¿Quiénes son?

Lamentable o afortunadamente, según la época del año, vivo en el centro de Sevilla. Llego ahora mismo de la calle, después de una tarde dedicada a algunas compras “de urgencia”: tabaco, comida para mi gata, y poco más.

El espectáculo que se desarrolla estos días en las calles me ha hecho preguntarme varias veces: ¿quiénes son? ¿Quiénes estos de aquí que se lanzan a esnifar perfumes como si estuvieran poseídos repentinamente por el síndrome de abstinencia de las fragancias embotelladas? ¿Quiénes aquellos que hacen colas interminables en los cajeros automáticos? ¿Estarán los bancos regalando dinero y no me he enterado? ¿Y esos otros que se han apuntado a la competición? Sí, debe haber un campeonato de porteadores de bolsas de plástico a rebosar. Los miro y no los entiendo. No reconozco a los que vienen empujando por la calle, a menudo con aspecto de señores y señoras de cierta edad que a buen seguro que, en sus ratos libres, pueden participar en cualquier partido de rugby profesional. Ni tampoco tengo ni idea de qué especie son todos esos que quieren colarse en todas las colas. ¿Creen que son invisibles? ¿Qué hacen todos aquellos que esperan eternidades para que les envuelvan cualquier cosa con un papel con el logotipo de un centro comercial? ¿Es una invasión de extraterrestres papirófilos?

¿Han perdido el sentido del oído esa nueva especie a la que veo mantener conversaciones en un volumen que cualquiera diría que están a millones de kilómetros de distancia entre sí? ¿Ven bien todos esos que pretenden traspasarte agobiados por sus prisas? ¿Por qué comen castañas asadas? ¿Son buenas las castañas asadas para empujar mejor, para gritar más, para llevar más bolsas, para colarse en las colas? Debe haber una invasión por aquí, y no tengo ni idea de quiénes son. No sé tú.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Pues a ver si tú y yo, querido Juan José, nos sumamos a todas esas personas algún día entre el 21 de diciembre y el 5 de enero, fechas en las que estaré en Sevilla, en un bar, tomándonos un refresquito (yo soy abstemio) y una tapita. Y si los alrededores del centro están masificados, nos buscamos una tasquita por otro sitio. Un fuerte abrazo.

  2. María

    Probablemente somos personas sin tú capacidad de ver los problemas de la educación, y del mundo, y sin tú capacidad de dedicar nuestro tiempo e inteligencia a arreglarlos. Somos un grupo de personas superficiales y consumistas que disfrutamos de una época del año, por desgracia cada vez mas comercial, que es la Navidad.
    Todos los empujones, las colas y el dispendio económico se nos olvida cuando vemos la carita de nuestros seres queridos, sobre todo de los niños, disfrutando de las fiestas familiares o abriendo sus regalos.
    Espero que los de tu mundo sean la mitad de felices de lo que lo somos los “invasores”
    Un saludo.
    PD: Las castañas asadas están buenísimas y hervidas con anís mejor todavía.

  3. Ricardo: me das una alegría. No te quepa duda de que nos vemos en breve. Un fortísimo abrazo.

    María: te equivocas, no es cuestión de capacidad, es cuestión de intenciones. No dedico más tiempo que nadie a intentar hacerlo lo mejor que entiendo en mi pequeña parcela. Si los empujones y las colas te compensan, me alegro por ti, porque si encima no te compensaran ya sería digno de estudio. Mi mundo, efectivamente, es otro, el del otro lado de la permanente trampa capitalista. Y efectivamente, habéis invadido, por ejemplo, al Tercer Mundo, a los marginados, a los que no pueden recibir regalos, a todos aquellos para los que, simplemente comer, es ya un regalo, y una sorpresa que viene sin lazo debajo de ningún árbol. Pregúntales a ellos si son la mitad de felices que los de tu lado.

  4. Por cierto, Juan José, algún que otro día disfruto mucho, como un “invasor” más, moviéndome por las calles, especialmente de nuestra Sevilla. Me parece que estás algo afectado de ver a tantísima gente por el centro, pupulando tan cerca de tu casa. Llevo años deseando comprarme una guitarra acústica o una eléctrica que, al final, por no consumir de aquello de lo que no tengo necesidad, no llego a disfrutar. Estoy con María, en que la ilusión de nuestros queridos niños es importantísima y bien merece una cola y alguna que otra apretura. Si el consumo es responsable y dentro de las propias posibilidades, mejor que mejor. Las castañas asadas están buenísimas, con anís no las he probado ni creo que lo haga ¿qué tienen de malo? Espero que no digas ahora que no nos podemos tomar unas tapitas, que te voy a llevar una cinta de hace casi 20 años que te va a interesar mucho escuchar. Como poco, te vas a reír un ratito. Otro abrazo.

