“La pedagogía no tiene la culpa”

Me ha parecido interesante, interesantísimo, y muy sensato y necesario el fantástico artículo de Ana Benito Martín titulado La pedagogía no tiene la culpa: un análisis de los problemas de la educación en España (En PDF completo aquí). No puedo dejar de citar su Introducción:

El «malestar docente» parece haberse convertido en un movimiento de rechazo a la Pedagogía. Este fenómeno está representado con eficiencia en el Panfleto Antipedagógico, que está recibiendo apoyo de un sector de profesores e intelectuales. Los reiterados comentarios en los medios de comunicación en contra de la pedagogía y de la situación de la educación.parece que han dado lugar a un movimiento en contra de la pedagogía caracterizado por:
■ Un rechazo a ciertos «principios pedagógicos» inexactos, pero que parecen haberse asumido a fuerza de repetirlos como «no se puede aprender de memoria»; «los alumnos no tienen que esforzase»; «hay que rebajar el nivel» o «igualar por abajo».
■ Rechazo a la escuela comprensiva como un sistema de garantía de fracaso.
■ Creencia en la necesidad de restaurar la autoridad en el aula.
■ Menosprecio a la formación pedagógica.
Este ensayo trata de aclarar como los Mitos de la Logse (Benavente Barreda, 2001) son más bien «leyendas urbanas» que realidades de la pedagogía. Además, trata de esbozar posibles razones del «fracaso» de la escuela comprensiva en España. Puesto que la escuela comprensiva hasta los 16 años en otros países, en especial en Finlandia, ha sido aplicada con excelentes resultados (Finish PISA Team, 2002), el fracaso no se
debe atribuir al sistema compresivo en sí mismo, sino a otros factores entre los que se pueden incluir: factores sociopolíticos y económicos, corta tradición democrática, insuficiente inversión en educación o una deficiente formación pedagógica del estamento educativo.

…Y es que mucho se echa de menos, mucho en este momento tan necesario, un debate educativo riguroso sobre la teoría educativa, serio, apartado del “conocimiento indígena” que Ana Benito cita en el artículo. Poco, muy poco se debate seriamente al margen de tópicos de todo tipo, de la creencia en no sé qué autoridad perdida, del llanto por supuestas faltas de colaboraciones de todo tipo. Muy poco vamos a avanzar si no asumimos responsabilidades y nos centramos, de verdad, en el meollo de la teoría educativa, como un requisito imprescindible para una profesión como la nuestra, tan afortunadamente sujeta a cambios. Lo dicho, interesantísimo el artículo de Ana de Benito.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Juanjo, lo leeré con atención, porque tus recomendaciones siempre me parecen muy acertadas, gracias (sigo recomendado por ahí “La clase dividida” a todo el que se pone a tiro, jejeje). He leido tu post “Una isla y algunos balones” fuera y me parece muy muy acertado, estoy contigo, una gran parte del problema somos nosotros, es indudable.
    Un fuerte abrazo.

  2. Hola, Un profesor cualquiera. Espero que te sirva y gracias por las recomendaciones y la confianza. Ya me contarás cuando lo leas, que no tiene desperdicio.

    Un abrazo.

  3. “Corta tradición democrática”; ya estamos repartiendo carnets de demócratas.

    Sólo estoy de acuerdo con Ana Benito en una cosa: no es culpa de la pedagogía; es culpa de determinada pedagogía que se ha querido única, comprensiva, santo y seña de la democracia, excluyente…

    Como profesor no renuncio a la reflexión pedagógica. Pero hay pedagogía más allá de la Logse. Y, es hora que sus artífices reconozcan ya que la logse no ha sido una buena ley educativa. Ese negacionismo… ya está bien.

  4. Serenus, los pocos años de nuestra democracia es un dato objetivo, difícilmente cuestionable, que nada tiene que ver con carnets de ningún color.

    Y tan poco única ha sido esa pedagogía que prácticamente, en la realidad de las aulas, no se ha dado. Efectivamente hay más pedagogía más allá de la LOGSE que, te digo claramente, era una fantástica ley que no se cumplió por un boicot docente mayoritario, por poco entendimiento real de la misma o por oposición directa.

    No veo negacionismo alguno. Uno por uno, discuto los artículos de la LOGSE que quieras. Y encantado.

    Gracias por tu comentario.

    Saludos.

