Carta abierta a Mariano Fernández Enguita. El “drama” de los niños gitanos y las profesoras

Estimado Sr. Fernández Enguita:

Este pasado miércoles tuve la oportunidad de escucharle pronunciar su conferencia “Redes profesionales e innovación con las TIC”, en el contexto de las V Jornadas Provinciales de Centros TIC celebradas en Almería. Vaya por delante que yo no estaba allí y que pude verlo, de lejos, pero oírlo perfectamente, gracias al stream que ha quedado recogido en este vídeo. Vaya también por delante que no tengo ningunas ganas de polemizar sobre el principal asunto de esta carta pública ni sobre cualquier otra cuestión de las que usted pudo decir allí. Puede uno estar más o menos de acuerdo en lo que dijo. Puedo, incluso, llegar a estar completamente de acuerdo en ideas suyas como las del “Cuadernos de quejas”. Han sido varias las veces, en este blog y foros de distinto tipo, las que he hablado del Apocalipsis según San Docente, de la necesidad de una Crítica de la Razón Docente, defendido la necesidad de exculpar a la Pedagogía, criticado los tópicos más o menos educativos o directamente criticado la actitud docente autoexculpatoria. Y puedo uno leer en su blog algunas ideas muy sensatas y otras que no comparto. Pero no es el momento de discutirlas ahora. Porque el motivo de esta carta es uno, y muy concreto, que paso a explicarle.

Me refiero a una idea suya, en sus propias palabras “un ejemplo extremo”, que comentó en la conferencia citada arriba, y que es la que sigue. Y le cito literalmente:

Para un niño gitano, por ejemplo, es un verdadero drama someterse a la autoridad de una mujer profesora. Es un drama. Porque en su familia, a lo mejor con doce años, está dándole órdenes a su madre, y no digamos a sus hermanas. Con esto no quiero decir que la profesora deba someterse a las órdenes del alumno. (…) Pero hay que ser consciente, la profesora debe ser consciente del tipo de problema que para ese alumno, por su cultura, etc, supone eso.

Ya sé que la frase, así, suelta, está fuera de contexto. Pero por más que vuelvo a escuchar ese contexto, no puedo más que no compartirla en absoluto. Y por si usted, o quien lea esta carta, quiere escucharla, con lo que dijo antes y después, la tiene en este vídeo a partir del momento en el que el contador marca 1:22:54. Me consta, Sr. Fernández Enguita, que le comentaron mi intervención en Twitter, cuando, indignado, pedí que alguien le trasladara que lo que usted había dicho no era así. Y escuché su respuesta, que tampoco me dejó nada satisfecho y que, literalmente, fue ésta:

Bueno. Hombre, vamos a ver. Yo no he trabajado ocho años con gitanos pero sí he trabajado con ocho cientos de gitanos. Lo he hecho mucho tiempo, sé de qué va y conozco su experiencia, sé cómo viven, cómo piensan y creo que sí es un drama. Con esto no quiero decir que lo sea para cien de cada cien gitanos. Al fin y al cabo hablamos de gitanos simplificando, cuando éstos están en un continuo que va desde los que se han “desgitanao” por así decirlo -que no es que sea ni bueno ni malo, pero lo han hecho- pasando por los que están plenamente incorporados manteniendo su cultura, hasta los que llegan. Es decir, gitanos procedentes de Rumanía, Portugal, etc, que mantienen los hábitos más tradicionales.

Y sí es un drama, sí es un drama. Como es un drama separarlos individualmente en grupos distintos simplemente por razón de su edad o es un drama llevarlos a centros que caen fuera de su territorio, etc. La razón de mencionar esto, aunque tuviera razón en lo que dice, no era discutir si es o no es un drama, sino sencillamente mencionar que el profesor tiene que saber qué es lo que tiene delante. Y que la acción enseñante, como cualquier otra, como cualquier acción social no solamente produce los efectos que queremos sino muchos que no queremos, muchos efectos perversos, no previstos. Esto venía a colación de si tenían o no tenían un problema los varones en la escuela y cómo cosas que estamos haciendo con un espíritu igualitario podrían tener otras consecuencias.

