Siempre me ha interesado muchísimo, me he divertido y he aprendido una barbaridad de su apuesta por la libertad, su ironía destructivo-constructiva, su humor, su defensa de una vida y una actitud con las mínimas ataduras posibles. Llegué a él a través de mi admiradísimo Marcel Duchamp, otro “francotirador” libre que comprendió que la libertad no está en la obra, sino en el camino, aunque este vaya incluso en contra de la obra, del concepto de autor, de la institución arte, de la crítica o del mercado.
A la izquierda tienes unas secuencias y debajo dejo un vídeo de John Cage poniendo en escena Water Walk. Era enero de 1960. Y lo hizo en el popular programa de televisión I’ve Got A Secret. “Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”, sentenció Duchamp, queriendo reivindicar el poder creativo de todo individuo, y de su percepción constructora.
Hace muy poco volvieron a maravillarme en concierto. Era 1992. Lagartija Nick, en su LP “Inercia”, con Eric Jiménez a la batería, nos golpeaba afortunadísimamente los oídos, el cerebro y los sentimientos con una fantástica canción titulada “Esa extraña inercia (anfetamina)”. No, no habla de drogas, o al menos de sustancias. Plantea de una forma maravillosamente brutal, algo que puede darse con mucha frecuencia. La estaba escuchando a todo volumen y, al cabo de los años, después de haberla disfrutado cientos de veces, me ha parecido que hablaba de enseñanza, de educación. O será que últimamente todo me lleva a lo mismo. O lo mismo me lleva a todo. Arriba tenéis la canción. La letra es ésta:
“Es la inercia que nos lleva al lado, deslumbrante como un ojo de pez, tan invisible como transparente, evitando el … El pánico, la tentación, la conexión al pánico.
Te mira fijo como una respuesta, con ojos neutros como los de James Dean, tan invisibles como transparentes, evitando el… El pánico, la tentación, la conexión al pánico.
Esa extraña inercia hacia la atmósfera.
Esa extraña inercia como anfetamina, como gasolina.
Es la inercia que nos lleva dentro con ojos neutros como los de Norma Jean, el equilibrio roto con un gesto, evitando el… El pánico, la tentación, la conexión al pánico.
Esa extraña inercia hacia la atmósfera.
Esa extraña inercia como anfetamina, como gasolina”.
Espera, espera. Pulsa play aquí arriba y después sigues leyendo…
Creativos como pocos, letristas inmensos, Surfin’ Bichos es para mí sentir música, mi auténtica música, la que más he escuchado y sigo escuchando, la que siempre quiero poner. Menos mal, que después de su separación puedo seguir disfrutando a Fernando Alfaro y los alienistas. La canción que tienes aquí arriba es “En otoño”, de su LP Hermanos carnales (1992). Para mí es una joya, una de “mis” canciones. Porque la música que a uno le atraviesa deja de ser de su autor ¿verdad? Seguro que tú podrás recomendarnos aquí y compartir alguna de tus canciones.
No sé cómo lo harás tú, pero yo cuando escucho música lo hago de forma casi obsesiva. Últimamente me pongo a todas horas lo que me ha parecido una absoluta maravilla y he disfrutado varias veces en directo. Se trata del LP “El mundo según”, de Sr. Chinarro, o lo que es lo mismo, el sevillano Antonio Luque, que hasta tiene su Myspace, su fotolog y su entrada en la Wikipedia aunque sólo sea un año mayor que yo. Aquí abajo os dejo “El mar de la tranquilidad”, algo que últimamente me hace falta, porque tampoco yo, no, yo no soy militar.
Soy poco nostálgico, pero recuerdo a mi abuela materna contándome cuentos de niño en los que añadía palabras en euskera. Ella es medio vasca, medio francesa… Mi abuelo, su marido, era de procedencia almeriense. Por parte de mi padre, media familia es de León. Menuda mezcla me corre por las venas…
El caso es que cuando vuelvo a alguno de esos sitios siempre los miro de otra manera, intentando como reconocerme allí. Como si volviera a un lugar, a la vez familiar y remoto, en el que me había dejado algo antes de nacer.
Y ahora me toca, por placer, volver a Bilbao. La última vez fue allá por 1990, a participar como músico (he tocado muchos años la batería) en el Concurso Villa de Bilbao. Tocamos en una sala llamada Kowalski, junto con Los Restos, otro prometedor grupo sevillano de aquella época. No ganamos, y a los pocos años el grupo se disolvió por “desavenencias personales”.
Y ahora voy a sumergirme de nuevo por allí. A rebuscar a ver qué puñetas se me olvidó allí antes de nacer o a dejar, definitivamente, de creer en la genética.
¡Sí, sí, sí! Un año después de tener la primera entrada sujetando los cocoteros de medio mundo y de pedirle a Dios en su chat que Mick y sus amigos se dedicaran por una temporadita al yoga (iluso que es uno), estuve allí, viendo esto o esta otra maravilla.
Ojo, los vídeos no son míos, que yo pegando saltos no grabo nada.