Examenitis, más o menos aguda

A base de perpetuar prácticas pedagógicas de otros tiempos, creo que estamos convirtiendo los institutos en edificios donde hay gente que repite lo que otros dijeron para que, a su vez, los estudiantes lo repitan llegado un determinado día. Puede que alguno diga que así se transmite la cultura, y es cierto. Pero también lo es que sólo a golpe de novedad avanza la civilización, que los grandes científicos, músicos, escritores, etc, que ha habido en la Historia han sido grandes precisamente por dejar de repetir lo que se hacía hasta su momento.

Percibo, en general, un abuso de ese ejercicio docente que consiste en hacer escribir un día concreto y a una hora concreta, las respuestas a unas preguntas concretas: los exámenes. Y creo que es un abuso cuando hasta la Universidad Pública de Navarra tuvo que lanzar una Guía para sobrevivir a los exámenes (hay más en otros sitios), en la que puedes leer literalmente: “Recuerda que la vida, en todas sus dimensiones (salud, familia, trabajo, relaciones…) puede ser fuente de estrés y malestar. Todo está relacionado y puede condicionar un bajo rendimiento en los exámenes. Recuerda que tú eres mucho más que un examen. Sigue siendo cierto que lo importante es aprender”.

Evidentemente, poco hay que discutir de este consejo. Pero la simple existencia de este tipo de terapias pre y post examinatorias, me parece que señala el abuso, la excesiva importancia, la preponderancia exagerada del examen como práctica evaluadora. Ojo, no discuto que puedan y deban hacerse. Digo que, sólo a lo mejor, no hay necesidad de tantos exámenes en las mismas fechas para todo el alumnado. Y pongo muy en duda el valor de esta práctica educativa. Esta forma generalista de medir su aprendizaje y (no se olvide) nuestra enseñanza, está sometida a demasiadas variables externas e internas que me hacen dudar de su eficacia absoluta: día concreto, hora, situación física y psicológica del alumnado y el profesorado, capacidad de corrección justa de decenas de exámenes prestándoles la misma atención, elección de las preguntas adecuadas, valoración de las preguntas… Y podríamos seguir ¿verdad?

¿Qué más me da a mí que un determinado alumno sepa solucionar la cuestión que sea un día o diez días más tarde? ¿Por qué les tengo que preguntar a todos lo mismo, independientemente de sus intereses, gustos, capacidades, situaciones personales? ¿Sirve de verdad un examen para valorar el proceso,  o sólo para que me alegre cuando repiten lo que les he dicho y me cabree cuando no lo hacen? ¿Hay un solo profesor que pueda decir sinceramente que todos los exámenes los ha corregido siempre con la misma atención? ¿Es, de verdad, la mejor práctica que tenemos para evaluar cómo va la cosa?

Seguramente habréis hecho modificaciones al sistema: dar las preguntas antes, dejar hacer los exámenes con los libros y apuntes, etc. Y seguramente alguno argumentará que los exámenes son sólo una parte de la evaluación, algo a lo que, entre otras cosas, la ley nos obliga. Y esas modificaciones os habrán funcionado o no. Seguramente alguno también haya evaluado sin examinar de la forma clásica.  Son remedios más o menos parciales a una enfermedad de nuestro sistema educativo en la que no sé si entramos como creo que deberíamos: la examenitis, no sé si aguda o no.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Un tema excelente para debatirlo, por ejemplo, en alguna sesión venidera del CIO. Yo sigo con mi corrigienditis aguda de fin de semana. Un abrazo.

  2. carmebarba

    Después de 30 años de docencia activa confieso.
    1- Que por supuesto que no siempre se corrigen con igual atención, la fatiga influye.
    2- Que hay otras formas de evaluar más reales, más directamente relacionadas con lo que los alumnos comprenden y son capaces de hacer.
    3-Que los exámenes pueden inducir a error a los alumnos por problemas de comprensión del “enunciado” cuando si les pidiéramos una demostración práctica tal vez podrían tener un excelente
    4-Que algunos tipos de examen solo sirven para memorizar unos conceptos para olvidarlos el día después.
    5 Y lo que es peor, es que los exámenes condicionan negativamente el aprendizaje, lo que no va a “salir” no les interesa, no tienen tiempo para ello.
    6- Y No puede haber “placer por aprender” lo verdaderamente importante.
    Carme Barba

  3. Ricardo: ánimo y precisión, a ver si te pasas al “bando” de los que ya no ponemos exámenes casi nunca, porque percibimos su inutilidad casi completa, pero evaluamos también ¿eh?