Aquí tiene usted, por si no quiere molestarse en buscarlas en el vídeo completo, su primera y su segunda intervención sobre el tema. Me ha facilitado la edición y hecho llegar el vídeo el genial Diego.

Creo, Sr. Fernández Enguita, que alguna experiencia tengo con gitanos, después de ocho cursos trabajando como profesor, y a día de hoy como director, aunque me quede poco, en un instituto con un alto porcentaje de alumnos gitanos. Alumnos que son vecinos del barrio de Las Tres Mil Viviendas de Sevilla desde hace tiempo o recién llegados de asentamientos de distintas partes de Andalucía y Europa. Por supuesto, mi experiencia, de a pie de aula, no es válida para realizar un estudio sociológico. Pero sí es, y mucho, contraria a la idea que usted expresó. Así que nos vemos en la contradicción de que su idea, en mi experiencia, no es cierta. O de que mi experiencia no cabe en su teoría. Y yo, mi experiencia no puedo cambiarla o revisarla.

No es cierto lo que usted dijo, aún entendiendo su argumento en el sentido de la necesidad de comprender las peculiaridades y características del alumnado, actitud que obviamente comparto. Pero es un desafortunadísimo ejemplo, Sr. Fernández Enguita. Y lo es porque es literalmente falso que se trate de ningún drama, expresión que usted reiteró varias veces. Niego la mayor: no es un drama para un alumno gitano someterse a la autoridad de una profesora. Tampoco lo es separarlos en grupos heterogéneos de ningún tipo. Me parece, Sr. Fernández Enguita, que ha caído usted, en este caso, en el tópico más lamentable. Y me extraña, y mucho, que alguien con su responsabilidad, y que parece haber estudiado en profundidad a los Alumnos gitanos en la escuela paya, haga tan alegremente este tipo de afirmaciones que tanto distan de la práctica cotidiana de aula y de la realidad de estos alumnos. Por supuesto, la idea suya de arriba tiene más miga, y me quedo con muchas dudas respecto a qué entiende usted por “someterse a la autoridad”. Pero esas dudas no invalidan lo que niego, ni hacen verdad la base de su idea: la presencia desde la infancia de elementos machistas en la cultura gitana que condicionan su comportamiento en la escuela convirtiendo en “dramática” la autoridad femenina que pueden suponer las docentes.

Los alumnos gitanos aceptan con naturalidad a las mujeres profesoras, y no supone ningún choque cultural dramático. Las aceptan si son jóvenes, mayores, simpáticas, menos simpáticas, rubias o morenas. Tengo, y he tenido estos años, muchos, muchos, una inmensa mayoría de alumnos gitanos que han querido, y mucho a sus maestras, que han aceptado lo que se les ha propuesto con absoluta indiferencia respecto a si se lo decía un profesor o una profesora.  Buena parte del mejor trabajo que he visto con alumnos gitanos lo han venido haciendo con ellos profesoras. Cualquier análisis serio, objetivo, no precipitado, numérico y estadístico, si usted quiere atendiendo a resultados, así lo demuestra. Y, le aseguro, no han vivido ningún drama. Otra cosa sería que habláramos de la autoestima de alumnas gitanas, de su reiteración de modelos culturales con escasas aspiraciones profesionales para la mujer, su sumisión psicológica, etc…

Porque, como usted sabrá mejor que yo, Sr. Fernández Enguita, todas las culturas y sociedades evolucionan. Quizás va siendo hora de que también lo hagan quienes las estudian. Seguir anclándolas, públicamente, en el tópico no es, precisamente, un ejercicio de responsabilidad educativa. Y, desde luego, es una injusticia hacia los alumnos gitanos. Es decir, que es mentira. No, no se trata de un ejemplo extremo, sino de un ejemplo falso. Por ello, le agradecería mucho que, si lo tiene a bien, reconsiderara su idea al respecto.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. El ejemplo de Enguita sobre los alumnso gitanos es falso… y el resto de lo que dice Enguita también..

