El complejo de Sísifo en la educación

Sé que es un mito, y conozco el ensayo de Albert Camus. Pero hablo de “complejo” con toda la intención. El caso es que esta misma mañana me comentaba un buen compañero: “Juanjo, sin la ayuda de los padres es imposible educar”. Para que quedara clara la cuestión volvía a sentenciar: “imposible, totalmente imposible”. Ignoro si en el universo de la posibilidades hay algún tipo de diferencia de grado, cuantitativa o cualitativa, entre la imposibilidad y la total imposibilidad, a mí me parecen situaciones a todas luces indistinguibles. Pero, ¿es verdad lo que me decía?

Todo profesor ha tenido más de una vez, creo, la sensación de que la tarea desempeñada bordea lo inútil. Mientras esa sensación sea puntual no sucede nada. El día siguiente se vuelve a intentar como si el de ayer no hubiera ocurrido, como si viviéramos en un eterno presente que mira al futuro, sin pasado.

Veo a mis alumnos a diario desorientados entre un contexto de delincuencia, droga y marginalidad extrema, por un lado, y por otro un bombardeo igualmente indecente de dinero fácil, estupideces seriadas, casquería televisiva, crónicas barriobajeras pero bien pagadas de todo tipo de sospechosos y poco meritorios personajillos, etc. A la sociedad, así, en su conjunto, le importa cuatro leches la educación, los profesores, los alumnos, los barrios marginales, los valores, porque vive en un huero presente de aceleración monetaria. Sevilla no soportaría que en Las Tres Mil Viviendas se dejara de vender droga, porque no está dispuesta a encontrar miles de “enganchaos” buscando desesperadamente por toda la ciudad un nuevo lugar de avituallamiento, una nueva sucursal del gran supermercado de los psicotrópicos. Esos “sísifos” de lo intravenoso sí consiguen su tarea. Suben su piedra, y arriba la queman y se la fuman.

Mientras tanto, en los otros tenderetes de este salvaje mercado, la sociedad, los individuos que la formamos, nos estamos vendiendo a chorros, olvidando con descaro lo verdaderamente importante. Creo, cada vez más firmemente, que no cambiamos todo tipo de productos por dinero. Es mentira. Cada pago no es monetario. Estamos vendiendo nuestra libertad, nuestra individualidad, dejando de ser sujetos para convertirnos en complementos circunstanciales.

Y en medio de este desconcierto, la educación. Mis alumnos, y yo con ellos, somos Sísifo. Ojalá pudiera garantizarles que van a conseguirlo, porque estoy empezando a cansarme de alabar tareas voluntaristas. No, no me lo creo. O la piedra llega arriba y el día, la semana o el mes siguiente, se hace otra cosa o estamos haciendo una idiotez de campeonato, y mejor será tirársela a la cara a una sociedad que necesita enclaustrar la marginalidad. Y lo que es peor: me temo que un peligroso mecanismo de tranquilización masiva de conciencias pretende hacernos creer que en una bicicleta estática podemos disfrutar de un paseo y que en una cinta andadora nos desplazamos hacia adelante. La máxima del liberalismo salvaje que viene a decir que la cebra que menos corre se la come el cocodrilo ignora varias cosas. Entre otras que no somos cebras y que el cocodrilo forma parte de la manada.

La respuesta a mi compañero está muy clara. Esos padres de los que hablas ¿qué padres tuvieron? La miseria se reproduce en los estrechos límites geográficos en que nos interesa que lo haga.

Actualización: me ha parecido un fantástico complemento al post este oportunísimo comentario aquí de Jose María:

