El capitalismo: ¿otra forma de canibalismo? A propósito de “El capitalismo como religión” de Walter Benjamin

Dos fotografías pueden hacernos pensar sobre esta nueva forma ritual de devorarnos unos a otros en la que nos vamos sumergiendo. Consumimos humanos, masticando su frustración, devorando su tiempo, matándolos a mordiscos de euros por hora, hirviéndolos en la olla que calienta el fuego del máximo beneficio. Es el capitalismo como religión del que habló Benjamin.

Foto por natunaga

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“Capitalismo es canibalismo”. Foto de tallarinesconmermelada

Lo que sigue es un comentario en profundidad del texto de Benjamin.

BENJAMIN, Walter, Capitalismo como religión, en Benjamin,W.,
Gesammelte Schriften, Suhrkampn Verlag, Frankfurt,
1972-1985, 6 Bands, en Vol.6, páginas 100-103.

El texto que a continuación voy a comentar es el titulado Capitalismo como religión, escrito por el “iluminador” pensador alemán Walter Benjamin (Berlín, 1892- Port Bou (Gerona), 1940). Este texto está incluido en el tomo sexto de las obras completas del pensador publicadas por la editorial alemana Suhrkamp, podemos encontrarlo en Benjamin, W., Gesammelte Schriften, Surkamp Verlag, Frankfurt, 1972-1985, 6 Bands, en Vol. 6, páginas 100-103. El texto en cuestión, escrito originalmente por Benjamin poco después de la primera guerra imperialista, no fue publicado hasta mucho después de la segunda. Para el presente comentario, vamos a servirnos de la traducción castellana del mencionado texto realizada por Luis Meana y aparecida en el diario El País el 20 septiembre de 1990.

Doctorado en la Universidad de Berna con una tesis sobre la crítica de arte en el romanticismo alemán, Walter Benjamin es considerado como un peculiar colaborador del Institut für Sozialforschung (Instituto de investigación social), generador de la corriente filosófica que conocemos como Escuela de Frankfurt, de la que podemos considerar a Benjamin en parte mentor y en parte disidente. Las teorías elaboradas por los miembros de este Instituto, creado en Alemania después de la primera guerra mundial por el interés que allí había despertado el marxismo, supondrán una sustancial revisión del pensamiento marxista.

Las relaciones de Benjamin con los miembros del Instituto -Horkheimer, Adorno fundamentalmente- fueron difíciles y complejas. En 1933 huyó de París no acompañando al exilio de Estados Unidos a los demás miembros del Instituto, pese a lo cual permanece en contacto epistolar con miembros de éste. Amenazado de ser entregado a la Gestapo por las autoridades franquistas españolas, se suicida (26-9-1940) cerca de la frontera con Francia habiendo ingerido una fuerte dosis de morfina. Esta no era, al parecer, su primera tentativa de suicidio. Dos años después de producía el primer traslado de judíos desde Francia hasta Auschwitz.

Pensador excluido de la vida académica, en 1925 presenta a la Universidad de Frankfurt un escrito de habilitación -El origen del drama barroco alemán- que será rechazado. Alemán que tiene que abandonar Alemania en 1933, su interés por la mística y teología judías no le impide mostrarse como un pensador influido por Lukács. Su entendimiento del marxismo, en cuyo estudio le inició la directora escénica Asja Lacis (1) -discípula de Piscator, creador del llamado teatro proletario- y al que se adhirió de manera más bien tardía y no sin un cierto distanciamiento, configura a Benjamin como un pensador cuyo marxismo se parece másal “mesiánico” y “hebraico” de Bloch -de quien fue amigo- que al “hegeliano” de Lukács.

En Capitalismo como religión nos encontramos, no obstante, con el Benjamin premarxista, ya que hasta 1929 no se produce en su pensamiento el denominado “viraje marxista” (2), si bien en él nunca se dio un marxismo ortodoxo. Ya entonces “luchaba por reconciliar su pensamiento teológico anterior con su más recientemente adquirida orientación política marxista” (3). A la incomprensión y soledad que sufrió contribuyó sin duda su arriesgado intento de síntesis entre el marxismo crítico y la mística judía. De esta dualidad teología-marxismo en su obra era Benjamin consciente y con frecuencia se referiría al “rostro de Jano” de su teoría, esquizofrenia intelectual que exasperaba a un Adorno que -amigo de Benjamin- se convertiría en el primero en editar, junto con Gershom Scholem, las obras maestras póstumas de Benjamin en la Alemania de posguerra. Sobre esta dualidad, el propio Scholem, en una carta dirigida a Benjamin en 1931, “advirtió a Benjamin para que no se convirtiera, si no en el último, “quizá en el más inexplicable sacrificio a la confusión entre religión y política””(4).