  2. ¿El resto de lo que dice? ¿Todo el resto, Serenus? ¿Todo lo que dice es falso? Uf, no me ha dado tiempo de leerlo entero. Algunas cosas, como digo arriba, me parecen mejor, otras peor. Pero es muy complicado equivocarse en todo, tanto como acertar en todo. ¿No?
    ¡Salud!

  3. ¡Hola!

    Juanjo, del tema sé poco. Pero creo que la argumentación que usas es estupenda. No tanto (que sí) por la calidad de los argumentos, sino por tu tono. Hay mucho que aprender en lo que dices y cómo lo dices.

    Pero también en el cuestionamiento de la realidad que hace Mariano Fdez. Enguita me parece muy interesante. Que es un papel que tú mismo juegas con asiduidad y resulta enriquecedor. Provoca buenos argumentos, aunque alguna de las posiciones de partida sea errónea.

    En ese sentido, ojalá siga vuestro diálogo porque me gusta. Discrepar es una lección que muchos tenemos que aprender. Yo, por lo menos, sí.

  4. Ya sabes que él mismo dijo que vivía todavía en los años 80 en lo tecnológico, por eso las llamaba Nuevas Tecnologías… lo que me parece es que vive en los 80…. y no sólo en lo tecnológico.

    Qué cansancio de tópicos típicos, además generalizando de esas maneras.

    Saludos!!

  5. Gracias, José Luis. Ya has visto que enlazo arriba algunas entradas de este blog que concuerdan con planteamientos de Mariano Fdez. Enguita. El tono no puede ser otro. O no debe. Y gracias por dejarte caer por aquí.

    Diego, sin tu ayuda con el stream y con la edición del vídeo, además de mandármelo, esta entrada, y lo que me ha hecho pensar, no habría sido posible. Otra vez, muchísimas gracias, monstruo TIC 😉

  6. Carmen Cañabate

    Creo que lo acertado o no del ejemplo no le quita importancia al fondo de la cuestión:
    debemos de saber que está pasando en el contexto de nuestro alumnado para poder abordar de manera seria y profesional las dificultades que podamos tener en el aula
    De todas formas creo que es bueno que pusiera ese ejemplo y que haya generado este debate por la razón siguiente:
    No es tan sencillo conocer los contextos y debemos estar seguros de no dejarnos llevar por impresiones, generalizaciones, ideas preconcebidas, e incluso estudios más o menos científicos.
    ¡Una alumna es una alumna y un alumno es un alumno! y conocer lo que son y lo que ocurre y cual es su contexto requiere una labor seria de trabajo con la comunidad cercana, con la familia y de trabajo directo con ellos.
    Por eso y sin conocer en profundidad la cultura gitana me quedo con el razonamiento de Juanjo que creo que es experto en su contexto, pero me vale el razonamiento de Mariano en cuanto a la importancia de analizar lo que pasa en el aula en toda su profundidad.

  7. No es tan difícil equivocarse en todo. Si se tiene interés por conocer la realidad y contrastar con ella es muy difícil, pero si se parte de una concepción acerca de lo real que se pretende imponer a los otros, entonces es bastante fácil equivocarse en todo [Hitler se equivocaba en todo, Stalin y Mao también] . Mira, Juanjo, el señor Enguita queriendo ofender a los profesores te ha parecido que ofendía a los gitanos, y eso no te ha gustado. Pero sus argumentos son tan falaces si van dirigidos a los gitanos como si lo son contra los profesores

  8. No he oído al Señor Fernández Enguita, lo haré ahora pero a mí me ha ofendido a mí como mujer. ¿Quién es quien no reconoce la autoridad (que no el autoritarismo) de una mujer profesora el niño gitano o el señor Fernández Enguita y todos aquellos y aquellas que en el fondo no admiten que un profesor o una profesora puede ser bueno/a (hacer bien su trabajo, lo que incluyo conocer a su alumno o alumna en su contexto socioeconómico y cultural) independientemente de que sea hombre o mujer?

