Alumnos en el planeta Tierra

Alumn@s

Acepto las críticas y reproches de buen grado. Pero con el mismo buen humor, es mi obligación responder a algunas cosas que plantea Joselu en Naves más allá de Orión, aludiendo directamente a ideas que lancé y comentamos en Una isla y algunos balones fuera y que, lamentablemente, pretendiendo quitarme la razón, me parece que no hacen sino reafirmar lo que yo decía.

Para empezar, me parece como mínimo absurdo diferenciar entre “escuela social versus la escuela intelectual que propugnaba el antiguo sistema educativo”. Absurdo, a más no poder. Nadie en su sano juicio, o sin intenciones perversas, podría defender que es mejor educar a menos personas en una escuela pública. No veo diferencia alguna, ni incompatibilidad real seria, entre socializar-educar al máximo número posible de seres humanos y conseguir que sean intelectuales, se entienda como se entienda la intelectualidad, también el máximo número. Podrá haber errores en nuestras estrategias para atender adecuadamente a todos, no otra cosa. Dependerá de qué se entienda por “escuela intelectual” y de qué grado de justicia y solidaridad social queramos que desempeñe la escuela. Y mucho me temo que detrás de esa añorada “escuela intelectual” distinta de la social hay, cuando menos, un germen de insolidaridad que pretende dejar de lado a los que no entran en el sistema educativo de una forma normalizada, y atender así mejor, a un número de elegidos por la varita mágica y clasificatoria de los docentes. No, la escuela social es la misma que la escuela intelectual. Se tratará de esforzarnos un poco para ver que son compatibles, y que es nuestro problema que sean la misma. Afirmar sus incompatibilidades me parece un peligroso ejercicio de comodidad, insolidaridad, injusticia y falta de seriedad docente. Otro balón fuera de este gremio nuestro, que Joselu sintetiza en “joyas” como ésta, que reproduzco con vergüenza:

“Existe una escuela social donde el problema fundamental es aprender modelos de conducta tolerantes y democráticos, en la que se encuentran personas de ámbitos muy diferentes por su origen étnico o religioso, que son apáticos en cuanto al problema del conocimiento, que raramente se detectan inquietudes (a veces sí, amigos, por eso no pongo el puesto de pipas) que implica una dedicación admirable del profesorado enfrentado al desaliento cotidiano”

Pero no queda ahí la cosa. Al final del post, para terminar de arreglarlo, toda una declaración de principios, un diagnóstico, una clasificación:

“En algunos colegios de élite se carcajean de nuestros postulados educativos. Tienen el alumnado que nos falta a nosotros. Sensibilidad e inteligencia unidos.”

Eso sí que es “ignorancia supina”, “pontificar” en el peor de los sentidos posibles, injusticia en cantidades industriales. Ojo, que no es poco lo dicho: ése es el problema fundamental en todas las escuelas, en todas. Y además, por ley. Es decir, lo que nuestra democracia ha decidido que debe ser el objetivo fundamental de la escuela. No sé cual es “el problema del conocimiento” ajeno a esos modelos de conducta. Y casi que mejor prefiero no saberlo. Y, además, y trabajo en una zona marginal que está luchando y apostando por salir de esa situación, y lo estamos consiguiendo, y hasta nos lo agradecen, lo raro no es detectar inquietudes, sino que esas inquietudes no sean tantísimas que sea complejo y apasionante ayudarlas adecuadamente.

Por si no fuera poco, en el citado post, además, se acude con demasiada facilidad al argumento temporal. Es la falacia y la trampa de la experiencia profesoral. “Llevo x años en la enseñanza y jamás he visto y” (sustitúyase por cualquier negatividad generalizada) es una de las frases más oídas en cualquier instituto. El otro día lo hablábamos ¿verdad Ricardo? ¿Y qué? ¿Y si llevaran esos mismos años en un hospital? ¿Se quejarían de las enfermedades nuevas y de las que ya tienen cura? ¿Y en una gasolinera? ¿Llenarían los coches de hierba esperando alimentar sus caballos sorprendidos por no ver pasar por allí una diligencia? ¿No se han dado cuenta de que nuestros estudiantes no son, no son, no son, no son, como antes porque literalmente el mundo tampoco? ¿Qué gana y qué aporta un profesor espetando a diestro y siniestro una supuesta mediocridad del presente y llorando por las esquinas por la juventud perdida? ¿Vamos a decirles a los profesores jóvenes y a nuestros alumnos “ya se te quitará la rebeldía”?