    Carme: aunque con menos años en esta historia, suscribo lo que dices. Pero “imagino” que no todo el mundo lo verá así. No sé si saldrá por aquí alguna postura contraria a lo que defendemos, ya veremos. Es trágica tu enumeración, y seguramente podríamos añadir más aspectos absurdos y/o negativos. No lo entiendo, es una plaga que no termina…

    ¡Saludos!

  4. Jose

    En la mayoría de los casos apruebas si eres capaz de memorizar algo y después plasmarlo en un folio, independientemente de si lo que has memorizado lo has comprendido y razonado. Al profesor le da igual si te has enterado de algo, el lo que quiere es que le escribas palabra por palabra el royo que te soltó, supongo que para sentirse bien con sigo mismo y poder decir : “Lo que digo va a misa”.

    Creo que en cierto modo algunos juegan de una forma muy peligrosa con el futuro de las personas.

    Repetir lo que te dicen al igual que una grabadora de bolsillo o un loro = Gran alumno, futuro prometedor.

    Intentar comprender, analizar, razonar y cuestionar algo que te dicen = Estupido, necio, ignorante, debe repetir, nunca llegara a nada.

    Si no te gusta que te fuercen a aprenderte algo de memoria (“porque si”) lo llevas claro en la vida.

    Por cierto, el otro día vi en la tele a un mono que si estuviera estudiando seguro que llegaría a ingeniero biotecnológico, líder mundial o algo así, ya que el animal era capaz de memorizar y repetir una serie de códigos que un señor marcaba previamente. Supero a unos cuantos universitarios así que…………..

  5. Mi buen Juan José: Imparto sólo una materia (La Mitología y las Artes, optativa de 2º. de Bachillerato) estoy corrigiengo 24 trabajos hechos como presentaciones de power point, otros tantos en vídeo, una canción con temática mitológica de un alumno que tiene un grupo de rock (como otros que yo me sé hace muchos años), ejercicios (que no exámenes) de clase individuales y colectivos y pequeñas tareas de recogida de información cibernética. Todo esto (y mucho más, como un intento de vídeo colectivo, semejante en proceso, concepto e ideas al que lleva a cabo Ramón Castro)es lo que hemos hecho en esta evaluación. Una de mis primeras frases el primer día de curso al alumnado fue que este curso, impartiendo yo esta materia, no serían evaluados con exámenes. Y esta semana, a ver si los llevo al cine a ver la saga épica Beowlf. Y que llegue pronto el viernes, que lo necesito, xd (como escriben ellos)

  6. P.D.: Ya ves que seguimos compartiendo tú y yo algunas cosas, además de las descalificaciones que nos dedica quien tú sabes (jajajaja). Un abrazo.

  7. Seo

    Y llegas a la Universidad y, estudies lo que estudies, más de lo mismo.

  8. Jose: duro te veo, y contundente, y muy bien que me parece conociéndote. No te quito la razón en ni una coma.

    Ricardo: esperaba y suponía que no eras de la “antigua” escuela. Sabía que lo compartiríamos…

    Seo: de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla tengo previsto escribir por aquí algo, en cuanto me olvide de más de una cosa de las de allí, o de dos o tres 😉

  9. No soy docente, entonces como padre de dos chicos -Primaria y Bachillerato- me permito comentar aún a riesgo de ser osado y de no aportar al interesante tema que estáis comentaddo.

    Según creo recordar la LOGSE preconizaba la atención personalizada al alumno -aquella fue una buena idea no financiada-, según eso a cada alumno había que exigirle según su capacidad (absurdo poner exámenes iguales a todos los alumnos de un mismo nivel) y la evaluación del aprendizaje creo recordar que era continua (absurdo poner exámenes por sistema). La actual LOE, según entiendo recoge, entre otros, estos principios.

    Particularmente considero que los exámenes son necesarios, además del imperativo legal al que aludes. Es bueno contar con pruebas objetivas para evaluar individual y colectivamente, pero siendo necesarias no deben ser la prueba determinante para calificar a un alumno, como tampoco debe convertirse en una prueba sistemática y que obsesione a alumnos profesores y padres.

    Luego habría que determinar si todo examen es pertinente, si está bien “construido”,si está confeccionado para obtener una muestra válida del proceso de aprendizaje de los alumnos a los que está destinado.