    En un centro de cuyo nombre no quiero acordarme, el otro día hubo un claustro vergonzoso y varios profesores faltaron el respeto a la directora y le gritaron y lo hacen porque es directorAAA (ni director) y no son gitanos.

    De momento eso, mi protesta enérgica por los prejuicios y valores machistas que subyacen a ese comentario según el cual para un niño gitano es un drama aceptar la autoridad de una profesora. Y digo prejuicios y valores machistas no del niño gitano sino de quienes dan por supuesto que el niño gitano no va a aceptar la autoridad de la profesora por ser profesorAAAAAA. Ahora, cuando escuche a este señor vuelvo.

    Un saludo, Montse.

  9. He escuchado hasta el minuto 41 del vídeo total, dice algunas cosas interesantes y otras no tanto. Como no llegaba la parte a la que se refiere este post, lo he dejado (lo escucharé mañana del todo, hoy me muero de sueño) y me he ido a la parte colgada en youtube. Y escuchado lo escuchado, añado dos cosas a lo anterior:

    1) El feminismo no es una cuestión de mujeres, sino de personas que quieren acabar con una situación de injusticia, el machismo, que perjudica a hombres y mujeres. Por lo tanto, lo de “las feministas” no me ha parecido adecuado, no sólo tiene un tufillo despectivo sino que además confunde feminismo con hembrismo.

    2) El machismo no es un rasgo cultural es una injusticia, hay que llamar a las cosas por su nombre. El machismo y la ablación de clítoris que algunos/as lo presentan como rasgos culturas no son cultura, son injusticia.

    Más saludos, Montse

  10. maría

    No dudo de la sapiencia del Sr. Fernández Enguita, no…seguro que tiene algún planteamiento interesante, pero como mujer; profesora con 30 años de experiencia; como jefa de estudios en un centro en Marruecos, en el que la mayoría del alumnado son marroquíes del género masculino, lo que cuenta me indigna profundamente… y, como dice Montse, me parece un comentario puramente machista. Imagino que este
    “experto” profesor universitario, en relación con chicos musulmanes y en Marruecos, opinaría, en el mejor de los casos, lo mismo. Que para mis chicos es un drama someterse a la autoridad de una mujer jefa de estudios… Pues se equivoca…salvo que considere autoridad igual a autoritarismo..y ni eso.. Porque, seamos hombres o mujeres, en nuestro contexto, el autoritarismo digo yo que debería estar erradicado… digo yo..que estamos enseñando y aprendiendo… Como no tendrá tiempo para leer mucho respecto a la autoridad,le sugiero que, para abreviar se vaya si quiere a la Wikipedia… Pero que no se invente historias que tanto daño hacen o pueden hacer a hombres y mujeres que estamos en la brecha, enseñando, aprendiendo de chicos y chicas que precisamente en esto no suelen hacer diferencias de género y que son capaces de asumir las responsabilidades que, en el ejercicio de nuestra “autoridad” como profesoras o jefa de estudios, tratamos de inculcarles. Eso sí, siempre desde el diálogo, la negociación, la comprensión, el cariño y la firmeza si fuera necesaria.
    Ayman, acordó conmigo que, en lugar de un expediente disciplinario que podría conducirle a una expulsión temporal, realizaría durante un tiempo un “servicio extra a la comunidad educativa”. “Profe, es demasiado para mí, me van a ver todos, pero si tú lo quieres, barreré todas las tardes el jardín…” Nos pusimos de acuerdo en intentarlo…Lleva una semana barriendo y ayer me confesó que está muy contento de haber aprendido a barrer y que sigue la próxima semana. No le he notado especialmente afectado, la verdad. Le preguntaré el lunes…puede que yo no haya sido consciente del problema o drama que le he generado, según este señor. Yo, la verdad, no tengo nada contra los pedagogos, ni los “expertos”, pero muchas veces pienso que, si se dieran una vuelta por las aulas y los centros…aunque, mejor pensado, que sigan a lo suyo…y nosotr@s, a lo nuestro.