No creo, ni practico, esa escuela de no sé qué conocimiento para algunos pocos y el olvido de los demás. No defiendo esa escuela de la sumisión acrítica, del “nada vale para nada”, del “yo que estoy de vuelta…”. Mis alumnos están de ida. Y yo quiero ir y que vayamos con ellos. Ya, ya sé que es metáfora, pero yo no he visto naves más allá de Orión. Veo, no ví antes, veo hoy, alumnos en el planeta Tierra. 

P.D.: Por si a alguien le interesa, adelanto que este próximo lunes 25, en Antena 3 Televisión, de 9 a 12 horas, emitirán un reportaje sobre el trabajo que venimos haciendo en nuestro instituto. Se han llevado hoy media mañana allí. Creo, por lo que me dicen, que el programa se llama “Espejo público”. Y es que nunca lo he visto porque, afortunadamente, esas horas las paso en el instituto.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Que más da lo que digan por ahí, que llamen a la escuela como quieran, no?, lo importante son los resultados: “El barrio sevillano está en las mejores manos. Y los que trabajan allí sin descanso para que las cosas mejoren merecen hoy un agradecimiento colectivo. Gracias por marcar el camino”. Podría felicitarte por tus dos últimos post, pero creo que mejor te felicito por esto, a ti y a los que luchan contra el absentismo. A Sergio, felicidades, sólo hace falta ir con él por la calle o en el autobús para entender en qúe consiste su trabajo, sin descanso. Saludos.

  2. Desde el planeta Tierra, Juanjo, yo también he leído el post de Joselu… Y, aunque comparto contigo ¿casi todos? los planteamientos educativos (bueno, estoy buscando algún puntito de discordia, para animar el asunto, jeje…) también comprendo, admito y recibo con cariño el texto de Joselu. Los que lo seguimos sabemos -al menos yo me lo imagino así- de qué pasta está hecho… Que está enamorado de la Literatura, del Teatro, que todo lo que sabe y sabe hacer se lo da a sus alumnos, que prueba por aquí y por allá, que no para, que es un maestro respetuoso que despide a sus alumnos tendiéndoles la mano, que no quiere convencer a nadie… Pero a lo mejor está cansado, a lo mejor no tiene a nadie que le cante por la mañana, o que le tire del carro, o que le contagie mil entusiasmos… Ojalá lo tuviéramos más cerca… A mí me encantaría, porque sé que nos “complementaríamos” bien… Yo aprendería mucha Literatura y puede qeu templanza, y él quizá estaría contento con mi alegría y mi optimismo. Además, ¡podríamos interpretar alguna escena o formar un dúo! ¡Me gusta cantar por los pasillos!
    Por otro lado, Juanjo, valoro tu valentía… tu estilo osado… No es fácil decir lo que se piensa, sobre todo si sabemos que no le va a gustar a unos cuantos muestras palabras… También estoy aprendiendo de ti y de todos los que participáis en los foros que voy frecuentando.
    Grabaré el programa Espejo Público… Qué bien poderos ver las caras… Bueno, id asumiendo que en la tele se “pierde” mucho… que seguro que sois más guapos de lo que muestra la pantalla…
    José María (de “Un lugar en el mundo”) me había dicho muchas veces que visitara tu blog, que me iba a gustar… ¡En qué hora!… Venga, corto, que no hago otra cosa, y hoy es viernes, y una tiene que hacer sus cosillas.
    ¡Buen fin de semana!

  3. Y lo penúltimo (por si acaso): si has leído los comentario al post de Joselu, verás cómo él los agradece todos y como en uno de ellos conseguimos contagiarlo un poquitín… Yo casi siempre le dedico unos parrafillos (por ahí me llamo Jueves, es el seudónimo que elegí para mi perfil en Blogger) y me gusta seguirle en sus reflexiones y en la tristeza de su tristeza (algunas veces) y en los vuelos altos (otra más).
    Lo dicho.