    Juanjo, gracias por el blog. Me resulta interesante leer tus escritos y los comentarios de otros profesores, es una visión que me quedaba algo lejana. Cuando acudo a los centros de mis hijos y hablo con el profesorado tengo la impresión de que me hablan como “deben hablar a los padres”, por ello este blog es especie de puerta para poder entender cómo lo veis vosotros, entre vosotros. Gracias

  10. Bueno, creo que los exámenes no son ni la panacea ni los culpables de todo el fracaso escolar. Además, creo que hay que diferenciar entre dar una asignatura a uno o dos grupos y dar una asignatura a varios. Por ejemplo, este año yo doy Filosofía a 5 grupos de bachillerato (2 segundos y 3 primeros) y Ética a 2 grupos de 4º ESO. Dime si con casi 200 alumnas/os puedo dedicarme individualmente a cada una/o como se merece. Porque yo por más que dedico horas no llego.

    Por otra parte, habría que analizar qué exámenes son adecuados y qué exámenes no lo son. Yo estoy convencida de que los exámenes son necesarios; ahora bien, también estoy convencida de que las/os alumnas/os deben saber claramente qué es lo que tienen que saber, es decir, qué es lo realmente importante. Yo, por ejemplo, siempre les digo las preguntas a mis alumnas/os y esto lo hago en la ESO y en el bachillerato. Los exámenes no pueden convertirse nunca en un arma contra las/os alumnas/os pero, también es verdad, y no nos engañemos, sin exámenes hay muchas/os que no estudiarían nunca. De hecho, este mismo curso, en 2º de bachillerato decidí no hacer exámenes de Presocráticos, Sócrates y Sofistas. Hasta que no hemos acabado Platón y Aristóteles no hemos hecho ningún examen, esto fue el pasado día 5 de diciembre. ¿Sabes qué ha pasado? Que casi todas/os, por no decir todas/os no han estudiado hasta que ha habido examen, no han preguntado dudas, no han leído nada, así que…

    Por otra parte, creo que la memoria mecánica sí es mala, pero la memoria comprensiva no lo es. Es necesario retener cierta información, lo que no quiere decir que nos empollemos palabra por palabra algo que no entendemos. De hecho, mis alumnas/os están un poco decepcionados este año conmigo (como profe de filosofía y no como persona, conste) porque dicen que soy muy dura corrigiendo. Y es que están acostumbrados a empollar y soltar datos pero no hacen un redacción coherente con un hilo conductor, con un orden, para explicar un problema concreto. Por eso, aunque estudian no tienen los resultados que esperaban. Pero estamos en diciembre, espero que en mayo, hayamos superado estas dificultades.

    Finalmente, que me enrollo, creo que los exámenes son necesarios, pero no cualquier tipo de examen y, por supuesto, no sólo los exámenes. En la ESO, tengo clarísimo que si una alumna/o trabaja y finalmente no puede superar los exámenes, debe aprobar. Lo que pasa que me extraña que una alumna/o trabaje y repitiendo las cosas, dándole seguridad, atendiéndola/o, finalmente no apruebe. Además, si un examen sale mal, ¿por qué no repetirlo? Por ejemplo, en 1º de bachillerato, hemos hecho un examen tipo test de verdadero o falso, y a la mayoría les salió fatal. Al día siguiente, los llevé corregidos a clase, expliqué dónde estaban los fallos, los entendieron y a los dos días hemos hecho un examen similar. Ahora la mayoría lo ha hecho bien. Cuando les explicas que tu objetivo no es suspenderlas/os pero sí sacar lo mejor de ellas/os y hacer que trabajen, acaban entendiéndolo.

    Un saludo, Montse

  11. Juanjo tres cosas:
    La primera como persona: muchas veces me he planteado, sobre todo mirando a la universidad, si yo de ser profesora haría exámenes. Y lo cierto es que no lo se.
    La segunda como estudiante: creo que los exámenes pueden sobrellevarse perfectamente según se lo monte cada uno, en lo que influye la edad y la madurez del alumno.
    Y la tercera, como alumna tuya: tú obviamente me has contado muchas cosas que dijeron otros, pero nunca olvidaré la definición de cultura que un día nos diste en clase filosofía, y que he repetido en muchas ocasiones, “Cultura es lo que queda cuando se olvida lo que se aprende”, y no se si recuerdo mucho de lo que dijeron los grandes pensadores, pero algo de esa “cultura” sí que conservo, y obviamente no por los exámenes.

    ¡Un abrazo!