  11. El tema es sin duda complejo, no creo que sea cosa de “someterse” a profesoras o profesores, cuando surge el drama es cuando se da uin choque de expectativas, en los dos sentidos, pero eso ocurre en familias gitanas y payas. Lo de la promoción de las alumnas gitanas me parece más dramático que el caso de sus compañeros varones, tengan profesores o profesoras, pues por mi experiencia cuesta más convencer a la familia y a la interesada de la necesidad de seguir estudiando (aunque hay excepciones, afortunadamente) incluso con buenas notas y ayudas. El machismo no se da en el aula, o no tanto, se da fuera y contra él hay que luchar

  12. luismiglesias

    He conocido a Juanjo, a través de su intervención en EABE09 y, visitando blogs de ponentes, y otros amig@s que he conocido en este magnífico encuentro, precisamente circulaba por Villa Juanjo, y el tema me ha parecido lo suficientemente serio como para dejar mi opinión.

    Vaya por delante, el respeto a la trayectoria del señor Fernández Enguita. Dios me libre de poner un pero, a su brillante curriculum. Ahora bien, esto no es motivo para que no pueda mostrar mi más rotundo rechazo a sus desafortunadas declaraciones en este encuentro.

    Trabajo en un Centro de Secundaria de Compensatoria en Andalucía. Tengo una “compañera” que trabaja con el tipo de alumnos en el que se “supone” está especializado este señor y nada, nada de lo que comenta en su ponencia, y que cita Juanjo, se produce en mi centro. Yo mismo, los tengo varias horas a la semana, integrados con el resto de compañeras alumnas de su unidad y nada, de nada, de lo que comenta este señor ocurre en mis clases.

    Yo creo que lo piensa Juanjo es: “a mi tú, que me vas a contá io” (entiéndase bien, y respetuosamente, esta frase con el lenguaje coloquial sevillano, andaluz”

    Pienso, que lo menos que debe hacer un especialista en una materia,es ESTAR ACTUALIZADO CON LO QUE SE MUEVE EN EL COTIDIANO, y más, en un tema tan delicado como este, y que especialmente el colectivo con el trabaja Juanjo a diario está viviendo en sus carnes, durmiendo debajo de un puente, a la intemperie, … con alumnos que no pueden ir a la escuela, ni tan siquiera recibir una ducha de agua caliente, …

    Un poco de cuidado, al menos, y sensibilidad al menos, aunque solo bastaría con estar actualizado, solo con eso tendría bastante.

  13. ¡Hola de nuevo!

    He mirado un poquito lo dicho y he oído la intervención. Me parece que el ejemplo es desafortunado, es verdad. Pero, personalmente, creo que también merece la pena centrar la discusión en la cuestión que suscitaba el ejemplo.

    Y por una razón.

    Porque el mensaje me parece totalmente correcto. El profesorado debe hacer una lectura de su aula, de los presupuestos no explícitos de los que parte su alumnado. A mí me gustaría hablar de eso también, en cuanto sea posible, en cuanto entendáis que ha quedado suficientemente claro que el ejemplo no era bueno. Porque Mariano Fernández Enguita formuló como tendencia básica algo que pudo vivir en su experiencia, pero que son casos. No es correcto dotar de la categoría de tendencia a casos inconexos.

    Y es verdad que no es que no fuera bueno. Es que era malo de remate. Por mi experiencia reciente, de 11 años en el Poniente almeriense, con ratios de inmigración entre el 25% y el 35% en mis últimos 5 años, caos análogos al comentado se dieron, aunque no constituyeron tendencia fundamental. El que no sean corriente de fondo nos permitía no tener que poner en marcha líneas de trabajo para atajar esa cuestión. No era necesario atender de forma genérica algo que no existía genéricamente. Pero el que se hubieran dado algunos casos, nos obligaba a estar atentos para tratarlos de forma individual, e impedir que se convirtieran en tendencia.

    En fin, que lo que quería decir, en sustancia, era que un mal ejemplo ha obligado a desviar la atención de algo de fondo, que creo que la merece: que el profesorado, en teoría, hacemos un análisis del bagaje que trae el alumnado para encontrar la manera de que se optimicen los aprendizajes, (incluidos los valores, por supuesto); y en la práctica eso pasa poquísimo, y es el alumno el que ha de esforzarse por adaptarse al sistema, por encajar.