  4. Pues vamos con las críticas, dejemos los reproches para otro día. Nadie dice, que yo sepa, que hay que educar a unos sí y a otros no. Joselu simplemente piensa que sería mejor una sociedad que permitiera a todos ser educados para tener, como mínimo, un grado de escolaridad alto, y mejor todavía una sociedad que permitiera a todos un grado de escolarización universitario. Pero Joselu ve que la sociedad piensa que no necesita sofistas, que para cajeras de supermercado (no digo cajer@s, en mi ciudad no hay cajeros, yo sí hago la compra) basta con saber que Sócrates es el título de un libro que vale siete euros, y para votantes míseros y satisfechos, basta con dar licencia de pequeñas lobotomías a realizar por parte del jefe de estudios de cada centro.
    ¿Quién es más progresista? Conozco el número suficiente de Directores y Jefes de Servicio en España como para saber que la mejor oposición es la adulación. Tú llevas razón en que quien no quiere educar, no lo hace, está fuera, aunque finja que se lo impiden. Joselu ve las cosas con más perspectiva, y está dispuesto a empujar, y empuja, pero quiere saber hacia dónde, y se niega a empujar al vacío aunque con eso él se sintiera mejor, como efectivamente se sentiría. Un poco más allá de la cara dura, cuando se traspasa ese nivel, como mejor se vive es entregándose; uno se siente bien, útil, necesario, la vida te agradece que existas, tus alumnos también, hasta en algunos casos puedes recibir abrazos y lágrimas de agradecimiento, ¿Hay una vida de mayor lujo? yo creo que no, y saber adquirir gratificaciones espirituales es un arte que se desarrolla fácilmente a partir de cierta cultura; se puede vivir en esa abundancia estupendamente. Pero yo me temo que a partir de cierta edad EL OTRO también importa, y a partir de cierta madurez hasta importa más que uno mismo. ¿Y si lo que se pretende ya no basta con que sea el ser buen profesor? ¿Y si se da uno cuenta de que ser buen o mal profesor no importa, que lo que importa es que el otro aprenda, que el otro se desarrolle de verdad, que el otro sea cultivado, que quiere decir libre? ¿Y puede hacerse eso en Matrix, por decir algo? ¿Puede hacerse eso en un mundo feliz, en 1984, libros que no recuerdo lo que dicen pero que intuyo que vienen al caso?
    Bueno, basta de crítica por el momento; es evidente que todo lo que he dicho que piensa Joselu quien lo piensa soy yo, lo que me imagino que a lo mejor él piensa algo parecido, puede ser que sí o que no. En cualquier caso, pido disculpas a Joselu si, llevado por mi pasión del momento, me he pasado imaginar sus pensamientos. Y con respecto a ti, vale, vete a la Isla, disculpa en lo que me equivoque, pero reconoce que tiene algún sentido pensar que si algo le interesa a un periodista, malo, a un canal de televisión, peor; en período electoral, horror, al menos ponerlo en cuarentena…
    En cualquier caso un saludo cordial a ti y, espero, a tu buen humor del primer párrafo.

