijos de pobres nos convertimos en profesionales bien pagados. Nos pudimos colar en el coto muchos hijos de las capas populares, tantos como acertamos a terminar una carrera con cierto éxito y a realizar unos pocos esfuerzos posteriores.
    Luego cambiaron las mentalidades. Los mismos que habíamos salido del arroyo, por así decir, nos llenamos de expectativas para nosotros y para nuestra prole y quedamos atrapados en la mentalidad de burguesotes recién llegados y con espíritu de nuevos ricos. Pensamos primero que las cosas serían así para siempre, que el progreso social y personal continuaría en los mismos términos y que, con nuestro propio impulso y una pequeña dosis de estudio y aplicación de nuestros hijos, nada podría pararlos ni pararnos. Además, esa mentalidad se contagió a casi toda la sociedad, pues también los trabajadores de los oficios más duros y tradicionalmente menos remunerados se encontraron con que sus vástagos podrían estudiar y creyeron que llegarían a abrirse buen camino con relativa facilidad. Y está resultando que no.
    El sistema educativo cambió radicalmente. La horda pedagógica, de la mano de los políticos más desaprensivos y/o con menos luces, ha ido consiguiendo rebajar el valor de los títulos académicos a base de desvincularlos del mérito serio, del trabajo y de la competitividad. Sumado todo, nace la ilusión de que cualquiera que haga mejor o peor una carrera tendrá por delante un futuro esplendoroso. Pero no. Los títulos universitarios ya no cuentan como antes, pues no son garantía de cualificación ninguna ni de capacidades personales dignas de mención. Además, el progreso social se estanca y, como dice la canción, ya no hay cama para tanta gente. Pero los padres, sobre todo los de extracción más modesta, siguen en la idea de que lo que importa es que su hijo termine una carrera y de que después las salidas ya vendrán por su peso. El sistema educativo, todo, desde la primaria hasta la universidad, se torna un enorme engaño. Como, además, las corruptelas aumentan sin parar y cada vez cuentan más las relaciones sociales y las influencias para llegar a cualquier puesto de mínima relevancia, la competición en buena lid es sustituida por una partida viciada que tiende a asegurar que el que no tenga padrinos no se bautice.
    Se trata, por un lado, de perpetuar en los estratos populares la ilusión de que sus hijos están estudiando y se titulan para progresar adecuadamente. De esa forma, el espejismo del progreso mantiene sumisa a la mayor parte de la población. Pero, como los títulos universitarios ya están a la mano de cualquier zopenco, con esos títulos cada vez se va a menos sitios, cada vez valen para menos. De entre los miles y miles de licenciados universitarios de cada año, el mercado elegirá a los más dóciles y más de fiar por sus orígenes y sus relaciones sociales, y la Administración, en todas sus variantes, seleccionará a los leales a partidos, camarillas y grupos de interés.
    ¿Resultado? Se recompone un modelo de sociedad fuertemente estamental, casi de castas. La competición abierta es reemplazada por sutiles sistemas de cooptación, bien disimulados bajo la más ampulosa palabrería. Cada oveja vuelve a su redil y cada clase social sigue donde le corresponde. Algunos jóvenes valiosos y valerosos se sustraerán a ese imperativo social inapelable a base de buscarse los garbanzos por el mundo y de malvivir muchos años de país en país, de beca en beca y de contrato basura en contrato basura, y puede que unos pocos salgan adelante. La mayoría de los que no tengan un respaldo familiar muy potente y una red social de seguridad solo acumularán fracasos y frustraciones y acabarán preguntándose un día por qué nadie les avisó que su destino “natural”, en este medio, era la formación profesional o el afiliarse disciplinadamente a algún partido mayoritario.
    El llamado sistema de Bolonia no es más que la definitiva vuelta de tuerca, el más moderno invento para retornar a la más arcaica de las sociedades. La superestructura pedagógica es el último y más perverso resultado de la lucha de clases, si se me permite la vieja y desacreditada expresión; las reformas educativas constituyen el postrer y quizá definitivo ardid de los grupos económica y socialmente dominantes para perpetuar sus ventajas. Que todos estudien y se licencien, para que estén tranquilos; pero que de poco les sirva, para que estemos tranquilos nosotros. ¿O acaso alguien se cree que a los capitostes de la economía y a los burócratas con más privilegios les mueve un noble y generoso interés cuando quieren convertir a las universidades en una fábrica de titulados sin muchas luces y con nula capacidad crítica? ¿Vamos a pensar, de verdad, que se trata de que los niños de mi pueblo tengan hoy más expedito el camino para abrirse paso en la vida compitiendo lealmente con los hijos de las viejas y las nuevas élites? ¡Anda ya!
    Hágase la lista de los colegios en los que estudian los descendientes de los políticos con más poder o de los pedagogos que dirigen las reformas educativas; repárese en qué másteres les pagan esos mismos a sus hijos cuando terminan su carrera o con quién hablan para colocarlos. Bastará ese dato tan simple para que captemos con absoluta claridad el gran timo en que se está convirtiendo la enseñanza pública y la torcida intención que mueve tantas reformas envueltas en la más pringosa y demagógica de las palabrerías.
    Así que, querido amigo, si por un casual es usted profesor y conserva un mínimo de honestidad personal e intelectual, ya sabe lo que le queda: leña al niñato y escupitajo al pedagogo. Hágalo, al menos, por los de su pueblo o su barrio, si es que viene usted de allí”.
    ¡Hala, y a seguir dándole alpiste al pueblo, para tenerlos callados! Y que le paguen a uno los servicios con un buen puesto en la Junta, o en la Comunidad, o en la Consejería, o en cualquier otro conciliábulo de reptiles.