    Por cierto. Que es curioso que quien pide, y con acierto, una lectura del bagaje que trae el alumnado al aula, luego haga esa lectura a base de estereotipos.

  14. Bueno, he llegado tarde. Fui yo quien hizo la pregunta cuya respuesta ha motivado tanta discrepancia. No sé cómo piensan los adolescentes gitanos porque no puedo juzgar por lo poco que conozco. He vivido experiencias en que compañeras se han quejado de que la reacción chulesca de algún chico (payo, no gitano) se debía a que era una mujer. Me consta que existe algo de verdad en ello, porque lo he vivido, aunque en el instituto en el que me muevo no creo que esté muy extendido.
    Entendí la parte de la respuesta de enguita que se refiere a los gitanos simplemente como un ejemplo para ilustrar su punto de vista sobre la feminización de la escuela. No quisiera malinterpretar sus palabras, ni las que escribió ni las que usó para contestarme. Me preocupaba lo que hacía algún tiempo había leído en una columna suya en el periódico Escuela, en la que daba a entender que los chicos lo pasaban peor en la escuela que las chicas debido a que las plantillas docentes se están feminizando y que en esta institución se transmiten valores poco masculinos. Me parecía poco correcto la suposición según la cual los valores masculinos son fuertes y autoritarios y los femeninos lo contrario. Asunto que hubiese provocado mi más absoluta discrepancia. Sin embargo, pude constatar que no iban por ahí los tiros.
    Un abrazo desde Almería.

  15. Bueno, bueno, ya me toca intervenir ¿no?

    En ningún momento he querido desviar la atención de nada, porque sería absurdo desviarla sobre el argumento que subyace al ejemplo erróneo. Eso está claro. Pero, como bien apuntáis algunos, efectivamente es muy curioso que se caiga en la generalización más falsa cuando se pretende defender la necesidad de conocimiento de las características del alumnado. Ahí sí veo un problema, un debate, algo que todos deberíamos analizar con tranquilidad. Que tenemos que tener cuidado con las generalizaciones, vamos. Que a ver si a base de querer comprender estamos metiendo en cajones a individuos que no deben estar allí, o a ver si estamos haciendo compartimentos falsos. No veo ofensa ni insulto en lo que propone Fernández Enguita. Veo error, y mayúsculo. Adaptar mal no es adaptar. Y quizás ahí esté el siguiente paso, en adaptar de verdad, y no partiendo de estereotipos. No concibo que lo que se dijo pueda decirse en un contexto educativo con tanta alegría. En buena medida, el ejemplo se vuelve contra sí mismo.

    Saludos a tod@s y muchísimas gracias. Me hacéis seguir aprendiendo una barbaridad.

  16. Sí, sí, exactamente es eso. El ejemplo contrario a lo que se quería transmitir. Si se apreciaba el mensaje era obligatorio combatir el ejemplo. No lo veo yo como un desvío, no, sino como un paso previo, forzado, para hablar de la necesidad de que la escuela se adapte al alumnado, y no a la inversa.

    Con los estereotipos como principales enemigos. Porque generan predicciones que se autocumplen. El alumnado es adiestrado, mediante estereotipos, a comportarse como se espera de ellos. Creo que esa es la cuestión de fondo.

    Y aquí se ha combatido un estereotipo. Que no es un desvío, para nada, de la argumentación de fondo.