  5. Martín Núñez

    Te sigo leyendo y leeré completo el artículo que propones. Pero me quedo con algo que señalas y creo que hay que decir más alto, “…nos centramos, de verdad, en el meollo de la teoría educativa, como un requisito imprescindible para una profesión como la nuestra, TAN AFORTUNADAMENTE SUJETA A CAMBIOS…”.
    Me acuerdo de mi pobre Heráclito, y aquél río cambiante. ¡¡Que poco aprendemos y cuanto queremos enseñar¡¡.

  6. Impartí por voluntad propia cursos en Reforma Logse cuando aún estaba en fase experimental en el año 90-91 y 91-92. Y pudé observar de forma muy cercana el tema de la comprensividad, la hostilidad al “sistema tradicional, a los “bustos parlantes”… pude ver como los centros se convertían al catecismo logse y la reforma.. y las prebendas de la conversión. He visto nacer -estuve ayudando en el parto- y crecer al niño, Juanjo.

    Y me sorprendo cuando casi 20 años después veo a mi alrededor “físico” manifestarse el fervor…

    ¿Qué ha aportado toda esa supuesta “pedagogía oficial” a la mejora del sistema educativo, qué ha aportado a alumnos, a profesores… ?

    Poco, menos y malo

  7. Toñi

    Yo hice las prácticas en un centro con la reforma en el ciclo superior. El profesorado que impartía clases en ese ciclo era estupendo, muy trabajador pero existía un constante boicot del resto que “ni hacían ni dejaban hacer”. El claustro estaba realmente dividido. Era una pena.
    Yo he constatado al cabo de los años que lo que está escrito en las leyes y lo que ocurre en las clases son realidades distintas. Los cambios no se dan o son demasiado lentos, por desgracia.
    Un saludo

  8. Estoy de acuerdo con el artículo, es cierto que muchos pedagogos hablan sin haber dado jamás una clase y proponen soluciones idílicas pero en general la pedagogía es una ayuda fundamental a la hora de impartir clase y no toda es lo mismo, no vale abusar de tópicos y deformaciones para caricaturizar, por ejemplo a los “pa-ki-stanís” de los institutos

  9. Echar la culpa a los pedagogos y la pedagogía se ha convertido en un huida “hacia atrás”. ¿Para qué sirve la tan reclamada autonomía de centro y la ardorosa defensa “libertad de catedra”? Hay que utilizar el margen de maniobra para poder adaptarse a retos y situaciones nuevas.

  10. josepo

    Los pedagogos deciden que deben hacer los profesores, es como si alguien que no ha entrado en un quirófano decidiera los pasos que el cirujano ha de dar en una operación a corazón abierto, o como cuando los curas se permiten pontificar sobre el matrimonio. Claro, y si algo no funciona es porque los “mandados” no saben, no quieren o algo así.
    Encima la ciencia “pedagógica” parece ser que es algo independiente de la realidad -algo así he entendido de lo que dice la articulista- y añade que los profes no pueden opinar -vamos que no es la miel para el asno, verdad?-.

  11. josepo

    A lo mejor, tal como ella misma parece concluir, esas teorías eran inaplicables -no me extraña, tal era su perfección divina que a nivel terrestre se “ensuciaran”- por varios motivos, por supuesto siempre ajenos a los pedagogos.
    Sin embargo la prueba del nueve de que eran válidas las teorías es Finlandia. En España, eso con el nivelazo pedagógico que tenemos, pues como que ni los alumnos, ni los padres, ni los profes damos la talla. Claro que si una teoría pedagógica no tiene en cuenta el contexto social en el que se va a aplicar pues apaga y vamonos… a Finlandia, por supuesto.

  12. josepo

    Dice en el artículo: “los profesores, que son los que conocen y sufren estas dificultades, no
    van a ser interlocutores válidos mientras no estén preparados para hablar de educación
    con un conocimiento sólido de la teoría educativa,usando un discurso apropiado y no recurriendo
    a lo que Horn (2002) denominó conocimiento indígena (traducción del inglés
    indigenous knowledge), que es el que se adquiere como resultado de la experiencia.” A eso me refería con lo de la miel y el asno. Se podría dar la vuelta al argumento y decir: pedagogos no ser interlocutores válidos si no poner pie a tierra y no tener “conocimiento” de los sioux de la pradera.

