El otro lado de las notas

NotasSi uno se toma esta profesión docente en serio, siente que el momento de poner notas, que inevitablemente forma parte de ella, no es de los más agradables. Y no lo es porque cuantificar relaciones humanas, reacciones, progresos, mejoras, empeoramientos y evoluciones de todo tipo es un ejercicio de responsabilidad que difícilmente puede resultar exacto. A menudo, uno duda sobre qué proceso personal en quien los recibe pueden desencadenar un 9 o un 1’5. Indiscutiblemente, hay que tener presente el componente educativo que se supone que la calificación debe tener. Pero, también a menudo me he quedado pensando si habría otra manera de hacerlo, sin notas. Más de una vez he comenzado el curso diciéndoles a mis alumnos el primer día: “estáis todos aprobados. Ahora, vamos a aprender”. Y en la mayoría de esas ocasiones, olvidarnos de las calificaciones ha resultado una prueba muy satisfactoria y los alumnos han progresado muchísimo, con una percepción de grupo mayor que en aquellas en las que la calificación estaba en juego. Pero, ojo, no seré yo quien defienda la eliminación general de este sistema clasificatorio sin tener clara la alternativa. No sé si las notas son un mal necesario.

Y estaba volviendo a pensar en esto cuando me encuentro, por unos de esos azares de la red, con estas dos citas, que entresaco de lo que ha dicho Ken Blanchard, del que no he leído absolutamente nada más, en una entrevista:

Todo el sistema educativo se ha transformado en una máquina de calificar, seleccionar, segregar, categorizar, dar notas… Educar se ha reducido a hacer la selección de personal desde la cuna hasta el despacho de jefe. Y por el camino quedan los perdedores.

Todos los niños quieren aprender hasta que les empiezas a poner notas: los que suspenden acaban odiando el cole: ¿por qué clasificar a las personas por sus resultados desde la cuna? Esa es la receta segura para la avaricia y luego la desdicha: de los que suspenden y de los que acaban en Wall Street

Y lo sigo pensando, ¿hay otra manera de hacerlo? Como estoy de acuerdo con las dos citas, pero veo poco clara la alternativa a las notas desde una perspectiva general o social, no digo más y me quedo dándole vueltas. A ver si me ayudáis. Y por si alguno no está de acuerdo con las citas, o con lo que dice Blanchard,  José Mª Peláez habla del tema y tampoco parece estarlo.

About these ads

Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía

  1. Coincido plenamente contigo: lo peor del sistema es el tener que dar una calificación. Ojalá bastase con disfrutar enseñando y aprendiendo. Pero el sistema nos obliga a ello.

  2. Independientemente de que creo que hay un problema con todo esto de las notas, no puedo estar de acuerdo con Blanchard. La entrevista en conjunto me parece tremendista, fullera y demagógica. Como tú, tampoco he leído nada suyo, pero sí leí algo de su colega, al que Peláez llama ‘el movedor de quesos’ y me pareció muy superficial y políticamente muy cuestionable. Digo esto porque si vamos a cuestionar el sistema de evaluación igual deberíamos buscar un referente más sustancioso.

    Creo que se puede eliminar por completo la calificación (que no es lo mismo que la evaluación) en determinados casos, como asignaturas optativas, enseñanza no reglada, autodiseño de los planes de estudio… Pero no veo manera como podamos generalizar eso en el sistema público sin generar más problemas de los que solucionamos.

    Otra cosa es que no podemos aislar la calificación de la evaluación y esta del proceso de enseñanza. Probablemente el aspecto en el que menos innovación y menos creatividad encontramos sea precisamente ese: nos comemos mucho la cabeza pensando en cómo enseñar mejor, pero seguimos dando tumbos sobre cómo integrar mejor la evaluación en el proceso educativo.

  3. Dice la ley de la Comunidad de Madrid: “A los alumnos que hayab superado las pruebas con un 10 podrá concedérseles una matrícula de honor siempre que el resultado obtenido sea consecuencia de un excelente aprovechamiento académico unido a un esfuerzo e interés por la asignatura especialmente destacable.”

    Y todo eso para que haya todavía una nota más. Para colocar a la gente que “puede” más lejos de la gente que “no puede”. No vayamos a confundirnos. El mérito reconocido sólo para él o la que llega y no para quien lo intenta con todas sus fuerzas.