  17. Lo has clavado, José Luis, era ése el fondo de la intención del post. ¡Gracias! 😉

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  20. Noelia

    Juanjo, yo quiero tener un director cómo tú, en el instituto dónde estoy. Me he leido varias cosas de las que has escrito y este post en concreto. Me gusta mucho cómo escribes y pienso lo mismo que tú. Aunque, yo pienso que el Sr. Enguita, se ha equivocado en más cosas que acertado en otras, en algunos aspectos como en el feminismo deberia conocer más ese tema, para poder hablar de ello. Pero bueno, cada uno con su opinión, claro, pero yo te apoyo a ti. Pienso que aunque tengan su cultura, deberian adaptarse a las circunstancias, y no porque en su cultura la mujer se la vea como a un ser subordinado al hombre, debe la profesora subordinarse al alumno, simplemente porque en su cultura es así. Debe ser el alumno, el que se adapte a la profesora, ya que le debe un respeto por el simple hecho de ser su profesora, aunque sea tan persona como el alumno. Y estoy segura, de que cuando se le enseñe al alumno el porque del tener que adaptarse a ella y a su cultura y la de su colegio, el alumno entenderia que debe ser así, aunque hay que decir que puede haber casos en los que el alumno, posiblemente no sea capaz de entenderlo a causa de lo que pueda haber en su dia a dia en casa.

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  22. patri

    Hola,
    yo he trabajado con gitanos y con otros grupos deprimidos y marginados y siempre me es muy duro la discriminación que sufro por ser mujer. Estoy de acuerdo con mariano Fernández. Es así de real y duro.

  23. Fernando

    Lo que es un auténtico drama es que todavía en el siglo XXI se le de credibilidad a las ocurrencias de cualquier persona sin aportar ni una sola evidencia científica que sustente tal gravísima afirmación. Le invito señor Enguita a que muestre los resultados de esa investigación que le ha ayudado a elaborar esa teoría sobre nosotros, los gitanos. Es más, le invitó a que comparta con nosotros la totalidad de su investigación: su metodología, sus evaluación, las técnicas de obtención de la información…
    Basta ya de escuchar y creer a personas que utilizan en su discurso yo creo, yo pienso, me imagino…

    No cree, Sr. Enguita, que ¿ya nos han hecho bastante daño?
    Como Catedrático debería demostrarnos que el mundo universitario se encarga de generar conocimiento de otro modo, no meramente interpretando comportamientos, y mucho menos convirtiendo la interpretación del comportamiento de un grupo en la única forma de comportamiento de todo un pueblo.

    Sólo puedo sentirme avergonzado e indignado. ¡Como gitano y como futuro docente universitario!

    Qué fácil es generalizar, bromear e incluso frivolizar sobre los gitanos.

    Sólo decirle, Sr. Enguita, que debería de plantearse como Sociólogo compartir y contrastar con nosotros, los gitanos, sus teorías. Quizás conseguiría una pizca más de acierto y ¿quién sabe? Igual un payo aprende algo de un Gitano.

    Muchas Gracias

  24. Josué

    He estado 15 años trabajando de maestro en una escuela de Badalona con un elevado porcentaje de alumnos y alumnas de etnia gitana. Mi conclusión expresada en pocas palabras es que podemos hablar de personas (como especie, no como raza). Se ma hace muy dificil clasificar a las personas en razas, más que muy dificil, imposible.

    Los análisis que se hacen sobre grupos étnicos creo que tienen un problema de base que és hacer un estudio a partir de una clasificación imposible, ¿alguien me puede definir el concepto de raza gitana? ¿se puede hacer por el color de la piel?, ¿por las costumbres?, ¿por los apellidos? ¿por el poder adquisitivo de la família?.

    Resulta común admitir que Obama es negro (para ser considerado blanco debreía ser puro, de lo contrario es negro, aunque su madre sea considerada blanca y su padre negro) El primer presidente de EEUU negro resulta que es 50% negro y 50% blanco pero se admite que es negro.

    Entre las personas cosideradas gitanas hay muchísimas diferencias, en color de piel, costumbres, poder adquisitivo, etc.

    Meter a tod@s en un mismo saco para hacer un estudio y sacar conclusiones generales me parece una barbaridad.

    ¿Y si hacen un estudio sobre alumnos morenos y rubios? o los clasificamos en función del peso o de la velocidad en carrera y luego generalizamos las conclusiones a todo un grupo.

    El resultado de estos estudios es que no se corresponden con la realidad, pero estadísticamente quedan muy bien y sirven a quien lo ha hecho para ir explicando sus conclusiones y convencer a mucha gente que no ha vivido la realidad estudiada.

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