Poeta Abelardo Rodríguez Mora: un amigo, una calle

2008 Mayo 17

Era un ser absolutamente excepcional, de esos que siempre te quedas pensando la enorme suerte que tuviste al conocer y querer. Hoy, sus amigos y familiares, inauguramos, con la emoción saliéndonos por todos los poros, su calle. Me ha tocado leer, temblándome la voz, las manos y el corazón, con tantísimo dolor como he escrito, lo que sigue.

No venimos hoy, Abelardo, a tu Punta Umbría, a ver tu calle. Sino a verte en ella. A verte otra vez llegar con la mano en el bolsillo, sonriendo desde lejos, aguantándote tus ganas de hablar hasta llegar a nuestro lado. Imaginando, al verte venir, qué última forma de hacernos reír se te habrá ocurrido. Venimos a verte orgulloso de que en esta Punta Umbría tuya haya niños que jueguen en la calle “Poeta Abelardo Rodríguez Mora”, y novios que se citen, y paseantes que, como tú, observen cada detalle como si en ello le fuera la vida.

Venimos a verte venir. Cabreado, o sonriente, o las dos cosas. Tocándote el estómago y volviendo a decirnos que estás en tu máximo histórico. Venimos a hablar contigo, a seguir haciéndolo. Sí, Abelardo, porque somos muchos los que, de una u otra forma, seguimos hablando contigo. Viendo cómo reaccionas cuando se oyen cosas, y cuando pasan otras. “Más profundo”, ¿verdad? Seguimos viendo la vida para contártela, para que nos la cuentes. Seguimos disfrutando tus cantes improvisados, tu amor por la palabra. Tu Carmen sigue siempre con nosotros, contigo. Sí, Abelardo, iremos hacia el nunca, con racimos de luz, diciendo sí, como nos enseñaste. Dejando de perder la vida por delicadeza.

Has venido a ver tu calle, Abelardo. Vienes con y entre nosotros. De azul, de negro, o de lo que quieras o mejor creas que debes ponerte para la ocasión. Vienes a contarnos anécdotas de medio mundo, a encontrarte siempre con alguien conocido por allá donde vayamos. Vienes a seguir cantando aquello de “Peña Ponti” que te gustaba gritar con fuerza, para llamar la atención afortunada de la mirada ajena. Me dijiste una vez que escribías para que te quisieran. Sigue escribiendo porque te vamos a seguir queriendo de por vida. Enhorabuena por tu calle, amigo. Te veo pidiéndole a un taxista que te lleve a la calle “Poeta Abelardo Rodríguez Mora”. Me contaste que una vez lo hiciste de broma. Quién te iba a decir que ahora puedes hacerlo desde tu mar.

En Punta Umbría, a 17 de mayo de 2008.

6 Responses leave one →
  1. 2008 Mayo 18

    Cuando tengo un hueco, me gusta visitar tu blog.
    Me parece interesante y de mucha calidad. Pero en esta ocasión, quiero darte las gracias por compartir con tod@s nosotr@s tus emociones más personales.
    Comprendo tus sentimientos. Silencio y mirada. Síentete acompañado.
    Un abrazo

  2. 2008 Mayo 19

    Muchísimas gracias, Maribel. Es duro, pero da fuerzas, porque él las tenía y sobradas, para seguir apostando por el futuro, de TOD@S. Gracias de nuevo.

  3. 2008 Mayo 22

    Es una suerte haber sido testigo de algunas presencias… Haber tocado, haber escuhado, haber dicho… Me das envidia… a pesar de los finales y por el privilegio de saber cómo pude el poeta sacarte a charlar por su calle…

    Cuando te apetezca y si puedes, regálanos algunos versos…

  4. 2008 Mayo 23

    Pienso publicar más de un verso suyo, Gemma, o casi que le dejaré que él lo publique, porque, como digo arriba sigue aquí. No recuerdo quién dijo “los poetas nunca mueren, sólo fingen estar muertos”. Por eso. Y gracias.

  5. 2008 Noviembre 2
    Ana Rodriguez Mora permalink

    Este es el rincon de Abelardo
    situado en el pequeño pueblo marinero
    que tanto amò, paseò y disfrutò,
    donde el eco de su voz,
    vibra aun mas intensamente,
    donde el perfume de cada ola, cada espuma,
    envuelve el aroma de su recuerdo,
    donde la marisma se unge,
    de silencio y melancolia.
    Aqui, en Punta Umbria,
    su figura desdibujada,
    deambulara en cada amenecer,
    en cada atardecer
    eternamente, zigzagueante,
    hacia un maradentro,
    como su poesia.

    Tu hermana

  6. 2008 Noviembre 2

    Un abrazo, Ana, seguimos viéndolo llegar, hablando con él. Ayer mismo estábamos con Carmen, donde siempre nos vemos, y él siempre sigue allí. Y seguirá.

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