Cansado, y esperanzado

Estoy cansado. De ver cómo cualquiera afirma y firma, las ideas y los papeles, con tanto espíritu gregario como desvergüenza y falta de honestidad. De ver cómo va tirándose media humanidad al pozo de la resignación mientras la otra media se aparta para que no le salpique. De malgastadores de oxígeno, agujeros negros de cualquier idea, que llevan la negatividad por bandera y se empeñan en alistar cada día nuevos miembros a su ejército de zombies. Ese ejército que hace poco recordaba por aquí Gemma. Cansado del cuchicheo cobarde, ése que se convierte en el espejo que refleja la renuncia a uno mismo. La renuncia del que se acerca a la oreja del más cercano que tenga en cuanto ve que se marcha el objetivo de su veneno. El veneno que, en el fondo, los autodestruye. Cansado. Me pican los ojos de ver alegrarse con penas ajenas, apenarse con alegrías de otros. Me pesa la mirada con esa parte de bípedos semovientes que no levantan un dedo para protestar aunque estén amputándole la otra mano. No los veo más humanos, los veo menos. Me canso, sí, me canso. Estoy cansado de tener razón y de no tenerla. De verlo claro, sencillo. Cansado de pensar que no puedo cansarme, que queda ahí alguien esperando que no lo haga aunque me pesen los brazos…

…Y esperanzado. Esperando que los ojos devuelvan las miradas, que se rinda de una vez la masa de negadores del futuro. Esperanzado: que mañana se respire mejor, más limpio, más claro, más verdad. Con la esperanza de la educación, como la única posibilidad que se me ocurre para apostar por que siga habiendo posibilidades. La esperanza de una meta que no es final, es camino, dirección, sentido. Sonriente, cabezón, empeñado y esperanzado en que si es cuestión de resistencia, sólo de tiempo, volverán los lápices de colores a los estuches y de ellos a las manos, que estarán limpias. Y pintaremos un sol radiante, con borrones y nubes, pero sonriente. Con la esperanza de que no va a poder el lápiz gris, no va a poder, no será. No van a ponernos el uniforme de la falta de esperanza, de sentido. Ni ningún otro uniforme. Esperanzado porque me dan la esperanza, más de una vez, esos que miraron menos veces que yo. Con la esperanza por bandera, ahora que casi todo parece suspendido en el presente eterno de la falta de acción positiva. Esperanzado en que se termine firmando, y afirmando, esté delante quien esté, lo que se piensa.

Decía Ramón Buenaventura que vivir plenamente produce un cansancio infinito, pero muy gratificante. Digo yo que querría decir esto. Otra limpieza de mirada, otro frotar de ojos. Vuelvo a los colores.

La imagen de arriba la tomé prestada en Ser Rizomático.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Juanjo, te invitaría ahora mismo a una cervecita bien fría en la terraza de mi casa… Por lo del cansancio… Ya tenemos flores y un atardecer precioso. Bueno, creo que no podemos quizá competir con Sevilla, pero el extrarradio madrileño también tiene su encanto…

    Y después o durante, depende del número de cervezas, creo que hablaríamos, como Fullan, el maestro para el cambio educativo, sobre emociones y esperanzas (a pesar de que en Madrid, la “Esperanza” está reñida con lo público). Yo también tengo esperanza y me alegro de haber dado con vosotros, con Las Tres Mil, con otros colegas (¡cómo me gusta la etimología de la palabreja, hoy que los filólogos celabramos a San Isidoro de Sevilla!). Fullan escribe, por si hubiera dudas, que la esperanza “no consiste en una simple visión ingenua y luminosa de la vida, sino en la capacidad de no entrar en pánico en situaciones graves y de encontrar modos y recursos para abordar problemas difíciles” (en Emoción y esperanza: conceptos constructivos para tiempos complejos).

    Vamos a poder, vamos a pintar con los colores que queramos, y estoy convencida de que va a ser imposible que los hombres de negro, los casi muertos, no se animen a coger un lapicero y a empezar con los primeros garabatos. Pero quizá, Juanjo, habrá que escucharlos (también dice Fullan que hay que tener en cuenta a los que protestan, a los que nos se adaptan a los cambios porque deberíamos considerar que quizá en algún planteamiento tengan razón…) comprenderlos, contar con ellos (con todas sus partes y sus accesorios), “convertirlos”, liberarlos de su propia negritud…

    Estoy “enamorada” de la escuela inclusiva, de su proyecto de alegría, de oxígeno (como ese que he visto en las fotos y que continúa dando vida en Sevilla), de optimismo, de esperanza… Ay, compañero, sabemos que también el viaje lleva consigo el cansancio, las tensiones, los dilemas, los conflictos. A mí no me asustan, los asumo… Si voy acompañada de colegas, de compañeros –otra etimología preciosa- no tengo miedo de ninguna profecía, de ningún Apocalipsis. Pero me hacéis falta, nos hacemos falta… ¿todos?

    Te mando un abrazo y me tomo esa cerveza a tu salud… Gracia por hacernos hablar y pensar… aunque siempre, cómo no, le sigamos dando vueltas.

    Ánimo, Juanjo, me/nos haces falta.

  2. Y un regalito de sábado tarde: los versos de Gloria Fuertes, que seguro también pensaba en tu post…

    Hay que sacar hierba al desierto
    y punta al lápiz. Punto.

  3. Estoy cansada por dejar que logre cansarme y desanimarme el pesimismo de hombres de negro, cansada de no haber aprendido todavía a trabajar a pesar de ellos/as. Estoy esperanzada por haber encontrado personas como tú, institutos como el Antonio Domínguez Ortíz y claustros como nuestro CIO.

    Un abrazo, Montse

  4. Nieves

    Hasta de tu cansancio aprendemos, aunque prefiero verte con más energía (donde hay, siempre queda!!). Supongo que es necesario y normal ese poquito de gris para después dar el salto hacia arriba y volver a la lucha!
    Besos, Nieves.

  5. ¡Ánimo! Yo te cuento si quieres cuatro batallitas de las que ya no te acuerdas para que te animes. El cansancio se vence; la esperanza se abraza. Un abrazo esperanzado.

  6. Estar cansado tiene plumas,
    tiene plumas graciosas como un loro,
    plumas que desde luego nunca vuelan,
    mas balbucean igual que loro.

    Estoy cansado de las casas,
    prontamente en ruinas sin un gesto;
    estoy cansado de las cosas,
    con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

    Estoy cansado de estar vivo,
    aunque más cansado sería el estar muerto;
    estoy cansado del estar cansado
    entre plumas ligeras sagazmente,
    plumas del loro aquel tan familiar o triste,
    el loro aquel del siempre estar cansado.

    Luis Cernuda. Estoy cansado

  7. Seo

    En un mundo como este (el primero), el no caer en la apatía (generalizada) es una tarea de lo más heróica. ¡Ánimo!

  8. Gracias por vuestras excesivas ganas de animarme. No vienen nada mal vuestras invitaciones, poemas, batallitas. Siento haber tardado en reponder y hacerlo a destiempo. El reloj se me echa encima.

    Muchísimas gracias.

  9. Maribel

    Una mirada.
    Una sonrisa.
    Un silencio.
    Debemos permitirnos un espacio para el cansancio, porque no lo vivimos en soledad.
    Un abrazo.

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