Carta abierta los que me llaman ocultando su número

Estimados señores que me llaman ocultando su número de teléfono:

No me refiero a ustedes, señores teleoperadores, sino a vosotros, sus jefes, directores de esas empresas, últimos responsables de esas llamadas.

Y me dirijo a vosotros aquí, públicamente, para agradeceros vuestra enorme preocupación por mi alimentación y ubicación. Sí, sé que me llamáis por teléfono puntualmente a la hora, minutos y segundos, justo en el instante de empezar a almorzar porque queréis recordarme que lo haga. Pobre de mí, que sin esas llamadas cualquier día olvidaría comer y moriría sin sonido que me alertara de la necesidad de ingerir algo. Os lo agradezco infinitamente. Cualquier día, como los perros esos que sabréis, yo también empezaré a salivar al reclamo del teléfono.

Como también guardo en mi corazón vuestra preocupación por saber si estoy ya en casa y por mi bienestar espiritual. Justo en el instante de abrir la puerta, inquietos como estáis por saber mi paradero, suena el inalámbrico que me recuerda que hay alguien desconocido y anónimo, secreto u oculto, que quiere saber que estoy bien, y en casa. ¡Y esas muestras de cariño! ¡Cómo se multiplican a lo largo de una tarde! ¡Qué detallistas! No sabéis bien lo que me alegra que me llaméis hasta veinte veces en tres horas. Y si no estoy en casa, no os desanima nada: me llamáis al móvil. He abrazado varias religiones y técnicas de relajación gracias a vuestra amable insistencia. Sólo por vosotros he llegado a levitar y a alcanzar elevadísimos estados espirituales. Quiero que sepáis, con todo mi cariño, que no cojo el teléfono casi nunca porque quiero probar si de verdad me queréis, si tanto os intereso, y si mi espíritu está o no preparado. Nunca me defraudáis. Nunca.

También quiero agradeceros, de todo corazón, que os intereséis, alguna vez que he levantado el auricular, por mis ahorros, conexión a internet, cuántos somos en casa, si cocino o como todo crudo, cuántas tarjetas tengo, qué pienso de los trenes, si he pisado alguna vez un cangrejo o si me gusta algún ayuntamiento. Sí, sois geniales. Geniales porque yo estoy siempre deseando revelarle toda mi intimidad a desconocidos anónimos por teléfono, a personas que nunca se identifican y que, interrogadas a la inversa rehuyen toda respuesta. A veces, cuando no me habéis llamado, casi salgo corriendo la calle a contarle toda mi vida al primer transeúnte que encontrase. Ganas me dan, también, de facilitar en este blog el número y PIN de mi tarjeta, fotocopiar mi firma y DNI y tirar las fotocopias desde un avión o repartir copias de las llaves de mi casa. Y si no lo hago es porque vosotros siempre estáis ahí.

Ahora que se acercan las fechas navideñas, y vuestro cariño hacia mi persona se multiplica cada día, quiero haceros este pequeño homenaje, lamentando mucho no poder dar, como debería, vuestros nombres y apellidos. Sí, es una pena que sean secretos u ocultos.

Atentamente, Juanjo Muñoz. (Mi número de teléfono ya lo sabéis).

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Buenísima carta! Podríamos firmarla muchos, son una verdadera peste estas llamadas ..
    Saludos!

  2. Martín Núñez

    ¡¡Qué bueno que estés de vuelta!!. Me alegro.
    En cuanto a esas llamadas y esos “llamadores”, por cierto, casi todos/as con un acento concreto de allende los mares, son, creo, un producto más de esta sociedad de consumo, que ahora en la “crisis”, está intentando que su autoestima no se vaya al cuerno.

  3. ¡¡JA, JA, JA!! ¡Cuánto se parece esta carta a la conversación que mantuvimos ayer mi marido y yo tras una llamada “amable”! ¿Estamos en época de promociones?

    Y esas palabras prohibidas de los teleoperadores: “gracias”, “disculpas”, “lo siento”… También deben prohibir la simple función fática: “Ahá”, “Uhum”… (sonrisa telefónica). O las despedidas, inexistentes, ante las más firmes objeciones .

  4. Anda! Por mi también se preocupan 20 veces al día. Me reconforta saber que comparten su amor con más personas y no solo conmigo.

  5. Lu

    Número oculto, sí, pero identidad clara.
    Todos sabemos quienes nos llaman: teleoperadores, agentes inmobiliarios, vendedores de aspiradoras…

    El Gran Hermano de la crisis expande sus tentáculos. Quiere saber cómo nos conectamos, a qué velocidad…

    ¡Cuidado, nos invaden!

  6. far

    mmmm, hoy hay que tener paciencia o descolgar los teléfonos; los días festivos son sus preferidos. No tienen escrúpulos, xD.

  7. Hola Juanjo. Ya ves que sigo leyendo tus comentarios. Me ha llamado la atención este en concreto porque en mi carrera, una de las cosas que no dejan de repetir es que lo principal es la fidelización del cliente. Una relación directa o indirecta que haga que el cliente se sienta cómodo con la marca, empresa, organización… Y digo yo, si esto es así, ¿porque molestan en tantas ocasiones al cliente? ¿No hay otra forma?

  8. Jajajajaja. Aquí, como tenemos una hora menos, coincide siempre la llamada anónima con la siesta…Una mala cosa. En fin…Un abrazo.

  9. maría

    Tengo especial debilidad por aquellos que me llaman ofreciéndome un seguro de enterramiento…

  10. Jose

    A mi hoy me han llamado como 7 veces, me han enviado 2 mensajes de texto y 1 de voz.

    Estoy empezando a creerme importante…

  11. Seo

    Yo siempre tengo la excusa del “soy estudiante, no tengo dinero :(” en la boca cuando intentan venderme algo por teléfono.

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