El invasor de mentes

De día se mueve sigiloso, aparece y desaparece, huye, se acerca, y vuelve a esconderse tras el fuego artificial nocturno. A veces, hace suya esa máxima de todo invasor: mientras más ruido haga, más fuerte parecerá, pero sólo eso, parecerá. Porque el ruido y la fuerza, ya lo sabemos, tienen poco que ver. Mientras más lamento se disemine, menos lo observarán a él. Si oye disparos, presiente cadáveres desparramados por la sabana. Si ve tigres, los sigue y no se expone. Busca la manada pero no quiere que lo vean en grupo. El invasor de mentes se afirma individualista, pero desprecia a todo individuo que se resiste a la invasión. Y a la vez pregona el peligro de invasiones de todo tipo, porque el invasor de mentes se dice, sólo eso, se dice, amante de la libertad. Otea el paisaje de las debilidades como nadie y aprovecha su oportunidad para sobrevivir, inoculando un veneno paralizante que deja a sus víctimas en estado de semiconsciencia que no es sino el sucedáneo laico de lo que otros llamaron resurrección, redención, liberación. Previamente, ha pasado el día haciendo círculos, evitando cualquier reflejo, cualquier espejo. Recuerda hasta la saciedad que tras la tempestad vendrá el huracán, que las serpientes se reproducen, que si se podan las malas hierbas siempre volverán a crecer. Pero no diferencia la hierba de las aves, el agua de la roca, la tempestad del sol, la brisa del huracán. Vuelve a oír disparos y se le erizan los pelos hasta que se da cuenta de que no estaba en el punto de mira. Entonces, escondiéndose tras los matojos, husmea y continúa su sueño de la invasión total, orientado por el cadáver que cree que va a encontrar tras la cacería. Pero, sólo eso, lo cree.

La imagen la encontré hace poco en Microsiervos.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Y otro, Quique, muy típico (más o menos así):
    Como el alumno sabe poco, me olvido de él, y al cabo del tiempo vuelvo a constatar que sabe poco, luego supongo demostrado mi punto de partida.

    ¿A que hay más razonamientos ciculares en la práctica educativa? ¿E invasores de mentes?

  2. ¡Aquí sí! Mientras me encontraba en el lugar adecuado, he visto uno con sotana hasta los pies…

    ¿Juanjo,y estás seguro de que no lleva en el saco cierto botín? Yo no lo tengo tan claro…
    A mí, la verdad, es que me da un poco de miedo… ¡Solo me salva el séptimo de caballería (pobres indios, qué pésima ilustración!)…
    Quiero decir que si somos más de un singular, este ladronzuelo, al menos en mi caso, no va a tener nada que hacer…

  3. ¡Otro!
    Como no estudian no “aprueban”… Y como nunca “aprueban” pues no estudian…

    Bueno, no sé si esto es un razonamiento circular, pero sí un retruécano que muchas veces repiten muchos (por desgracia) alumnos…

  4. Seguro, seguro del todo no, Gemma. Pero el botín que se llevan es el de su propia miseria el de la ceremonia del despiste, pero no es botín que merezca la pena. Al final siempre encuentran un espejo, propio o ajeno. Y cuidado con las sotanas Gemma, mucho cuidado, y más aún con los que se la quitan para despistar. Efectivamente, pese a todo, nada tendrán que hacer, porque nada han hecho, aunque mucho quieran deshacer.

  5. Maribel

    Este post me ha gustado mucho, compañero.
    Creo que los pensamientos circulares nos acaban destruyendo, nos ahogan, nos reducen a casi nada. En educación vemos diariamente estos ejemplos.
    Pero más me preocupa la manipulación expresa de personas aparentemente éticas, amables, educadas, cariñosas, atentas…Personas que tienen poder de decisión, que influyen sobre jóvenes y sobre otros compañer@s.
    Bien dices, Juanjo, que nada podrán hacer, pero mientras nos fortalecemos ante estos invasores, vivimos un poco “jodid@s”.
    Un abrazo.
    Maribel

  6. Gracias Maribel.
    De esos círculos viciosos nos vamos escapando ¿verdad? Por algo nuestro hábitat es el Polígono, no el círculo, aunque haya quien quiera inscribir el primero en el segundo. ¿Retrato anónimo? A lo mejor, ni círculos ni “mentes cuadradas”, sino poliedros es lo que vendría bien, más poliedros, más polígonos.
    ¡A saber de qué-quién te estabas acordando! 😉
    Un abrazo.

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