  4. El calificar el aprovechamiento de los alumnos era una de las cosas que menos me gustaba cuando era profesor asociado de universidad, pero creo que hay que hacerlo, y no porque lo imponga “el sistema”.

    Uno de los motivos es el de indicar a los aprendices cómo ha apreciado el maestro (uno de sus referentes) su progreso, tanto en relación con el patrón indicado al inicio del curso como con sus compañeros. Entiendo que, a la mayoría de las personas, nos gusta saber si nuestro esfuerzo logra su propósito.

    Me parece que el que se esfuerza en una materia, pero no consigue llegar a un cierto nivel, haría bien en disfrutar de su vida aplicando su tiempo a otras disciplinas que se le dieran mejor.

  5. En nuestro diccionario RAE pocas palabras sobran, todas tienen un cometido y muchas son las que faltan. Señalo algunas que gradúo intencionalmente como sigue:

    1º.- puntuar (me quedo con la 4).

    (Del lat. punctum, punto).
    1. tr. Poner en la escritura los signos ortográficos necesarios para distinguir el valor prosódico de las palabras y el sentido de las oraciones y de cada uno de sus miembros.
    2. tr. Ganar u obtener puntos (? unidad de tanteo en algunos juegos). U. t. c. intr.
    3. tr. Calificar con puntos un ejercicio o prueba.
    4. intr. Dicho de una prueba o de una competición: Entrar en el cómputo de los puntos.

    2º.- calificar (me quedo con la 1).

    (Del b. lat. qualificare).
    1. tr. Apreciar o determinar las cualidades o circunstancias de alguien o de algo.
    2. tr. Expresar o declarar este juicio.
    3. tr. Juzgar el grado de suficiencia o la insuficiencia de los conocimientos demostrados por un alumno u opositor en un examen o ejercicio.
    4. tr. En urbanismo, asignar a un terreno un uso determinado.
    5. tr. Ennoblecer, ilustrar, acreditar.
    6. tr. Gram. Dicho de un adjetivo: Atribuir una cualidad a un sustantivo.
    7. prnl. Dicho de una persona: Probar legalmente su nobleza.

    3º.- valorar (me quedo con la 2).

    1. tr. Señalar el precio de algo.
    2. tr. Reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de alguien o algo.
    3. tr. valorizar (? aumentar el valor de algo).
    4. tr. Quím. Determinar la composición exacta de una disolución.

    4º.- evaluar (me quedo con la 3).

    (Del fr. évaluer).
    1. tr. Señalar el valor de algo.
    2. tr. Estimar, apreciar, calcular el valor de algo. Evaluó los daños de la inundación en varios millones. U. t. c. prnl.
    3. tr. Estimar los conocimientos, aptitudes y rendimiento de los alumnos.

    Nada es imprescindible en cualquier caso y todo es necesario en la mayoría de los casos. Nuestro trabajo es complicado y en esto de las valoraciones más aún. ¿Cuántos proyecto de centro conocéis “evaluados” en vuestro centro?. Es complicado evaluar ciertamente y cuando te metes en harina resulta frecuentemente desagradable, para unos y otros, pero a la escuela no se va solamente a educarse o ha realizarse como persona… y otros. También hay grados de instrucción e incluso domesticación… ¡¡¡ perdón, quise decir socialización, a veces dentro de nuestro alcance, a veces fuera de nuestro alcance, pero en todos los casos precisados de un seguimiento, control, calificación, valoración y evaluación. Me temo que nos ha tocado y que podamos llegar a todo.

  6. Totalmente de acuerdo contigo, Juanjo. El problema radica, como bien dices, en la alternativa posible; a mí tampoco se me ha ocurrido ninguna brillante idea y el sistema que uso en 3º. de E.S.O., donde he eliminado los exámenes para este curso totalmente, me plantea ciertas dudas. Precisamente, las palabras que citas de Ken Blanchard se las leí a mis alumnos/as de 3º. el jueves pasado, se las expliqué y no veas las reacciones que hubo. Sienten que estudian para sobrevivir, para llegar al menos a obtener el 5 que les “salve”. El curso pasado, ya sin exámenes en la segunda y tercera evaluación, puede comprobar que el alumnado había aprendido razonable y satisfactoriamente. Un abrazo.