  5. María

    ¡Que bonito!Ahora nos contarás que cedes la mitad de tu sueldo a los necesitados, y el resto a tabaco y comida de gatos…..además de ahorrar para volver al tercer mundo (Nueva York)

  6. Ricardo: evidentemente, lo de las castañas no es el objetivo principal del post… Digo yo, vamos, que algo de sentido del humor queda ¿no? Por otro lado, no creo en esa actitud, ni de lejos. En cualquier caso, es una opción, la compra compulsiva travestida de benevolencia con la infancia. Vale, yo no lo hago, y además me produce extrañeza y sensación de invasión.

    Lo de las tapitas, no te quepa duda de que lo hacemos. Deseando estoy escuchar esa cinta, espero que no se me escape ningún triste lamento 😉 Un fuerte abrazo, amigo.

    María: pese a que el tono de tu comentario comienza a ser, como mínimo, improcedente, lo dejaré aquí. Pero ¿percibes algún término medio entre la compra compulsiva y la entrega absoluta de todo a los demás? Ni idea tienes, pero sin embargo te permites comentar, de a qué puñetas voy yo a Nueva York, así que te agradeceré que moderes mínimamente tus comentarios. El próximo en ese tono lo elimino.

  7. Seo

    Es increíble como alguien puede tomarse de un modo tan personal una crítica reflexiva acerca de según qué tradiciones o, como lo llama un profesor, lo “obvio, espontaneo y natural”.

  8. Totalmente de acuerdo, Seo. Me pilla hoy con el blog abierto, y está pareciendo un chat. Tampoco yo entiendo ese modo tan “personal”. En fin, ella sabrá.

  9. Ve menos que un ciego el que no quiere ver. Hay que ver lo que hace sobre las mentes y las miradas la religión del consumo y sus sacerdotes. Las cuestiones (y más los cuestionamientos) personales sobran aquí, a no ser para fijar la perspectiva de un observador móvil que analiza su personal vivencia, lo que hace magníficamente Juanjo en este post. Poco o nada nos importa, por ejemplo, la incoherencia personal de Rousseau para reflexionar sobre sus análisis y propuestas sobre la sociedad del Antiguo Régimen.

  10. Una vez más nos sentimos extrañas/os, ¿verdad Juanjo? Y parece que a la gente le molesta que pongamos en tela de juicio nuestro establecido modo de vida. Algunas/os son peor que mis alumnas/os que en lugar de atender a la validez o no del argumento y la reflexión se dedican a juzgarme, en este caso juzgarte, como persona. Pues le digo una cosa, sea lo que sea Juanjo, aunque sea el hombre más perverso, egoísta, malo, dictador, prepotente… de la tierra (hipótesis, ¡eh!, sé que no es así) eso no justifica todo lo malo que se hace en el mundo, lo haga quien lo haga.

    Estoy harta de la gente que en lugar de razonar se dedica a los ataques personales. Se ve que escuece lo que dices Juanjo, pues que siga escociendo. Juanjo, un abrazo y pasa no argumentes a quien no quiere argumentos, es inútil. Saludos, Montse

  11. Por cierto, hoy es el 59 aniversario de la Declaración Univesal de los Derechos Humanos. Hace ya más de 10 años, cuando trabajaba en Logroño, una alumna hizo un trabajo sobre el tema que me impactó sólo con la portada. Decía así: Derechos Humanos, ¿hipocresía o estamos locos? Era una alumna de 4º de ESO, luego dicen que no hay nivel, ¡cuántas/os quisieran llegar sólo a plantearse eso!

    Más saludos y sigo con los agobios de las correcciones de exámenes, ¡qué rollo! No me ha dado tiempo ni a participar en nuestro tercer CIO, así que imagina. Saludos, Montse

  12. Juanjo: Sorprendido por la reacción insolente de la lectora por unas líneas tan elementales, tan de cajón como diría mi abuelo,como las que dedicas al espectáculo consumistas de estos tiempos.

    Saludos

  13. Manuel Sanz

    María: Si no tienes capacidad para ver los problemas de la educación y del mundo, es bastante triste. Ya te defines.
    Pero veo que si tienes bastante “sensibilidad” para ver la carita dichosa de tus niños cuando ven el árbol de Navidad repleto de regalos, muchos, muchos regalos porque, cuánto más regalos les pongas más felices serán. Esa es tu felicidad ¿no?.
    Claro, como tu bien dices, los de “tu mundo” (nuestro mundo)que estamos en contra del consumismo exacerbado, no aportamos felicidad a nuestros hijos. ¿Qué le vamos hacer?.
    Nada, sigue con tus castañas asadas con anis, pensando en tu magnífico mundo.
    Saludos