  10. Antonio, el filósofo me refiero, no Antonio Solano:

    Quiero entender que las comillas de lo que citas terminan después de “reptiles” y no donde las pones. Verás, en el caso de que las últimas tres líneas de tu comentario sean tuyas, te equivocas de cabo a rabo, en la forma y en el fondo.

    Tú dirás.

  11. Mire usted, mi Instituto, en el barrio de Orcasur (no tanto como las 3.000 viviendas pero se le da un aire) está rodeado de una verja infranqueable y “protegido” por una batería de cámaras de vigilancia que te atisban hasta los calzoncillos que llevas puestos. Aún así, egregios defensores de las pedagogías libertarias han prosperado en él, y han sido elevados a los altares, si bien no junto a San Marchesi en la O.E.I., como le ocurre al señor Esteve que usted cita, pero sí, por ejemplo, para unirse al gabinete personal de una Ministra, para ostentar importantes cargos en la Dirección Provincial o para oficiar de responsables de Educación en notorios partidos políticos. Frente a esto, frente a toda la mierda que he visto y que me quedará por ver, mis fondos y mis formas considero que únicamente ponen de manifiesto una delicadeza casi exquisita.
    Un cordial saludo.

  12. Muy bien, Antonio, entonces entiendo el comentario en términos locales, de su contexto, cuyo parecido con las 3.000 viviensdas, desde la distancia y el desconocimiento solamente puedo imaginar. Y puedo, entendiendo ese contexto, entender su cabreo monumental con muchas realidades, sean o no educativas. Respecto a lo que usted llama “pedagogías libertarias” solamente decirle que yo, desde luego, y más desde estos contextos, las prefiero a las “esclavizantes”.
    Aclarada la cuestión.
    Mucho ánimo y un saludo.

  13. Pues yo no lo tengo tan claro, porque las “esclavizantes” producen repulsa por tiránicas, pero si las “libertarias” resulta al cabo que alcanzan idéntico objetivo que las “esclavizantes”, esto es, la perpetuación del statu quo heredado, entonces son doblemente deleznables, por ser tan tiránicas como aquéllas y por la vileza de disfrazar su maldad, por tramposas y falsarias.
    Es cierto que parece cuestión de gustos: o la directa o la vaselina. Puestos a elegir, yo me inclinaría más por una pedagogía más inteligente, más ilustrada, que no obligase a decidir entre dos modos de violación tan mostrencamente ideológicos. Pero, tal como están las cosas, no creo que ni usted ni yo lo veamos.
    Gracias por los ánimos y a seguir bien.

  14. No creo, Antonio, que directamente las “libertarias” reproduzcan statu quo por sistema. Pudiera ser una trampa, y en ese sentido entiendo lo que comenta. Convertir un marginado en otro tipo de esclavo es un engaño, sin duda. Pero, al menos, lo habremos sacado de ese pozo de mierda al que la situación le ha llevado. Yo no lo veo cuestión de gustos, aunque sí de ideología. Eso está claro. Y ahí hay poco que comentar. Sigo viendo menos “violación” en una que en otra. Lo dicho. Y encantado con las aclaraciones.

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