  7. Manolo

    Para mi lo peor es la contradicción entre la búsqueda de una metodología distinta, que no sólo se enfoque en la adquisición memorística de conocimientos, que atienda a la diversidad, que favorezca el aprendizaje por descubrimiento, etc., y una evaluación que se reduce a una nota numérica y que casi siempre se basa en la adquisición de los contenidos. Porque, en definitiva, terminamos trabajando por contenidos. Y, para eso, quizá la metodología tradicional es la más adecuada.

  8. No parece lógico que emprendamos una actividad y no queramos establecer un procedimiento para saber si ha cumplido su objetivo. ¿Cuál es el problema de medir lo conseguido en el aprendizaje? ¿Qué no encontramos un procemiento válido? Búsquese. ¿Que el saber que se va a medir condiciona la manera de enseñar? Desde luego es un problema.

    Vivimos en una sociedad meritocrática. Las personas adquieren determinados puestos por sus méritos. A mi no se me ocurre otra sociedad mejor. El que conozca la alternativa que lo diga. ¿Quién va a ser arquitecto o médico? ¿Quién tiene derecho a ir a la universidad? ¿Quién está preparado para hacer bachillerato?
    Si es necesario reponder a estas preguntas no entiendo como puede eliminarse la evaluación.

  9. “Educar se ha reducido a hacer la selección de personal desde la cuna hasta el despacho de jefe.”

    Veamos. La sociedad necesita hacer selección del personal.
    ¿Qué es lo que se quiere que sea la educación? ¿Algo que no tenga nada que ver con las responsabilidades que luego las personas serán capaces de asumir?

    No termino de entender bien cual debe ser la relación entre una y otra, pero creo que están relacionadas.

  10. Dice Ricardo:
    “El curso pasado, ya sin exámenes en la segunda y tercera evaluación, puede comprobar que el alumnado había aprendido razonable y satisfactoriamente.”

    Es decir, que hiciste tu particular e informal evaluación. ¿Pusiste notas que diferenciaban a unos alumnos de otros? ¿En qué criterios te basaste? Dices que habían aprendido (supongo que no suspendiste a nadie) ¿Si alguien hubiese suspendido existe algún modo de reclamación contra esa evaluación sin exámenes?

  11. “El mérito reconocido sólo para él o la que llega y no para quien lo intenta con todas sus fuerzas.”

    Yo prefiero ser operado por el cirujano que llegó que no por aquél que quiso serlo y lo intentó con todas sus fuerzas.

  12. ¿Os habéis fijado? Muchos cambios legislativos, muchas reformas, pero la evaluación sigue siendo básicamente la misma que en el siglo XVII en la mayoría del profesorado…

    No sé si valdrá esto… A mí me ha servido, desde luego. Quiero decir a mis alumnos. Y es que hemos tratado de convertir el examen en una manera de aprender. Como una clase normal, sólo que por escrito.

    Lo que hacemos es que tenemos una lista de objetivos que cumplir en cada tema. Los exámenes constan de una pregunta para cada objetivo. Y cada pregunta se puede aprobar independientemente de las demás. Si un alumno aprueba una pregunta, queda guardada la nota. Y los objetivos que no haya aprobado puede repetirlos, tantas veces como le sea posible a lo largo del año. Claro está, las preguntas para esos objetivos varían de examen en examen! Hasta que las apruebe o se agote el año. No pongo nota a las preguntas suspensas, sino que hago comentarios. Y no cuentan para formar la nota global del tema (¡están suspensas!). Para aprobar el tema les exijo que aprueben el 80% de los objetivos del mismo (¡es que el 5 me parece un fraude!). Que repitan los objetivos suspensos las veces que lo necesiten, pero que logren el 80% del tema. Y para aprobar el curso les exijo el 80% de los temas.

    Las preguntas están formuladas de maneras que sean algo diversas. Centradas en uso de vocabulario, en aplicación de una idea a un contexto, en aplicación de una idea a una materia diferente de la mía, en expresión de una idea mediante un gráfico, en creación de relaciones entre ideas, en resolución de una situación problemática (no confundir con hacer cuentas)…

    Tenemos días fijos de exámenes. Uno a la semana o uno cada 15 días, dependiendo del número de horas que tenga la materia. Además, el alumnado puede elegir cuándo se examina y de qué. Cada uno a su ritmo.

