Crónicas de la dirección de un instituto (IV): ¿La dirección como panóptico?

Sonó el timbre y se levantó, empujando levemente la mesa hacia adelante. Tiene trece años y no valoró las consecuencias de su inocente gesto. Nada menos que acababa de provocar la tremenda catástrofe que suponía que se aflojara un tornillo, el de la esquina de la sexta mesa del aula de desdoble del pasillo de la primera planta… y el director no se había enterado.

A la vez (todas las desgracias llegan juntas) en el patio, una cáscara de pipa con sal, embolsada en Marchena, se estrellaba violentamente contra el suelo, ayudada por la fuerza de la gravedad, pero descaradamente impulsada hacia el centro de la Tierra por la mano culpable de un menor de catorce años. Y el director, en su evidente ceguera, no lo percibe…

Una de las primeras sensaciones que a uno le provoca esto de dirigir un instituto es la de que buena parte de la comunidad educativa le convierte en una especie de vigilante de un panóptico. Y en un sentido doble, el del deseo y la convicción: quieren que lo veas absolutamente todo (serás por tanto testigo, juez y verdugo de cada milésima de segundo) y están convencidos de que antes de que una mínima hierba brote junto al muro, en el fondo del patio, el director ya lo había visto.

Pues no, no lo ves todo. Y aunque es obligación y convicción intentar estar pendiente del bosque y los árboles, hay cosas que la dirección de un instituto no debe ver. Dirás que eso depende de la forma de entender la dirección, y puede que así sea. Y puede que pienses que esto es mirar hacia otro lado para tapar errores propios no percibiendo lo ajeno. Pero no lo es. Y no lo es porque a nada que se entiendan las estrategias de miradas en un instituto, te das cuenta de que la necesidad de visibilizar hasta el deslumbre el mínimo detalle responde a un mecanismo de distracción y desenfoque de una perspectiva general. Ves el todo y sus partes, pero no todas las partes de las partes de las partes. A no ser que vayas con un microscopio por los pasillos del panóptico, en el que el vigilado se construye en el mismo acto de la vigilancia. Y es ésa una de las claras constataciones de todo esto: es precisamente el vigilado el que necesita la mirada del vigilante.

Dicho de otra forma: no se ve mejor por mirar más, hay otras estrategias, otras formas de ver. Por eso, en poco tiempo, terminas por darte cuenta de que el tornillo que falta no es precisamente ése que se había aflojado en la esquina de la sexta mesa del aula de desdoble del pasillo de la primera planta. Y es ése el que hay que ver.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. ¡Pero que bien escribes!
    El otro día en un curso de formación de directores en prácticas, alguien dijo algo muy simpático…”un buen director/a tiene que ser bombero y torero”
    ¡Piénsalo porque creo que da en el clavo!

  2. ¡Gracias Sra. Directora!
    Lo de bombero implica la posibilidad de “quemarse” ¿no? Y lo de torero la de que te den una cornada. Supongo que ser bombero-torero es algo así como torear un toro de fuego de ésos que maltratan en algunos sitios…

    En serio, lo pensaré María. Saludos.

  3. ¡¡Te equivocas Sr. Director!!
    BOMBERO para apagar los fuegos que puedan aparecer tanto internos como externos y TORERO para poder capotearlos, torearlos y al final salir por la puerta grande…:)
    (Borra el comentario anterior… le he dado a enviar antes de tiempo….¡el fuego!

  4. ¿Me equivoco Sra. Directora? Con no salir por la puerta de la enfermería me doy más que por satisfecho. Lo que no sé es quién el toro y quién el torero… 😉

  5. No sé si me equivoco, pero creo que para la mayoría de las profesoras y los profesores un buen director no es el que quiere educar convenciendo sino el que mantiene el orden aunque sea por la fuerza. No creo que eso vaya mucho contigo Juanjo, por eso, presumo que tendrás problemas y no precisamente con las alumnas y los alumnos.

    Ánimo, un saludo, Montse

  6. Muchísimas gracias, Montse. Has dado en el clavo, aunque afortunadamente con mis compañer@s no tengo problemas. Pero lo que dices del orden es totalmente cierto.

    ¡Un saludo!

  7. J. A. Pérez

    Interesantísima reflexión sobre el panóptico escolar.

    Las estructuras de control (físicas -arquitectura- o psicológicas y simbólicas) tienen tal efecto que el vigilado acaba interiorizando el modelo de control hasta el punto de autoreprimirse y autocensurarse por creer que puede estar siendo vigilado (aunque en ese momento no lo esté). El miedo acaba siendo interiorizado.

    Un abrazo, Juanjo.

  8. Más claro que lo dices, J.A., imposible. “Vigilar y castigar”, de Foucault, debería ser lectura obligatoria para el profesorado. Siempre lo he pensado.
    Un abrazo, J.A.

  9. “El todo sólo es igual a la suma de las partes cuando las partes se ignoran entre sí”. Creo que del que hablas es un todo bastante complejo, y en el que todas las partes son importantes si queremos entender ese “todo”. Cuando las partes caminan en armonía, el todo llega a buen puerto. Seguro.
    Un abrazo

  10. Mary, no había pensado en la frase que citas, todo un resumen de lo que vengo viendo últimamente.
    ¡Un abrazo!

  11. Garum

    Una vez más genial tocayo…
    Como verás mis comentarios llegan con “algún” retraso, que no ha sido intencionado…

    Un abrazo,

    Garum

  12. Jejeje, gracias Garum… un abrazo. ¿Retraso intencionado? Ya me lo explicarás, artista.

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