Desarrollando sus ideas como relaciones conceptuales más intuidas que explicitadas, Benjamin nos presenta en Capitalismo como religión un texto que no consiste en tesis o argumentos académicamente elaborados, sino en apuntes e intuiciones. Ello es el motivo para que prefiramos no efectuar una división tajante del texto en núcleos temáticos diferenciados. No obstante, la idea general que podemos considerar como articuladora del conjunto textual podríamos enunciarla del modo siguiente: el capitalismo es un fenómeno esencialmente religioso surgido como transformación del cristianismo en tiempos de la Reforma.

Suponiendo una mayor profundización en la caracterización del capitalismo como fenómeno religioso, en Capitalismo como religión, Benjamin no se conforma ya con el pensamiento weberiano. Max Weber, economista y sociólogo alemán (1864-1920), importante por sus estudios acerca de las relaciones entre la ética protestante y la economía, fue profesor en las Universidades de Berlín, Friburgo y Heidelberg. En las dos primeras -Berlín y Friburgo- estudió Benjamin. En esta profundización en la caracterización religiosa del capitalismo, a Benjamin no le basta ya con considerarlo, “como creía Weber, en cuanto forma condicionada religiosamente”, sino que lo observa “en cuanto fenómeno esencialmente religioso”.

Será este el argumento fundamental o idea principal de un texto que, girando en torno a él, apunta los rasgos fundamentales de la estructura religiosa del capitalismo, concibe su génesis como transformación del cristianismo de la época de la Reforma, y observa las teorías que han expresado “el tipo de pensamiento religioso capitalista” -Nietzsche antes que todos, Marx y Freud-. Toda una atmósfera de pensamiento concebida hace setenta años para mostrar lo que José Luis Brea llamó en 1991, en un ensayo cuyo título muestra clara referencia benjaminiana, “la violencia sobre la que se asienta esa organización de las formas de vida que hoy, todavía, debemos llamar Capitalismo” (5), violencia sagrada que “no le viene prestada desde fuera; la conducta blasfema no es sacrilegio, sino religión propiamente” (6).

Estamos ante un fenómeno religioso en el que Benjamin encuentra unas características que nos atrevemos a considerar perfectamente aplicables al actual territorio habitado, cada vez menos habitable, que es el capitalismo actual. El culto sin conocimiento de dogmática específica, sin teología, la pura celebración cultual ininterrumpida que observa Benjamin en el capitalismo no puede dejar de recordarnos la violencia actual de justificar una economía de mercado en la que la única ética existente es la del beneficio económico constante, ininterrumpido. Benjamin nos dice que “no existe un día que no sea de fiesta en el sentido terrorífico del despliegue de toda la pompa sacral, de la tensión extrema del adorante”.”Esto constituye una referencia al mundo como exposición universal permanente, a la constante autoveneración del éxito, a la ebria celebración de las cifras de producción y de ventas, de los balances, de los beneficios, a la autoinmolación colectiva en las actividades alienadas, a las orgías del consumo” (7).

En nuestro inhabitable territorio capitalista la “libertad” de horarios obliga a pequeños comerciantes a abrir los días “festivos” (la fiesta del capital se intensifica esos días) si es que quieren subsistir. Será precisamente en Navidades, orgía del consumista capitalismo revestida con ropajes de celebración cristiana, cuando el gran capital, haciendo que la mercancía penetre en la intimidad y produzca lo que George Luckacs denominó “cosificación de la subjetividad”, lleve al extremo su ceremonia culpabilizante. “En este sentido, la mercancía, para el comprador medio, es como una droga, pues, desconcertado ante la oferta grandiosa de la economía de libre mercado y la masificación de clientes cae en un delirio báquico”(8). Es el capitalismo, como religión, opio del pueblo. Para que el adicto-fiel siga consumiendo nada mejor que lo que una pensadora de orientación marxista, Agnes Heller, llamará “dirección del sistema de las necesidades a través de las motivaciones y las instituciones”. Es la manipulación, más explícita (“brutal” para Lukács) o más encubierta (“refinada” para Lukács).