  13. josepo

    Es la primera vez que participo en tu blog, que suelo leer a menudo porque me parece interesante -aunque a veces discrepe- y espero que no te haya molestado lo que he escrito. Pero es que a mí ese artículo no me ha gustado.
    Un saludo, y gracias por ceder este espacio abierto de participación.

  14. Dudando entre comentar y postear, porque el tema da para un CIO, he leído el artículo y creo que da una visión sintética bastante clara de ciertas causas de nuestro “problema educativo”. Pero yo me centraría en la última, la formación (y añadiría otros factores, como la selección, incentivación y valoración) del profesorado. Bastaría fijarse en el modelo finlandés para apreciar las diferencias. No se pueden hacer reformas pedagógicas válidas sin que el personal esté formado en esa pedagogía. Pero es que además me parece que este modelo pedagógico no ha llegado ni a nuestras universidades, donde se forman en teoría los docentes. Y más aún, se sigue accediendo acreditando casi exclusivamente conocimientos teóricos en las materias específicas, no en su pedagogía. Y si a eso no se suma un cambio de estructuras democráticas, económicas y de método que permitan esa reforma… se condena al profesorado y al alumnado al fracaso. Y a nadie le gusta fracasar. Saludos.

  15. ¿Heráclito, Martín? No se puede hablar dos veces del mismo Heráclito 😉 Jamás he entendio el permanente cambio como algo intrínsecamente negativo, ni permanecer ajeno a la realidad, lamentando la pérdida de un supuesto paraíso docente, que ni mucho menos era tan paradisíaco. ¿Qué porcentaje de la población se escolarizaba antes de la LOGSE? ¿Hasta qué edad? ¿Cuánto inglés, por ejemplo, nos enseñaron a base de gramática y cuando llegábamos a Londres sólo sabíamos decir “present perfect”?

    Serenus, insisto con total convencimiento en que la LOGSE no se entendió o no se quiso entender. Por supuesto, no se trata de discutir sobre ella en general, que poco nos serviría a estas alturas. No coincido contigo en que haya aportado poco esa pedagogía, que de oficial tiene poco porque poco se ha puesto en práctica. Miro a mi alrededor y veo centros reaccionarios que van cada vez a mayores desastres de todo tipo, y otros mas comprensivos que mejoran día a día. No es una receta, sino un camino, ideológico si quieres, pero a mí me parece también más solidario, lo que no es poco, y también más científico. Se han hecho interpretaciones erróneas de esa pedagogía, como señala el artículo que comento.

    Toñi, coincido totalmente contigo, un abismo de las leyes al aula. En muchos centros que veo se cometen ilegalidades flagrantes, y no pasa nada. Lamentabilísimamente el coto privado de una mal entendida “libertad de cátedra” y no sé qué rollos sectarios que se defienden con uñas y dientes frente a lo que consideran intromisiones. Pena me da.

    Miguel, ya ves lo que le digo a Toñi. Totalmente de acuerdo. Y hay margen de maniobra, y mucho, aunque algunos no lo crean.

    Josepo, por supuesto que no han molestado tus comentarios. Al revés, se agradecen y mucho. Bienvenida sea, como en tu caso y el de Serenus, la discrepancia. Me has recordado una entrada de este blog en la que hablábamos de Pedagogía y natación ¿Quién no da la talla, Josepo? No creo que se trate de dar la talla, sino de adoptar de una vez una actitud seria, menos destructiva y de queja, y más constructiva. Lo del “conocimiento indígena” no es que yo lo suscriba, es que me dan ganas de ponerlo en negritas y mayúsculas. Eso no significa que no sea respetable, que por supuesto lo es, sino que no es riguroso. ¿Cuántos profesores de verdad conoces que estén al día, mínimamente, en metodología educativa, sea a nivel teórico o práctico? O volvemos al trivium y resulta que va a ser el único trabajo en el que actuar como hace siglos sigue siendo válido. O peor aún, como señala el artículo, nos dedicamos a pensar que todo esto es un arte guiado por intuiciones. Sigo diciendo, después de releerlo varias veces, que me parece un artículo muy sensato y centrado, y creo que ayuda a otra mirada. Aunque entiendo algunas de vuestras oposiciones, no las comparto.

    Saludos y gracias por vuestros comentarios.

  16. ¿Se puede hacer una afirmación más soberbia que la que hace Ana Benito respecto a las validez del profesorado como interlocutor? A mí no me sorprende esa soberbia -por otra parte pura fatuidad-, pero me entristece que los propios profesores le aplaudan la idea.