  14. Juanjo, me parece que has pintado una especie de “instantánea de la calle” a vista de extraterrestre. El caso es que no veo en el post ningún juicio de valor. Sí hay una “petición de juicio”, pero no un juicio como tal. En consecuencia, no comprendo la visceral reacción de María.
    Personalmente, no puedo decir que no participe de alguna manera en ese maremágnum, pero, aún así, me cuesta sumergirme en esa masa incómoda en la que resulta difícil incluso hacer lo que uno pretende.
    Quizá la clave del fenómeno que se repite cada año esté en lo que acaba de decir Manuel: es imposible que esa cantidad desmesurada de “cosas” que, a veces, se regalan den felicidad. La felicidad -creo- es otra cosa. Quizá hubiese que recordar ese hermoso libro de Erich Fromm: “Tener o ser” o, incluso, recordar el acontecimiento que, no sé cómo, ha dado pie a este despropósito anual: la Navidad. El relato bíblico es la antítesis del lío que cuenta Juanjo.
    En el post anterior se hablaba de Albert Bandura… No me gustan los argumentos de autoridad, pero, en este caso, transcribo un párrafo de su “Teoría del aprendizaje social” (año 1976) porque coincido plenamente en su idea y lo escribe con más estilo que yo: “Cuando las consecuencias aversivas de lo que de otra forma serían estilos de vida gratificantes se demoran y acumulan progresivamente de una forma imperceptible, las personas se convierten en agentes voluntarios de su propia autodestrucción”.
    Saludos

  15. Bueno, lo cierto es que estamos tan inmersos en esta sociedad capitalista y consumista, aunque nos pese, que todos en algún momento irremediablemente nos vemos obligados a participar de ello. Unos lo hacen cuando es irremediable y otros lo hacemos más a manudo. En fin, cada cual es feliz a su manera, y todas las formas de felicidad son respetable siempre que se respete e los demás. Creo que todas las opiniones respetuosas son respetables, valga la redundancia, y que para opinar no hace falta alcanzar ciertos tonos. No debemos tomarnos las cosas de modo tan personal, y quien lo haga mejor que no visite estos sitios, porque se tarta precisamente de conocer mejor a los demás y su forma de pensar.
    saludos!!

  16. El año pasado por estas fechas sacó el mordaz dibujante EL Roto una viñeta donde un paseante recorría una calle iluminada y llena de gente :El texto decía algo así como “A las incubadoras de consumo le llaman ahora luces de navidad”.Una aguda observación. La excitación lumínica despierta el deseo consumista. Los comerciantes lo saben y quieren luces, miles de luces y bombillitas de colores como los pollos de las granjas avícolas comen y engordan dia y noche al calor y “estímulo” de las luces sobre sus cabezas. Al carajo el efecto invernadero y el ahorro energético. LLenemos la nevera y el ropero y contagiénosno de falso sentimentalismo cristiano. Es Navidad, go home.

  17. Clepsidra

    Curioso, surge la polémica y aumenta el número de comentarios. Y menos mal que el post es inofensivo y con sentido del humor, además de cierto, pero en fin, la pena es que las discrepancias no se argumenten razonadamente. Saludos.

    P.D.: las castañas calentitas están muy buenas, como el pucherito en la feria, al fin y al cabo no son bienes de lujo, jeje.

  18. Pingback: ¿Quiénes son? (II): La Navidad según El Roto « Efervescente2H

  19. Muchísimas gracias a tod@s los que habéis entendido lo que dice el post. No tiene precio leer vuestros comentarios, y justo por eso, no se pueden comprar. Mira por dónde al omnívoro mercado algo se le escapa, este tipo de momentos de felicidad (¿a que sí Manuel Sanz?) de compartir lo que no tiene precio. Deja uno de sentirse extraño, ¿verdad Montse?, sabiendo que somos más de uno resistiendo, en mayor o menor medida, a estos invasores de metros cuadrados y conciencias.
    Illaq: una vez más tu “antiautodestructiva” recomendación la anoto y la tengo muy en cuenta, a ver si voy a algún centro comercial a comprar tiempo ;), o si lo encuentro a base de no gastarlo en comprar, que todo puede ser.

    Muchísimas gracias a tod@s, os aseguro que ayudan vuestros comentarios, aprendo muchísimo.
    ¡Saludos!

  20. ¡¡ Este post tiene castaña !! aunque alguna comentarista se haya pasado de “castaño oscuro”. Pero has sacado con lucidez y valentía “las castañas del fuego”. Un cordial saludo, de Manu el Piel “Castaña” casi roja.
    Y como dice el refranero puñetero, “de casta(ña) le viene al galgo”. Y como estoy en vena y a tenor por el grado de consumismo , bienestar y culto al ego y el “cuerpo danone” de una gran “mayoría” de “españoles” propongo un cambio para nuestra piel de toro: SPA-ña.

  21. Pingback: Boul » A lo mejor no es para tanto... o s? · Blog de boulesis.com · Filosofia, deliberacion y pensamiento

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