Otra de las características observadas por Benjamin en nuestra religión, el capitalismo, la experimentada como portadora de los más santo valores, es que “es, probablemente, el primer caso de un culto no expiante, sino culpabilizante”. Y en esa culpabilización hasta el final, “hasta la obtención de un estado mundial de desesperación”, en ese despedazamiento del ser -no reforma del mismo- dios queda comprendido en el destino humano. El superhombre nietzscheano será reconocido por Benjamin como “el primero que comienza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista”. Con ello está afirmando Benjamin, ejerciendo su carácter mesiánico, la ignorancia de un hombre-no superhombre del momento respecto al capitalismo, su propia práctica religiosa, que no reconoce como tal. El superhombre, advenido apocalípticamente por intensificación, “sobrepasa ya la bóveda celeste”. La potenciación de la condición humana, que destruye el cielo, acarrea un parejo endeudamiento -culpabilización del que extrae la plusvalía frente aquellos de los que se extrae, en términos marxistas- y que Marx reflejó en el tránsito que se producirá de la sociedad capitalista a la sociedad comunista.

En su pensamiento, Benjamin conjugará “auráticamente” la anticipación utópica y la regresión originaria de una utopía que coincide con el “origen”. La unidimensionalidad del historicismo será sobrepasada por esta nueva multiplicidad de interpretaciones y dimensiones que Benjamin nos propone. En su Tesis de filosofía de la historia Benjamin “se vuelve contra las representaciones de la historia como un decurso, del progreso como una empresa poderosa de empresas descansadas, del trabajo como fuente de la moralidad”(9). En Capitalismo como religión la sociedad capitalista, aparentemente alejada en términos de progreso respecto al hombre primitivo, es caracterizada como aun en el terreno del mito, con el que el dinero ha tenido conexiones “hasta que pudo atraer hacia sí tantos elementos míticos del cristianismo y constituir así el propio mito”. Un vistazo rápido a nuestra actualidad nos confirma la vigencia del pensamiento benjaminiano. Si en la infancia de la humanidad los mitos explicaban el mundo, hoy el dinero, mito también, nos explica nuestra sociedad, en ese sentido también infantil, mítica.

En tiempos de la Reforma, parasitariamente respecto a un cristianismo al que acabó reemplazando, el capitalismo va surgiendo. Los hoy, infieles respecto al capitalismo, defensores del orden socialista son por analogía los que en la Europa de la Reforma eran considerados sediciosos por unos príncipes que consideraban las discrepancias religiosas como necesariamente equivalentes a la sedición. La “evangelización capitalista” trata de llevar la fe de la salvación por el capitalismo ofreciendo en el escaparate de las aparentes libertades el consumo, al tiempo que oculta en la trastienda de las realidades la violencia sobre la que se asienta, provocando una situación que, dice Benjamin, “carece tan absolutamente de salida”.

La teoría freudiana será también entendida por Benjamin como “pensada de una forma totalmente capitalista”, entendiendo ello en el sentido anteriormente mencionado. Lo ganado no se disfruta, sino que se invierte efectuando el equivalente a una represión del placer hasta el inconsciente. El capitalista, reprimido, no disfruta el capital a nivel consciente y lo invierte para que genere más capital, que será de nuevo invertido y por lo tanto su disfrute, reprimido hasta el inconsciente. La actualidad del texto de Benjamin debemos entenderla con más fuerza y vigencia aún si tenemos en cuenta los acontecimientos ocurridos en los órdenes socialistas. Prescindiendo de la consideración de si eran de verdad tal tipo de órdenes, la religión capitalista se ha creído reforzada ante la caída de los infieles, y proclama ahora su verdad aún con más fuerza, enseñando -antes lo decíamos- en el escaparate de las aparentes libertades el consumo, y ocultando en la trastienda de las realidades la violencia e injusticia sobre la que se asienta y que provoca. Como solución, Benjamin, rompiendo con el historicismo, apostaba “por una ruptura donde en la plenitud del presente, revolucionariamente, se hiciese en él y con él justicia al pasado oprimido”(10).

Muerto en 1940, hace más de sesenta años, una de las vías por la que podemos observar la influencia ejercida por Benjamin en nuestra sociedad es la consolidada por Herbert Marcuse, pensador incluido en la escuela de Frankfurt y cuya influencia en los conocidos acontecimientos de Mayo de 1968 fue notable. Pues bien, “Marcuse, teórico primero de aquellos acontecimientos y su poeta más tarde, ha confesado paladinamente su dependencia del pensamiento benjaminiano”(11).