  12. Creo que a lo largo de mi vida habré “padecido”, con peor o mejor fortuna, un mínimo de 400 exámenes… y siguen sin gustarme.
    Los “expertos” hablan de “evaluación sumativa” y de “evaluación formativa. Casi todos dan a entender que es más importante la segunda, porque lleva consigo la comparación del aprendiz consigo mismo, la del maestro frente al aprendiz y la del “sistema” en relación con ambos. Esas comparaciones servirán idealmente para mejorar el aprendizaje del alumno, la docencia del maestro y el perfeccionamiento del sistema… Coincido con esa opinión: para valorar la ejecutoria de un alumno, hay que atender al conjunto, en el continuo temporal, hay que “integrar” toda la información de la que se disponga.
    Tal como yo lo veo, la “evaluación sumativa”, constituida por una o varias pruebas “objetivas”, “instantáneas”, tiene otra función que, aunque complementaria de la formativa, no se identifica con ella. Lo ideal sería que esas pruebas fuesen lo más objetivas posible, de manera que el alumnado supiese de antemano lo que se le pide y no hubiese lugar a sorpresas. Entiendo que la e. sumativa va cobrando cada vez mayor importancia a medida que la persona va creciendo. De hecho, ¿alguien se fiaría de un médico (ejemplo tópico) que no hubiese demostrado de alguna manera objetiva y fiable que tiene conocimientos suficientes, con independencia de su esfuerzo, buena disposición, etc.?
    En Inglaterra tienen toda una serie de “exámenes oficiales”, independientes de los centros, más o menos equivalentes a las antiguas reválidas. A pesar de haber sufrido dos (más la prueba de Preuniversitario), no creo que vengan mal… si están bien hechas.
    En resumen, creo que los exámenes son necesarios, incluso para quien se examina. A diferencia de Júcaro, no creo absurdo poner el mismo examen a personas diferentes, siepre que ese examen verse sobre los aspectos básicos necesarios para poder afirmar que la persona conoce una materia.
    Por supuesto, las pruebas han de estar bien planificadas y bien construidas. Incluso las de “tipo test” pueden dar muy buen resultado, claro que construir un test medianamente decente no es labor fácil.
    Lo que sí habría que erradicar (creo que ahí reside la “examenitis”) es la tensión que se genera (generamos todos) en torno a los exámenes…
    Dice Montse algo que es muy importante: la memoria comprensiva no es mala. Yo añadiría que, sin memoria, no hay aprendizaje. Evidentemente, pedir al alumno que “repita” (¿regurgite?) lo que previamente se le ha suministrado es una pérdida de tiempo y una falta de respeto a la persona del alumno.
    Al final, en mi opinión, lo que dice Mary es cierto: la cultura es lo que queda tras el olvido… pero, si no hay aprendizaje real (que incluye, como mínimo, conocimientos básicos y ejercicio crítico), tampoco hay olvido, tampoco hay cultura…
    En fin, es obvio que no se me puede dejar suelto… Insisto en que todo lo dicho no son más que opiniones, fundadas quizá en la experiencia, pero simples opiniones. Perdonad el rollo. Saludos

  13. Júcaro: Gracias a ti. Enriquecen este blog tus aportaciones como padre, y me parece fantástico que leas lo que vamos dejando por aquí los/as docentes. Lo dicho, gracias a ti. Aprenderemos con tus comentarios, seguro.

    Montse: yo no estoy tan convencido de la necesidad de los exámenes, al menos en mi experiencia. En más de una asignatura de las que doy, no hacemos ninguno, lo que obliga a un trabajo diario de evaluación del proceso, que seguro que haces tú también. Como decía Carmebarba en su comentario, predisponen demasiado negativamente a los/as alumnos/as. Supongo que dependerá del tipo de alumnado. Con los míos, estoy convencido de que aprenden igual, o más, sin hacer exámenes, o, en el peor de los casos, no haciendo exámenes “importantes”.

    Mary: Ya veo cómo ofreces niveles a la hora de plantearte la necesidad o no, y eso me ha encantado. Como me alegro muchísimo de que te quedaras con aquella idea de cultura que, paradójicamente, a mí se me había olvidado 😉 Estoy convencido de que, sin exámenes de ningún tipo, aquella clase tuvo una razonable formación en Antropología. Obviamente en Filosofía teníais Selectividad detrás, y había poco remedio.