  5. Bueno, no sé si lo que se me ha ido ocurriendo tendrá mucho sentido (evidentemente, esto lo he escrito después de lo que sigue, claro), pero creo que algo sí tendrá que ver…
    Describe Joselu en su post la evolución de muchos docentes (y no docentes) a lo largo de la vida. Parece que las ilusiones adolescentes (explosivas y unívocas) se prolongan en los años iniciales de ejercicio profesional y van atemperándose poco a poco hasta acabar todo lo más en un ejercicio “digno”, pero sin mayor empuje…
    Me da la sensación de que esa es, en efecto, la trayectoria de muchas personas (no solo en la enseñanza). Hay quienes van perdiendo ilusiones a medida que -dicen- maduran… yo diría que, en ese caso, más que “maduración”, se trata de agotamiento (eso que, en horrenda “traición” del inglés, ha dado en llamarse “síndrome del quemado”). El problema que ahí surge es que el docente agotado no sirve. Habría que buscarle otro acomodo. Los ciudadanos tendríamos que exigirlo, porque -EN MI OPINIÓN- un docente sin ilusión no puede educar: es imposible que sintonice mínimamente con su alumnado. De ahí al cuadro tantas veces descrito del “claustro real” solo hay un paso. ¡Ojo!, comprendo perfectamente la situación del docente agotado y comprendo que puede tener relación con el proceso de envejecimiento, pero eso no invalida la opinión que acabo de manifestar: habría que buscar soluciones, pero ninguna que consistiera en seguir “enseñando”.
    Con respecto a la dicotomía “escuela social frente a escuela intelectual”, me parece que no hay por dónde cogerla: si es “escuela” es ineludiblemente social e intelectual. La cuestión es si cumple con ambas funciones o no, si las cumple mejor o peor, pero la dicotomía, en mi opinión, es absurda. Me parece que no se puede equiparar lo “intelectual” con las “asignaturas” y lo “social” con una especie de “nube vaga” que no requiere esfuerzo ni disciplina. Por otra parte, me parece que lo social y lo intelectual no son los dos extremos de un continuo… yo diría que son inconmensurables.
    Es obvio que, en una tarea tan compleja como la del docente, que tiene que ingeniárselas para enseñar, ser hasta cierto punto modelo, corregir, socializar, etc., la persona que ejerce la profesión se agote. En mi opinión, es imprescindible atajar ese problema y creo que no hay que confiar en que la administración (ninguna administración) tenga mayor interés al respecto. Por una parte, hay que exigir formación; por otra, hay que promover las “redes” de docentes: intercambio de opiniones, materiales, visitas a las aulas de compañeros, formación incluso (Internet es una mina a este respecto); por otra más, práctica de habilidades de relajación, de detención de pensamiento (con un poco de disciplina, no es difícil aprenderlas)… Lo que tengo muy claro es que, “cuidándose”, se puede ser buen profesional docente durante mucho tiempo.
    Es probable que quienes leáis esto digáis que los toros se ven muy bien desde la barrera… Obvio, no voy a ser yo quien lo discuta. Así que, si de lo dicho sirve algo, muy bien. Si no… pasad de largo y hasta la próxima…
    Saludos.

  6. Eso es precisamente lo que nos separa, la forma de entender la escuela, la educación o como quieras denominarlo y por esto será difícil que algún día se pueda alcanzar un consenso. Los que están montados en la barca o ya se mudaron a la isla configuran la escuela como elemento integrador, socializador además de transmisor de conocimiento. Los que se quedan inmóviles no lo comparten porque piensan que gran parte de esas funciones deben tener lugar fuera de ella, limitando el acceso a las aulas a esos seres “intelectuales” y “sensibles”. Esto, que es el trasfondo de la discusión, nos separa ideológicamente, de manera infinita y nos condena a no poder encontrar nunca posiciones en común porque nuestros postulados son diametralmente opuestos. Los “intelectuales” protestan contra el fenómeno de la integración de una manera pasiva que, de paso, contribuye a destruir las escasas posibilidades que existen de que lleguemos alguna vez a entendernos. El debate que iniciaste con el anterior post se va esclareciendo: ¿escuela para todos?

    Saludos cordiales

  7. Marina

    No se si estoy un poco fuera de lugar en estos temas sobre educación, aunque sí puedo dar mi punto de vista como alumna.
    Soy estudiante de la Facultad de Comunicación y lo cierto es que lo único que he aprendido en estos tres años de vida universitaria es analizar a los demás, del pasado y presente y a mi misma desde un punto de vista mucho más crítico. Los alumnos vemos muy claramente como la mayoría de los profesores repiten su temario de forma mecánica, sin aportar novedad, sin darle algún toque diferente a las clases, incluso los ejemplos son cada año exactamente los mismos.
    A mi modo de ver hay que intentar que los alumnos no deseen estar siempre en otro sitio, se también que eso es un esfuerzo de todos, pero la actitud del profesor puede resultar muy favorable.
    Como antigua alumna de Juanjo, puedo decir que él es un claro ejemplo de lo que quiero decir. La única clase a la que no faltaba nadie era precisamente a la suya, por algo será. Y no hablo de asistir a la clase de filosofía con la cabeza en otro sitio, hablo de participar, prestar verdadera atención e incluso reir.
    Los padres también son capaces de apreciar esas diferencias, si no que se lo digan a mi madre que sigue guardando el libro de filosofía de primero de bachillerato con mis apuntes.

