Hay que cuidar la palabra

PalabrasHay que cuidar la palabra. Desde el gu-gú a la zozobra. Desde “gu-gú” hasta “zozobra”. La palabra que nos dice, que nos hace, la que somos, que nos sale, por la que salimos. Hay que decirla despacio, contarla, cantarla, susurrarla, ofrecerla, darla. Como un regalo. Hay que cuidarnos al cuidarla. Hay que decirnos en ella, hacernos con ella, tendiendo ese puente invisible que nos lleva al tú y a la realidad, construyéndola, ordenándola, inventándola. Porque la nada es la ausencia de palabra. Y hay que oponerse a esa nada. Hay que nadar en palabras. Hay que cuidar la palabra: piedrecitas que nos guían en el camino del pasado al futuro. La que piensa por nosotros o en la que pensamos. Hay que ofrecerla a la vida, porque en la muerte no hay palabras. Ni palabras para la muerte. En la muerte no hay “nosotros”. Y sin palabras tampoco. Sólo cuidándola podremos decirle no a la nada, a la muerte, al vacío de realidad y de nosotros. A nuestra ausencia.

Y no sé si la cuidamos, si la damos, si la escupimos… Si olvidamos que sin ellas del cuaderno en blanco de nuestra vida se irían cayendo las hojas. La palabra es el sentido. Y también por eso hay que cuidarla. Demasiado a menudo la ignoramos, pisoteamos, la tiramos al cubo de basura común. Ese que recoge cada noche, y lleva al vertedero de la violencia, el camión de la prisa, de la ignorancia mutua. Ese cubo del desprecio a lo que somos, a lo que nos decimos al decir, al “nosotros” y al “tú”. Somos las palabras que decimos. Y sólo al decirlas somos.

La imagen de la izquierda la encontré en Reserva de palabras.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Horacio, Arte poética: “Al igual que los bosques mudan sus hojas cada año, pues caen las viejas, acaba la vida de las palabras ya gastadas, y con vigor juvenil florecen y cobran fuerza las recién nacidas. […] Renacerán vocablos muertos y morirán los que ahora están en boga, si así lo quiere el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua”. Por ello es tan importante el uso que mata y revive que hace de nuestro lenguaje una bonita hoja verde o una gastada y podrida.

    Umm, mejor se explica Salinas: “Este lenguaje que hablamos, nuestro es por unos años, recibido lo tenemos de los hombres de ayer, en él están, apreciables, todos los esfuerzos que ellos pusieron en mejorarlo. Pues bien, este es mi llamamiento: que cuando nosotros se lo pasemos a nuestros hijos, a las generaciones venideras, no sintamos vergüenza de que nuestras almas entreguen a las suyas un lenguaje empobrecido, afeado o arruinado. Este es el honor lingüístico de una generación humana y a él apelo en estas mis últimas palabras.”

    Un saludo.

    ps: Sigo leyendo a escondidas, aunque no comente.

  2. Pues sigo con las citas, pero yo salto el océano y me abrazo a Neruda en Confieso que he vivido:

    “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces. Son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner en todos mis poemas… Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada…”

    Y después del canto del maestro (hoy, como tantos otros días, me sirve de “oración”), aprovecho el don para saludarte y darte las GRACIAS.
    Sí, estoy hecha de palabras, las distingo cuando circulan por mis venas, sé que se nos salen de los ojos y que se desprenden de las manos… ¡Tantas veces acarician!… Me gustan tanto que me apasiona hasta rellenar impresos (los de antes, no esos de códigos y numeritos), elaborar listas, hacer caligrafía…

    Esta es mi viaje, y por aquí sigo, acompañada, viendo construir otra vez con palabras la historia viva… Qué gustito haberte leído.

  3. Pues ya que la cosa va de citas en torno a la palabra, dejo una muy evidente de Blas de Otero:

    Si he perdido la vida, el tiempo, todo
    lo que tiré, como un anillo, al agua,
    si he perdido la voz en la maleza,
    me queda la palabra.

    Si he sufrido la sed, el hambre, todo
    lo que era mío y resultó ser nada,
    si he segado las sombras en silencio,
    me queda la palabra.

    Si abrí los labios para ver el rostro
    puro y terrible de mi patria,
    si abrí los labios hasta desgarrármelos,
    me queda la palabra.

    Y para quien quiera oir la palabra en la voz y la música de Paco Ibáñez, este enlace.
    Saludos.

  4. Efectivamente, la muerte es el olvido, y sin palabras no hay pensamiento. Por eso los evergetas romanos buscaban la eternidad poniendo su busto o su nombre en lugar público.

  5. Hace tiempo,y a propósito de las palabras, en de unas de mis primeras “señales de humo” en Iguales hice un post sobre las pintadas urbanas y en una parte del mismo comentaba:

    “Pero volvamos a las palabras. Decía que ante la pintada me sobrevino una especial reflexión por las palabras. Empecé a pensar en ellas como seres vivos, me las imaginaba en nuestras conversaciones, lanzadas al aire con múltiples sonidos vocales, como bolsas de confetti que se nos rompen en las manos, que flotan, se entrecruzan, chocan unas con otras formando frases que son mecidas por el soplo del aire, palabras que lentamente caen al suelo y enmudecen, palabras que encallan al no verse correspondidas, palabras que pierden su rumbo y son llevadas a destinos inciertos, a lugares donde no son entendidas, a lugares donde vivirán como inmigrantes, anhelando el “papel “ de residencia.”

  6. Muchísimas gracias por vuestras citas, que vuelven a provocarme ganas de pegarme un “atracón” de Filosofía del Lenguaje, que tantísimo me gustó en la carrera y de la que hace tiempo que no leo demasiado, salvo a mi adorado Wittgenstein, que siempre tengo cerca. Gracias y saludos. Da gusto leer comentarios así. Le suben a uno el ánimo bloguero.

  7. Pingback: Cuando tu blog hace glub, glub, blug « 14 de abril

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