    Eso me ha obligado a cambiar la metodología de aula para permitir que encaje el sistema de evaluación.

    Porque, inevitablemente, significa que unos alumnos van por un tema y otros por otro. Así que, como de todos modos va a ocurrir, desde el principio les digo que elijan su camino en la materia, que elijan en qué orden van a ver los temas. Les dejo una media hora para que trabajen ellos los productos de aprendizaje (vocabularios, resúmenes, esquemas, listados de posibles preguntas, aplicaciones y contextos de lo aprendido). La otra media hora la uso para explicar dudas que hayan tenido. Eso significa que tengo que explicar temas diversos. Así que me concentro en las interacciones entre temas, en las relaciones, en vez de en los detalles. Por otro lado, algunos alumnos no han comenzado aún temas que explico. Pues toman notas para cuando los inicien. Concentrándose más en las relaciones entre ideas que en los detalles sobre las mismas.

    Llevo unos seis años así y me ha ido muy bien. Eso sí, el alumnado tarda un par de meses en pillarle el truco al tema. Los cursos más pequeños (1º ESO) tardan más. Hasta cuatro meses.

    Pero la velocidad a la que evolucionan a partir de entonces (enero más o menos) es espectacular. Y cuando una parte de los alumnos evolucionan rápido, eso me permite dedicar más tiempo al alumnado que requiere mayor atención durante las medias horas de trabajo de ellos.

    Y, cada uno de lo seis años, sin excepción, hemos visto todos lo objetivos de la materia. Todos y cada uno. Lo que diría alguna gente, la programación completa. No es raro que le demos, en palabras que se puedan entender, dos vueltas al libro, o incluso se inicie una tercera.

    Los porcentajes de aprobados varían entre el 65% y el 80% a lo largo el curso. Yo estoy satisfecho, la verdad.

    También es cierto que, a esta metodología de evaluación, la biología y la geología se prestan bien. No sé si es exportable, la verdad.

    ¡¡¡Espero haber ayudado algo!!!

  13. Pingback: Calificar, evaluar. | Profes.DeTarifa.net

  14. Apareces citado en mi última entrada, especialmente por Caperucita 2.0, aunque valoro tu trabajo en general.
    Un saludo

  15. Pues no puedo evitar aportar esto a la discusión:

    Porque viene a cuento y en recuerdo del actor Paco Hernández, fallecido recientemente.

  16. viendo los blogs que tratan de educación no puedo evitar cierta perplejidad. Creo que todos son bienintencionados pero se mueven en coordenadas de pensamiento absolutamente diferentes. ¿Están unos equivocados y los otros en lo cierto? Tiendo a creer que no puede ser así. Que ambos deben llevar algo de razón.

    Te cuento toda esta historia porque he leido una entrevista a Tobeña que supongo que no coincide para nada con tus planteamientos educativos.

    http://pseudopodo.wordpress.com/2009/11/02/va-a-ser-verdad-que-es-verdad/

    No puede ser que los docentes nos coloquemos en perspectivas tan opuestas. Necesito encontrar una síntesis en este debate.

  17. Considero que podemos trabajar sobre la base de que los aprendices necesitamos referencias positivas y negativas, premios y castigos, autonomia para descubrir y ayuda para comprender lo sabido. El lugar en la escala que necesite cada uno sera diferente.

  18. Tristan

    El problema de base es que todos somos iguales . . . ante la ley (o al menos deberíamos serlo). En todo lo demás, afortunadamente somos diferentes, lo cual se olvida con demasiada frecuencia.

    A partir de determinados niveles, intentar implantar una utopía en la que no se evalúe a los alumnos acabará teniendo consecuencias muy negativas.

    Por una parte tendremos profesionales supuestamente cualificados que realmente no lo estarán, lo cual afectará negativamente a nuestra competitividad como sociedad o, como plantea elquebusca, incluso a nuestra seguridad personal.

    Por otra, acabaremos creando personas frustradas, que antes o después se tendrán que enfrentar a realidades para las que no están preparadas. Si llegan a la Universidad sin preparación adecuada, ¿las dejaremos seguir sus estudios, o frustraremos sus expectativas en ese momento? ¿No sería mejor que lleguen únicamete los que realmente están listos? ¿No tendrán más posibilidades de éxito si previamente se les ha exigido prepararse?

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 59 seguidores