    Y desde luego con Josepo prefiero la jerga india y el vino de las tabernas -del que hablaba Antonio Machado-
    a la jerga pringosa de archisílabos de los “expertos educativos” y sus licores amodorrantes.

  17. Lola

    Hola a todos. Intentaré ser breve.
    En educación no hay recetas. No existe una ley que pueda resolver todos los problemas que nos encontramos en las aulas. Tampoco creo que haya leyes absolutamente malas, de todas ellas hay algo rescatable. Lo que creo es que somos una empresa muy peculiar, y que con las circunstancias que tenemos (entre otras que no somos una de esas empresas en las que los empleados acatan los protocolos sin discutir o pierden el empleo) no hay una sola ley de educación que tenga futuro sin contar con el apoyo de los profesores, de quienes tienen que aplicarla.
    Y sea la ley como sea, siempre habrá profesores que encuentren ideas, estrategias, aplicables y útiles, y otros que permanecen imperturbables a cuantas leyes les vengan encima. Recuerdo con la Logse, cuando se hablaba de la atención a la diveridad, oir a unos profes decir que eso se había hecho siempre, y a otros que eso era imposible de hacer.
    Lo cierto es que si el profesorado no ve la utilidad, el provecho,el beneficio de hacer las cosas de otro modo, o de introducir cambios en su metodología, no lo hará, (algunos ni viendo eso cambian algo) y, además, a ninguna administración le importará mucho lo que haga o no. Lo estamos viendo con las nuevas tecnologías, las TIC.
    En cuanto a la pedagogía, puede prestar mucha ayuda y arrojar mucha luz en ocasiones, debe ser una herramienta al servicio de los especialistas, de los profesores y no debe ser vista de otro modo, porque perdería de vista su objetivo: intervenir para mejorar la práctica docente. ¿O es otro?

  18. No veo soberbia, Serenus, te aseguro que leo ganas de mejora y de situar las cosas en su sitio con rigor, nada más y nada menos.

    Lola, totalmente de acuerdo, somos una “empresa” peculiarísima, la única que puede sobrevivir a base de intuiciones personales, al margen del cambio, queriendo recetar lo mismo siglo tras siglo y para todos lo mismo. Una pena. Pero lo mejor de todo es que hay ejemplos de éxito con esa pedagogía, le pese a quién le pese.

    Gracias a los dos por vuestros comentarios.

  19. Juanjo, a mí se me va el debate por la lírica… Y me acuerdo con Lorca, que me metió el veneno de la poesía y a lo mejor hasta de la pedagogía…

    Que yo no tengo la culpa,
    que la culpa es de la tierra
    y de ese olor que te sale
    de los pechos y las trenzas.