Yo, por desgracia, soy pesimista Juanjo. Las clases privilegiadas han aprendido mucho en el último siglo y ya saben que es imposible defender sus privilegios sin ayuda así que se han dedicado a educar y alimentar con mimos a esta clase media pasiva, conformista y ludópata a la que pertenecemos la mayoría y que actuamos como muro de contención entre ellos y los que no tienen nada. La educación es, y tu lo sabes, otro mecanismo más para perpetuar sus privilegios y como negarle la educación a un sector de la población estaría muy mal visto es necesario que exista una educación “sin resultados” para que esas cebras cojas destinadas a servir de alimento a los cocodrilos no desaparezcan. Sin ellas el invento no funcionaría. De cada dos de tus alumnos que consigan subir la piedra a la colina y pasen a engrosar la clase media uno de ellos (tal vez los dos) se olvidará de donde ha salido y cuatro inmigrantes ocuparan sus sitios en la parte baja del ecosistema. Y desgraciadamente no tenemos mecanismos para cambiar esto.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Yo, por desgracia, soy pesimista Juanjo. Las clases privilegiadas han aprendido mucho en el último siglo y ya saben que es imposible defender sus privilegios sin ayuda así que se han dedicado a educar y alimentar con mimos a esta clase media pasiva, conformista y ludópata a la que pertenecemos la mayoría y que actuamos como muro de contención entre ellos y los que no tienen nada. La educación es, y tu lo sabes, otro mecanismo más para perpetuar sus privilegios y como negarle la educación a un sector de la población estaría muy mal visto es necesario que exista una educación “sin resultados” para que esas cebras cojas destinadas a servir de alimento a los cocodrilos no desaparezcan. Sin ellas el invento no funcionaría. De cada dos de tus alumnos que consigan subir la piedra a la colina y pasen a engrosar la clase media uno de ellos (tal vez los dos) se olvidará de donde ha salido y cuatro inmigrantes ocuparan sus sitios en la parte baja del ecosistema. Y desgraciadamente no tenemos mecanismos para cambiar esto.

  2. No puedo decirlo mejor que tú, Jose María. Lo suscribo sin matices y lo añado al post porque me ha parecido que lo dices de una forma clarísima. Efectivamente, por más que nos empeñemos no tenemos mecanismos. Un saludo y muchísimas gracias.

  3. Es complicado. Ojalá fuera sólo un problema de educación, pero en la vida de una persona, en el camino hacia la cima con la piedra a cuestas, intervienen muchísimas cosas, no sólo esa piedrecita que es el colegio o el instituto. Y es imposible que una ayuda (como son los profesores) pueda empujar todas esas otras piedras. Eso tiene que hacerlo el mismo Sísifo (por cierto, son abundantes los temas recurrentes en la mitología griega: Sísifo, Kore y Perséfone, Prometeo…), podéis (podemos, todos) enseñar cómo llevar la piedra, pero no llevarla.

    Yo, como alumno, soy optimista y pesimista, al mismo tiempo. Depende de cómo me despierte, cómo de permisivo me encuentre y hacia dónde mire y cuánto restrinja esa mirada. La sociedad es demoledora, pero también necesaria, (hace poco hice un relato que trataba esto) ahora: ¿de este modo? No lo creo; hace poco leí esta frase, creo que por internet, no me acuerdo dónde (vaya) y me la apunté:
    «Sólo una época de discípulos puede dar una época de genios, puesto que sólo el que es primeramente capaz de escuchar y comprender crece en una madurez personal que le hará después capaz de juzgar y afrontar la realidad, hasta —eventualmente— abandonar lo que le había alimentado».
    Luigi Giussani. Educar es un riesgo.

    ¿Qué significa ser un genio? ¿Acaso no es la Sociedad quién los denomina así? ¿Es posible entonces ser discípulo y luego genio si esa realidad no los acepta como tal?

    La educación me parece importantísima, y el trabajo de un profesor (bien hecho, que esa es otra) admirable. Quizás haya que empezar por ahí, dándole el verdadero reconocimiento a la profesión.

  4. ártabro

    Desgraciadamente he conocido tu blog con el post final. El blog del instituto ya lo había visto alguna vez. Sobre las tres mil, fue el primer barrio de Sevilla del que tuve noticia y es conocido por toda Andalucía, o al menos, donde he vivido 6 años, El Puerto.

    Pero el tema son los chavales. Me gustaría en primer lugar animaros, pues que los profesores sigan con ganas de luchar en un insitituto de las 3000, o de cualquier barrio de casas baratas, es hoy día algo excepcional para tal y como recuerdo yo el “ambientillo” en los últimos años de mi ESO.
    Es cierto que el post de Jose Maria es genial aunque me dolió el final, la sentencia de “no tenemos mecanismos para cambair esto”. Entonces me pregunté, y te pregunto, ¿Cómo habláis de esos temas con los chavales? Es decir, ¿les explicais lo improbable de que lleguen a la u(U?…)niversidad, tengan un buen empleo y que su descendencia no continue viviendo en otras casas baratas? Y la clave, ¿les contais si saben que todo eso viene cuasi-determinado por que les han parido en las 3000 de Sevilla y no en el barrio de Salamanca de Madrid o en el Pedralbes de Barcelona?. En otras palabras, me pregunto si sería productivo explicarles temas como la plusvalía y demás marxismo a fondo. Al fin y al cabo, si el sistema no los quiere, o los quiere como esclavos, ¿por qué no explicarles como funciona el sistema incluso si eso significa que lo odien?. Tal vez fomentar este tipo de reacciones no sea contraproducente sino liberador. Me gustaría muchísimo saber que piensan, y probablemente hallan pensado, los profesores sobre el tema.