    Illaq: No he leido ni un sólo comentario tuyo en este u otro blog que sea un rollo, así que no tienes nada por lo que disculparte, justo al revés, siempre haces comentarios sensatos a más no poder. Voy al grano. En la diferencia entre los dos tipos de evaluación de que hablas puede que estribe el meollo del asunto. No ha salido demasiado en los comentarios lo que vemos a diario en los institutos. Resulta que aquí coincidimos profesores/as que llegamos a nuestros blogs por afinidades de distinto tipo. Pero ¿nos callamos lo que vemos hacer a los/as demás? ¿O no hay un abuso descarado de los exámenes en los institutos? ¿Y no es eso una forma de obviar la evaluación formativa? El profesorado, en general, seguro que no en el caso de Montse, suelta exámenes para que le repitan cosas, no para evaluar el proceso.

    Saludos y gracias a todos/as.

  14. Bueno, aquí va mi opinión de estudiante.

    Aprendo mucho más por mi cuenta, me considero bastante autodidacta. Antes no, hasta 4º de ESO mi principal objetivo eran los exámenes (aunque tampoco me agobiaba mucho por ellos) y las notas, desde entonces me he vuelto un tipo raro que pasa de exámenes y sufre una extraña avidez de conocimiento. Soy incapaz de memorizar mecanicamente algo (ni mi DNI ni las tablas de multiplicar ni la tabla periódica, de la que tuve que idear un cuento para olvidar tras el examen). Dado esto, los exámenes cada vez han causado más desidia en mí.

    Me ilusioné cuando en bachillerato nos dijeron que iban a cambiar, que ya no era estudiar sino una prueba de madurez (yo llamo a las correcciones de comentarios que eran pruebas de madurez supuestamente correcciones de correcta -valga la rebuznancia- aplicación de plantillas predeterminadas, sea cual fuere el texto, el enfoque o el estilo).

    En segundo fue la apoteosis, me cogí un enorme rebote y no me preparé selectividad. Además, hice constar mi enfado en cada examen de selectividad que realicé, en uno, entrando a saco con la estructura de los propios exámenes, saqué un 4.5, en otros, haciendo lo mismo, un 8.5. Comparando con compañeros, me subió y aumentó la rabia, ¿por qué demonios una maldita décima en unas correcciones a vuela pluma y totalmente parciales pueden decidir tu futuro?

    Ahora, en la universidad, sin haber hecho aún ningún examen serio (hasta enero) pues más de lo mismo, pero a mayor escala: paso de exámenes, paso de notas, de ir a clases si son una pérdida de tiempo, prefiero estar en la biblioteca, preparándome un trabajo que con la mitad de tiempo invertido sacaría la misma nota, pero simplemente por el mero hecho de aprender, o leyendo cosas (una pena que sea de los pocos de mi que piensa así, ha sido una gran desilusión la universidad, la verdad, como un bachillerato alargado tanto por profesores, como y sobre todo por los alumnos).

    Hasta en los idiomas los exámenes son inútiles. Y digo que son inútiles los escritos o la manera en que actualmente se hacen los exámenes. Claro, son un mal menor, puesto que con idiomas si fueran grupos de 5 personas estamos de acuerdo en que se va aprendiendo sobre la marcha, pero con grupos de 30 pues es necesario hacer exámenes, y así con todo.

    Me huelo desde lejos un batacazo este enero por mi parte en algunas asignaturas, pero por ahora estoy cumpliendo conmigo mismo, a mi bola y sintiedo que lo que hago sirve para algo. “Doceo delectare”, que lo aprendí leyendo, lo entendí de tertulia y lo reencontré preparando una memoria sobre el románico que mientras la gente se servía de los apuntes y del libro de bachillerato (como mucho, porque no era importante) yo me bajaba los anales de historia del arte, inundaba mi cuarto de bibliografía y recordaba cierto viaje a Toledo.

    Un saludete, y perdonad el rollo, escrito casi sin pensar, supongo que lleno de tópicos y con cierto olor a pataleta (que lo es, aunque llena de resignación).