    Ay con Bodas de sangre…

  20. Me causa asombro, estupor quizás, la postura complaciente ante lo que no puedo dejar de considerar un artículo falaz. Más quizás teniendo en cuenta que no corren buenos tiempos ni para la asignatura que algunos de los contertulios impartimos (Filosofía) ni para la marcha general de los alumnos a los que damos clase (por ejemplo, en Andalucía el fracaso escolar, según el INE, es del 34 %, uno de los más altos del país). He seguido con atención, gracias a los colegas de APIA, las triquiñuelas de la Junta para meter en nómina (en nómina pesebrera) a los alumnos de bachillerato y a los profesores que quisieran maquillar a la enfermita. ¡Casi logran tener a sueldo a gran parte de la población estudiantil ya a tan tierna edad! ¡Menos mal que les salvó la crisis! No parece estar el horno para muchos bollos, y mucho menos si los bollos nos vienen con este tufo rancio que destila el artículo de doña Ana de Benito.
    Pero a lo que iba. El mismo título ya nos engaña: “La pedagogía no tiene la culpa: un análisis de los problemas de la educación en España”.
    Primero: “La pedagogía no tiene la culpa”. Por supuesto, como la física tampoco tiene la culpa de la bomba atómica. ¿Quién es el cretino que le echa la culpa a la “pedagogía”? ¿O tal vez se está diciendo que somos unos cretinos por echarle la culpa a algo que no puede tener culpa? En todo caso, quien tendrá la culpa será el pedagogo que sostiene esa pedagogía desde su Facultad, o el Legislador que estimula y aplaude al pedagogo (y le pone a dirigir algo), o el burócrata que copia al dictado al pedagogo, o el pedagogo que le insufla esa pedagogía a un futuro profesor cuando hace el C.A.P., o los cuarenta pedagogos por Centro que llevan decenios predicando esa pedagogía en los Institutos desde el Departamento de Orientación… Pero no. Independientemente de que doña Ana no vea esto, la diferencia entre la pedagogía y los pedagogos, ella ya tiene desde el principio culpable: es el profesorado que por ignorante de la “pedagogía” veraz, indiscutible y evidente (la cognitiva, según ella) o por maligno (por ser de la antigua usanza, según el tópico reinante, ese fantasma franquista, enjuto y seco, que se montaron para colar el mito) no ha logrado alcanzar los grandes logros pedagógicos que pronosticaba el cognitivismo (el triunfo de la “escuela comprensiva” –vaya basura de traducción del término “comprehensive”–) como sí, por otra parte, lo han logrado los adalides de la pedagogía gloriosa, esto es, los finlandeses esos de los que empieza uno a estar un poco harto por su tanta perfección (una clase de gitanazos les daba yo a los finlandeses, o más de 8 millones de alumnos de su padre y de su madre como aquí, esto es, 3 millones más que la población total de su país –¡menudas comparaciones! ¡qué científicas!–). Por supuesto, la autora apunta otras causas del deterioro: factores sociopolíticos y económicos, corta tradición democrática, insuficiente
    inversión en educación… Vamos, los socorridos lugares comunes de siempre. Los que puede apuntar no ya un investigador en Texas, sino cualquier enlace sindical que te visite en el Instituto la semana antes de una de sus huelgas contra la Espe y en defensa de la enseñanza pública. Como no entiende la autora que en estos factores haya viso alguno de culpabilidad, pues ni les hace caso, con lo cual…
    Segundo: El presunto análisis de los problemas de la educación en España queda reducido al análisis de lo único que parece ser culpable, el profesorado (estamento educativo, nos llama, ¡toma ya!) que se caracteriza por su “deficiente formación pedagógica” (en este momento algunos de los que han leído el artículo, y que lo han alabado, se estarían dando golpes en el pecho y exclamando. “mea culpa!, mea culpa!”, por lo que he podido ver en sus manifestaciones de remordimiento y propósito de la enmienda).
    Resulta que la pedagogía de la que habla la autora y que según ella el docente desconoce, es pura pedagogía política, pura ideología reflejada en la Ley. Al docente no se le ha propuesto como algo que tenga que conocer y que ataña a la didáctica de sus clases sino que se le ha impuesto, sin consenso (puro rodillo socialista, les hicimos la huelga más larga que se recuerda y que los recientemente llegados a la profesión ni se atreverían a imaginar por el bien de sus hipotecas) sin escuchar ni un ápice de lo que algunos profesores en aquellos tiempos, con tanta o más formación en pedagogía política de la que tenía el Pedagogo-Legislador, venían a expresarle primero con el mayor de los respetos y después con la mala leche que se nos puso cuando descubrimos que la presunta “comunidad democrática educativa” no era más que, como cabía esperar de término tan siniestro –al fin y al cabo casi todo viene de los jesuitas–, una noción hueca para contentar a los advenedizos.
    Todo lo que ha mencionado doña Ana que desconocemos o rechazamos o malinterpretamos está en la Ley y se cumple a rajatabla. Cualquier aportación bien fundamentada que sostuviera la necesidad de otra cosa: de adelantar la formación profesional y dignificarla de verdad –la LOGSE se la cargó– (¿de dónde se sacan los pedagogos políticos que la formación profesional no es también académica y que no ofrece al alumno una posibilidad de enseñanza tan digna o más que la puñetera E.S.O.?), de resucitar el bachillerato (que la LOGSE convirtió en un guiñapo), de hacer responsable al alumno de su propio estudio y no ofrecerle un menú de tísico suponiendo que sus estados –previos, sociales, afectivos, etc– son determinantes y se trata de acomodar la enseñanza a ellos, en lugar de que él haga el esfuerzo de superarse y crecer (¡el determinismo pútrido de los pedagogos políticos para los hijos de los demás, que a los suyos les llevan al Instituto Francés a que les den caña!), todo eso y mucho más que se ha dicho por doquiera –en el Panfleto Antipedagógico panfletariamente y en otros muchos estudios más rigurosos que doña Ana podría haber consultado en lugar de irse directamente a lo escandaloso– se lo han pasado nuestros próceres por el arco del triunfo, a pesar de que su pedagogía política, tan simple y tan cutre que sólo pendula entre los dos modelos decimonónicos que apunta la autora (el conductismo y el cognitivismo), hiede a naftalina y caspa más que el anciano malvestido, enjuto y seco, y no ha dado más que miseria. Y muchos tontos impunes que es, a la postre, lo que quiere conseguir (Véase una pequeña aportación mía, con toda la humildad: http://desdelacavernadeplaton.blogspot.com/2008/11/el-tonto-impune-hacia-un-nuevo-thos.html)
    Seguir diciendo que la LOGSE, a pesar de todo, es una Gran Ley es como seguir mentando la soga en la casa del ahorcado. Una ordinariez.
    P.D.: Si alguno piensa que se trataba más bien de hablar de didáctica de nuestras asignaturas en lugar de tratar de pedagogía política, decirle que la pedagoga de doña Ana no debiera tirar por ahí, y que a este respecto, la didáctica de nuestras asignaturas, doña Aña lo que tiene que hacer es callarse y ocuparse de lo suyo, porque en ese territorio, el de nosotros los indígenas, ella no es más que una turista despistada. Y como no se espabile, nos la comemos.
    Perdón por la extensión. Los filósofos que, además de indígenas de Grecia, somos de un pesado…