    Finalmente, y desde mi opinión personal, respecto a lo difícil de ver resultados por parte del profesorado, el problema fundamental para que los chavales de las 3000 “triunfen en la sociedad/sistema” (o lo que es lo mismo, que sus hijos, a diferencia de ellos, no se crien en un barrio con delincuencia y drogas) es apartarlos de ese propio ambiente. O lo que es lo mismo, creo que los padres, hermanos, vecinos, medios de comunicación,etc… todo su mundo, los predispone a seguir las vías necesarias para continuar en la clase baja. La única manera es apartarlos de esas influencias,y en el caso de un colegio,es que los niños estuviesen en el centro desde las 8 hasta las 21, aunque para ello, harían falta más profesores y recursos en general.
    De verdad, digo esto porque soy el primer universitario de mi familia gracias a los esfuerzos de mi madre, y de mis mejores amigos de cuando era pequeño la grandisima mayoria no han llegado a la universidad y muchos quieren ser mecánicos (ellas peluqueras o estudiar estétita)si es que quieren ser algo.

    En definitiva, si el sistema busca perpetuarles en su posición social, lo mejor será abrirles los ojos, ¿no?.

  5. Ártabro: Quizás he sido demasiado brusco y veo que hay bastante lugar a que se me malinterprete, pero no es eso exactamente lo que quería decir. Por supuesto que hay esperanzas para ellos y que el trabajo que se realiza en estos centros tiene sus frutos. Seguro que Juanjo puede dejar constancia de ello. Pero son éxitos y expectativas individuales no colectivos. Cuando digo que creo no tenemos mecanismos para cambiar esto me refiero al sistema en su conjunto. La sociedad actual precisa de mano de obra barata para que la economía funcione y “la mayoría” vivamos tal y como lo hacemos. Ojalá algún día haya expectativas e interes por cambiar esto pero se sincero contigo mismo y mira a tu alrededor ¿Crees que las personas de tu entorno estarían dispuestas a sacrificar parte de su calidad de vida para que los más desfavorecidos vivan un poco mejor?¿Le ves futuro a un partido político que declare la necesidad de subir los impuestos para hacer mejores políticas sociales?

  6. Ártabro: veo que José María te ha contestado y doy fe de lo que plantea. Hay, efectivanmente, éxitos puntuales y de esas esperanzas vivimos el día a día. No puedo decírles a todos que es imposible su éxito, porque sería mentirles, igual que sería mentirles decirles que es posible el éxito de todos. Aunque parezca un juego de palabras es la triste realidad. No voy a liberar a todos porque ese sistema del que hablas es mucho más fuerte que yo. Pero salvaremos a algunos. Por supuesto, me importa, muchísimo, que sean críticos, rebeldes, que sepan lo que hay. Pero ojo Ártabro: tienen como máximo 18 años. Sabes en la vida no todo puede entenderse con esa edad. Poco a poco.
    Saludos y gracias por tu tiempo.

    José María: no veo brusquedad en tus palabras, de hecho como has visto las añadí al post. Más brusco me parecería no decirlo, aunque suceda, callarse, aunque sea así. De todas formas gracias por aclarárselo a Ártabro. Saludos. Me ha encantado verte de nuevo por aquí.

  7. Guybrush: discrepo en algo. No es más importante darle reconocimiento a un profesor, si eso se entiende por prestigio social o económico, que desprestigiar de una santa vez actitudes mediocres socialmente, insolidarias, cobardes y rastreras. Dicho de otra forma, preferiría que se dejara de prestigiar la imbecilidad del egoísmo y el fundamentalismo del negocio.
    Saludos.

  8. Sí, pero lamentablemente como vivimos en esta sociedad si algo no tiene prestigio (social o económico, sobre todo este último) no es importante y no merece atención.
    Es la manera en que la gente ve las cosas, más que el enorme esfuerzo y la admirable labor, ven que los profesores tienen “más vacaciones que nadie” y demás lindezas.
    Si en vez de considerar algo prestigioso por lo económico se considerara por su importancia intrínseca, el egoísmo y el fundamentalismo del negocio dejarían de tener más prestigio que otras cuestiones verdaderamente importantes.

  9. Guybrush: tienes razón. Hablamos de lo mismo, es la misma actitud, yo sólo iba al origen, a lo genérico, será que soy de Filosofía. Gracias por tu comentario, por tu blog y por tu actitud, es un placer.
    Un saludo.

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