  15. Los exámenes… Ciertamente, cuando era estudiante, me generaban mucho mucho estrés. Cuando comencé en esto de ser profesor, tiré por lo malo conocido, y me dediqué a los exámenes, cómo no. Era un método de evaluar fácil de implementar, poco costoso salvo algún momento puntual, impersonal (y así no me comía la cabeza), etc. Pero luego empiezas a estar más en tu salsa, el aterrizaje ya no es reciente, y piensas en tus propias formas. El caso es que sigo haciendo exámenes, pero menos, o los hago de formas diferentes (el año pasado, probé por parejas, o dando las preguntas de antemano, o informando de dónde iba a sacar las preguntas, todas…). Y añado trabajos (¿en matemáticas? Pero ¿qué hacemos? me dicen mis alumnos), comentarios de textos históricos, elaboración de glosarios o apuntes “de todos para todos”… Evalúo ejercicios individualmente con ellos, a modo de tutoría-evaluadora… Pero no me quito de encima el examen, aunque le he reducido bastante el peso. “¿No temes que no acaben aprendiendo lo que necesitan?”, me preguntan a veces. Pues sí, pero tampoco el examen me daba esa inseguridad, y preiero explorar otras vías. Reconozco que no he encontrado aún la fórmula, pero sigo buscando, claro…
    Y este mundo virtual me ha proporcionado ya mucho…

    ¡Un saludito!

  16. Guybrush, creo que hay un párrafo de tu comentario que vale su peso… ¡qué se yo!… ¿en titanio?… En mi opinión, uno de los problemas gordos de la “evaluación sumativa” es la falta de validez y de fiabilidad. Y ese par de faltillas de nada puede influir decisivamente en el futuro de las personas. Ya decía en mi comentario anterior que considero necesarios los exámenes o, mejor, las pruebas (incluyendo trabajos y cualquier otra clase de ellas), porque los examinadores tienen que decirnos a la “sociedad” si los alumnos tienen conocimientos suficientes de lo que sea. Tenemos derecho a saberlo, porque luego tendremos que fiarnos de esas personas. La cuestión fundamental es si realmente podemos fiarnos o no. Es preciso, por tanto, que las pruebas reúnan una mínima validez y una mínima fiabilidad, lo que implica que los examinadores sepan cómo calibrar ambas… y me temo que muchos no lo saben (¿formación?…).
    Todo esto, por supuesto, no es suficiente para que el alumno pueda validar su propio progreso. De ahí la necesidad de esa “evaluación formativa”, que puede adoptar muchas formas y en la que, necesariamente, tiene que participar el propio alumno…
    Bueno, al menos, así lo entiendo.

  17. Es realmente una pena, una pena que estudiantes como Guybrush tengan esa percepción de la educación que están recibiendo, una pena de que no todos se lo planteen y busquen como lo hace Fernando. Un desastre mayúsculo, que posiblemente tenga que ver con la formación como apunta Illaq, y que está dejando por el camino alumnos verdaderamente valiosos, como decía arriba Jose. Suscribo lo que afirma Illaq: la experiencia de Guybrush es realmente significativa. Y no es un problema menor. Asco me da que echemos tantos balones fuera o al tejado del legislador, que tanto nos importe ahora cómo puñetas se las apañan en Finlandia. ¿Podemos mejorar esto o no? ¿Realmente nos lo impide alguna ley? Porque todos sabemos que, para lo que interesa, mandamos la ley a hacer puñetas.

    Y perdonad el cabreo. Mañana tengo evaluaciones, pasado mañana también, y ya me estoy poniendo de mal humor por lo que me temo que voy a ver.

    Saludos.

  18. Ojo, no todas las asignaturas que curso, menos mal, son así, incluso tengo alguna que no tiene examen si no quieres (¡!). Y es curioso, porque esas asignaturas (con las que más disfruto, me entusiasmo y aprendo) se corresponden con la carrera con menos futuro (al menos según la conveción establecida por la sociedad) de las dos que estoy haciendo.

    En fin, soy un tipo optimista y si me veo con algo deficiente o que no me da lo que quiero/necesito, yo me lo suelo construir.

    Un segundo saludete.

    pd: me encanta leeros, lo cual demuestra (junto con mi experiencia también) que también hay buenos y grandes profesores.

    pd2: Juanjo, ánimo con las sesiones de evaluación; cuando era delegado me encantaba que me echaran cuando empezaba “lo bueno” (el cotilleo puro y duro, supongo y según me han comentado después), ese mismo acto de repudia al alumnado convertido en hecho era la mejor queja que pudiera haberse argumentado contra el mismo sentido de las sesiones de evaluación. La paradoja hecha presencia.

  19. Uf, Guybrush, si yo te contara de una determinada sesión de evaluación de hace más o menos siete años… en un instituto en el que veo que has estado…

    Autoconstrucción, tú lo has dicho, de ese todo del que te veo escribir escribiéndote.

    Otro saludo.

    P.D.: No te quepa duda de que el que disfuta leyéndote soy yo, por la forma y por el fondo, y por tu blog. Y gracias por los ánimos, no me queda otra que tenerlos, especialmente este año.

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