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Notas:

1 En 1924 Asja Lacis discute con Benjamin por su proyecto de viaje a Palestina, al que le animaba Gershom
 Scholem. Jesús Aguirre escribe sobre el conflicto: “El camino de un progresista, argumenta la Lacis, no
conduce a Israel, sino a Moscú. “Puedo decir tranquilamente que Benjamin no fue a Palestina. Y yo fui quien lo consiguió””; AGUIRRE,J.: “Interrupciones sobre Walter Benjamin”, prólogo a BENJAMIN,W.: Discursos interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1973, pág.10.
2 En esa fecha sitúa el “viraje marxista” de Benjamin Susan Buck-Morss en Origen de la dialéctica negativa. Theodor W. Adorno, Walter Benjamin y el Instituto de Frankfurt, México, siglo veintiuno editores, 1981.
3 BUCK-MORSS,S.,op.cit.,pág.280.
4 Carta de Scholem a Benjamin, 30 de marzo de 1931, en SCHOLEM: Walter Benjamin: Die Geschichte einer Freundschaft, pp.283-287; citado por BUCK-MORSS,S.,op.cit., pág.281.
5 BREA, Jose Luis: Las auras frías, Barcelona, Anagrama, 1991, pág.192.
6 SCHWEPPENHAUSER,H.: “Primeras iluminaciones”, diario EL PAIS, 20-9-1990, suplemento Temas de nuestra época,dedicado monográficamente a Walter Benjamin con motivo del cincuentenario de su muerte, titulado “Walter Benjamin en la “época del infierno””, pág.3.
7 SCHWEPPENHAUSER,H., op.cit., pág.4.
8 GURMÉNDEZ, Carlos: “Melancolía del tiempo cosificado”, diario EL PAIS, 20-9-1990, suplemento Temas de nuestra época, pág.3.
9 Brecht en su diario, al conocer la muerte de Benjamin, comentaba así su lectura de las “Tesis de filosofía de la historia”; citado por AGUIRRE,J., op.cit., pág.11.
10 AGUIRRE,J., op.cit., pág.12.
11 LUCAS, Ana: “Como el vino de las uvas”, diario EL PAIS, 20-9-1990, suplemento Temas de nuestra época, pág.14.

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Poco que decir (y mucho que leer y re-leer para aprender) a una magnífica exposición de profe de Filosofía con compromiso ciudadano sobre un autor de tremenda actualidad para todos nosotros. Su tarea de “avisador del fuego” y su llamada a “organizar el pesimismo” frente a la ideología del progreso siguen ahí como un parpadeante semáforo amarillo.
    Compruebo con agradable sorpresa la relación de las imágenes que has incluido, que tan bien ilustran el texto, con la invitación que te he dejado en los comentarios de mi blog. Jaja.
    Un abrazo.

  2. Ángel: te he dejado en tu blog “micro-urbano” varios comentarios y efectivamente, hay cierta coincidencia. Benjamin en un olvidado y cuando se olvida así a un pensador tan clarividente es por que interesa no publicitar su obra. ¿O es propaganda?

    Un abrazo. Oye ¿y ese hombro?

  3. Un post muy completo. No conocía a Benjamin, pero estoy totalmente de acuerdo con él. Como ya me parecía a mi, todo se compra, todo se vende. Por eso yo añadiría un “también”:

    El capitalismo TAMBIÉN es canibalismo.

  4. ¿Y le ponemos “cani-talismo” o “capi-balismo”? Ambas suenan mal. Habrá que pensarlo 🙂

  5. Pingback: ¿Quiénes son? (II): La Navidad según El Roto « Efervescente2H

  6. Silvia

    Me vino muy bien este trabajo sobre el artículo de Benjamín ya que citéen un trabajo a Giogio Agamben que toma este asunto en su libro Profanaciones. Intenté un enlace con el Psicoanálisis, ya que considero que podría enlazarse a una posición diferente (un fuera-dentro del sistema). Por supuesto que mi trabajo es malísimo, porque por ahora intento leer bien, escribir ya es otra cuestión. Con las buenas intenciones no alcanza…Necesitaríamos varias vidas para conocer pensadores tan valiosos no? Silvi

  7. quisiera mayor informacion al tema

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