  8. Marina

    Siento mucho haberme inmiscuido en temas de profesores, pero es que estoy tan quemada. Profesores sin ganas de dar clase que sueltan su grandiosa verborrea y se van sin pensar que tienen a personas ante ellos, no a máquinas. Alumnos sin ninguna intención de escuchar que aprueban asignaturas para luego olvidarlo todo tras salir del examen, o que no aprenden nada y se sienten inferiores al resto.
    Yo leo este blog porque me gusta sentir que hay profesores con interés por enseñar de verdad.
    De nuevo siento haberme metido en temas de profesorado.
    Un saludo

  9. Tengo poco tiempo, responderé con más detenimiento. Solamente una cosa, Marina, no lo sientas. Al revés, MILLONES DE GRACIAS. TE ESPERO POR AQUÍ, QUE ES UN LUJO VERTE DE NUEVO. ENRIQUECES ESTE BLOG. (Y lo pongo en mayúsculas porque mayúsculamente lo pienso y siento). No lo dudes, no lo sientas, muchísimas gracias.

    Un saludo.

  10. Juanjo, acabo de ver, de casualidad, a tus alumnos del “planeta Tierra” en la tele. Escasos minutos. Debería haber sido más… Siempre sacan lo más escabroso, la metadona, el embarazo adolescente,… Aunque forme parte de vuestra realidad cotidiana, seguro que hay mucho más que contar.

    Así es el periodismo, ese mar de información con un dedo de profundidad ¡Ays! Un comentarista ha dicho tras el reportaje: “Hay estudios que confirman que a más cariño, menos violencia”. Eso lo sabemos todos ¿verdad? Pero qué difícil es llevarlo a la práctica desde la escuela, cuando se arrastran esas carencia desde el hogar. Y no hablo de familias desestructuradas, no. Esa es la tendencia actual, el desamparo, el abandono emocional cada vez más precoz, la escolarización-institucionalización de 0 a 3 años… Pero esa es otra historia, en la que yo ando batallando.

    Ahora mismo te estoy haciendo la ola 🙂 ¿Me ves?

    Ayer te lo decía en privado y ahora lo digo públicamente. Tu exultante satisfacción por tu trabajo es insultante. Tu energía que moviliza a equipos y alumnos, paraliza a quien no la tiene. La exhibición de tu trabajo conduce a la inhibición de quienes no obtienen los mismos resultados. Tu solvencia como director de un centro “singular” es una insolencia. Tu constante animación nos hace conscientes de nuestra propia inanición. Tu ofensiva arrogancia nos pone a la defensiva proclamando humildad.

    Pero yo prefiero muchos Juanjos arrogantes, engreídos, exhibicionistas, animados, exultantes, positivos y optimistas… a los pesimistas que desgastan y roban la energía ajena.

    Saludos

  11. ¡Grabé el programa y os he visto en Antena 3!…
    Nada, que tengo que daros la enhorabuena por vuestro trabajo… Y que a pesar de que las cámaras a veces no hagan justicia, Juanjo no ha salido nada mal (porque era Juanjo, ¿no?… ). A los chicos les hemos oído la voz: “este año sí que estoy viniendo”… “es por nuestro futuro”… o algo así.
    Pues eso, felicidades a todos los que participáis en proyectos como este de lucha contra el absentismo en el polígono Sur.
    Tomamos nota los que vamos por detrás: si quieres volar, vuelas, ya lo veo…
    ¡Gracias por enseñar la otra cara de la moneda!… Que la moneda tiene dos caras (ojalá solo fueran dos), aunque haya que contar con todas… ¡Así es la apuesta por la escuela inclusiva!

  12. Marina

    Yo también he grabado el reportaje.
    De parte de mi madre y mía, que nos parece fantástico el trabajo que haceis contra el absentismo en tu instituto, enhorabuena Juanjo y a todos los que trabajan en el I.E.S. Antonio Domínguez Ortiz.

  13. ¡Enhorabuena a todas/os las/os que formáis el IES Antonio Domínguez Ortiz (alumnas/os, madres, padres, profesoras/es, administrativas/os, limpadores/as…) y gracias por vuestro ejemplo. Hace menos de un año querían cerrar ese centro, ¿no? ¡qué cosas, ay! Juanjo un abrazo, Montse

  14. “Los niños necesitan más de modelos que de críticos” Joseph Joubert

    Enhorabuena a toda la comunidad educativa del IES Antonio Domínguez Ortiz.
    Un abrazo.

  15. Ups! ¡Me he confundido de post! En este ya dejé un comentario. ¡JA, JA, JA! Bueno, así os dejaré mis buenos deseos por todas partes… 😉

  16. covadonga

    Enhorabuena, eso es un centro educativo. Sois un ejemplo.

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