  21. Athini Glaucopis

    Si alguien me asegura que ha descubierto la piedra filosofal y que es capaz de convertir las piedras en oro, yo le creeré de inmediato tan pronto como me dé oro en abundancia. Si alguien me asegura que dispone de una serie de procedimientos maravillosos para dar clases, capaces de motivar a los alumnos, dar al desarrollo de la materia el ritmo adecuado, etcétera, etcétera, etcétera…, yo lo creeré cuando vea que todo esto lo hace en sus clases.

    Pero quienes sufrimos el CAP, vimos que los pedagogos daban unas clases deplorables, eran incapaces de hacer una planificación de estudios sensata, no nos motivaban lo más mínimo…

    Ellos saben bien que son incapaces de dar lo que prometen…, por eso recurren directamente a la imposición: no se esfuerzan por “motivar” a los profesores, prefieren convencer a los legisladores.

  22. Ya decía yo que este tema da para mucho… y es que aquí en cuanto se mencionan culpas, desaparecen penas y remordimientos, reaparecen agravios y cavernas.

    Escribía yo hoy en un correo: “…en este país
    No hace falta aprender a enseñar. Basta una buena gramática, experiencia, amor por lo que se enseña, un estilo propio y una personalidad carismática…”

    Y terminaba: “…Podríamos aplicarlo al resto de las profesiones en este país: No hace falta aprender. Basta experiencia, carisma y un estilo propio.

    ¿Qué pensarán en Finlandia? ”

    Gracias, Gemma… quizás la culpa sea de la tierra…

  23. Es curioso… a los docentes en Grecia se les llamaba… pedagogos. Léase la anécdota de Pericles. O el artículo entero, que merece la pena: http://blog.laopiniondemalaga.es/eladarve/2009/02/07/ser-docente/

    Salud(os).

  24. Antonia

    Hay que mirar con cuidado eso de la “corta tradición democrática” como uno de los problemas de nuestro sistema educativo. Lo cierto es que las Facultades de Pedagogía de nuestro país y el entusiasmo por los pedagogos son, precisamente, una herencia del Franquismo tardío: ¿Ya nadie se acuerda de aquel ministro que dijo lo de “más deporte y menos latín”? Es el mismo que le dio el gran ataque al sistema educativo tradicional y entregó a los pedagogos la “fontanería” del sistema educativo.

    El origen franquista de las escuelas pedagógicas españolas se revela especialmente bien en su “modus operandi” típico: se impone por decreto el entusiasmo (ya dijo Malaparte que lo característico del fascismo es que “todo lo que no está prohibido es obligatorio”).

  25. Ana

    Yo propongo que pongan una cámara en cada aula y creo que disminuirían los casos de acoso en cualquier sentido y bajaría el fracaso escolar. ¿Qué os parece? Mejoraría la situación sin tener que cambiar de ley. Todo sería transparente para todos los miembros de la comunidad educativa.

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  28. …aunque creo que ya es demasiado tarde…

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