¿Qué son las evaluaciones?

Hace un tiempo que lo preguntó, y respondió, Montse. Y parece que no se hace nada de lo que deberíamos. Ya llega la primera evaluación y necesito que me ayudéis a completar la perspectiva. Las evaluaciones suelen ser lo que peor llevo de esta profesión, y rara es la que no me cabrea y saca de quicio. He estado en cuatro institutos y he visto de todo, pero mi impresión es que normalmente una sesión de evaluación es una mezcla de lo siguiente:

  • Una sarta de cotilleos insustanciales sobre la vida de los alumnos.
  • Tribunales sumarísimos de clasificación de alumnos.”Listo”, “torpe”, “vago”, “trabajador”… ¿os suenan? Seguro que esas expresiones y otras peores…
  • Proclamación de cambios difusos en los alumnos. Pocas veces se aclaran seriamente expresiones como “ha mejorado”, “va a peor”, “como siga así”…
  • La absurda lectura en voz alta de las notas. Como si unas fotocopias repartidas de antemano no solucionaran suficientemente la divulgación de resultados o, lo que es peor, como si los profesores no fuéramos capaces de leer esas fotocopias y de evaluarlas.
  • El desarrollo de extrañas teorías que hacen ver que los profesores somos capaces de adivinar el futuro exacto de cada alumno con una precisión tan sorprendente como ridícula.
  • El momento para ocultar públicamente los errores propios proclamando a los cuatro vientos los de los alumnos.
  • Tribunales en los que se sentencia la maldad absoluta de los teléfonos móviles de los alumnos mientras suenan los de los profesores, sobre la impuntualidad de los alumnos con media hora de espera de algún retrasado (en el sentido temporal)… 

¿Nos evaluamos los profesores? ¿Evaluamos el proceso? Como siga escribiendo más, me voy a volver a cabrear, y no tengo ganas de hacerlo. Así que ¿por qué no me ayudáis al cabreo definitivo o a que se me pase? A estas alturas he perdido la perspectiva, y a lo mejor las evaluaciones deben ser lo que normalmente creo que se hace. ¿O no?

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Acerca de Juanjo

Profesor de Filosofía y Director del Instituto de Enseñanzas a Distancia de Andalucía

  1. Como siempre soy tutor, me hace ilusión presidir algo en esta vida… (al margen de mi escalera de vecinos)

  2. Llevo tiempo pensando que las sesiones de evaluación habría que suprimirlas. Son una pérdida de tiempo y jamás sale de ellas la más mínima medida útil. Como bien dices, nos limitamos, en el mejor de los casos, a cantar notas que previamente hemos subido al “Séneca”, y, en el peor, a cotorrear y dar opiniones sobre personas a las que conocemos de unas pocas horas de su vida. Completamente absurdo.

  3. Por lo que dices (decís), veo que, después de muchos años, las sesiones de evaluación no han cambiado… Estoy totalmente de acuerdo en que el “canto de las notas” es, además de absurdo, una solemne pérdida de tiempo. Sin embargo, me parece (¿tengo que repetir que no soy docente?) que la “estructura” de las sesiones sí es aprovechable. Como también lo son las “opiniones”, siempre que se organicen (si es que se puede)… Me explico: tal como veo el problema, los profesores se ven solos ante “los de afuera” y reaccionan: de ahí las “opiniones” y las “calificaciones” (o “descalificaciones”).
    En mi ingenuidad (y evidente desconocimiento), me parece que si la sesión prescindiera de la lectura de calificaciones, pasara a las “opiniones” y, ante cada opinión, se buscaran respuestas a: ¿por qué?, ¿qué se puede hacer?, ¿hay que cambiar algo en la clase?, ¿tengo que cambiar algo yo?, ¿de quién puedo echar mano? y otras cuestioncillas sin importancia por el estilo quizá se agilizara algo y se sacara algo en limpio; me parece que incluso la respuesta “no podemos (o no sabemos) hacer nada” sería buena, si se comunicara al alumno y a sus padres (en caso de que se pongan a tiro)…
    De todos modos, también creo que el modo real de salir del callejón es no solo “implicar a los padres”, sino implicar también a “todo bicho viviente”: administración educativa, sí, pero también a universidades, institutos de formación, etc., más en concreto a las facultades de Pedagogía y a todos esos órganos “cómodos” que llevan “Educación” en su nombre. No es tolerable que, en algo tan delicado como las evaluaciones, se abandone al profesorado, a sabiendas, encima, de las situaciones que se están viviendo a diario en muchos centros.
    En fin, perdonadme si he dicho alguna inconveniencia. Hablo extramuros de la escuela.
    Saludos

  4. En su día ya dije qué me parecían las sesiones de evaluación, sesiones que cada día detesto más. Se hacen comentarios inadmisibles tales como: “Éste lo que se merece es una buena hostia”, fomentando el diálogo para resolver conflictos; “me tenía tan harta que le he mandado contar los puntos del gotelé” metodología racional; “yo creo que es listo” mostrando nuestras artes adivinatorias (ni la bruja LOLA); “¿le digo que lea?” o “que estudie más”, soluciones adaptadas a cada circunstancia y muy meditadas; “los padres están muy del lado del profesor” como si estos fuera una guerra de unos contra otros; “la solución es llamar al padre” (la madre respondía normalmente a las llamadas pero eso no valía según este profesor – ¿profesor?)fomentando la igualdad de géneros. En fin, un auténtico despropósito.

    Si a esto añadimos que algunas/as llegan siempre tarde; otras/os no paran de hablar; otras/os se despistan y no saben de qué alumna/o se están hablando; otras/as invitan a comer gusanitos, pastitas, etc.; a otras/os les suena el móvil… y todo esto nos hace mucha gracia porque somos todas/os muy buenas/os compañeras/os, entonces sufrir estas reuniones me resulta cada vez más duro. Me molesta enormemente que para nosotr@s seamos tan compresivas/os y para las/os alumnas/os tan estrictas/os. En fin, no quiero repetir lo que ya dije en su momento.

    Juanjo, saludos y a seguir aguantando porque las nuevas generaciones no parece que vengan con mejores comentarios. Montse.

  5. Me temo que estamos haciendo algo en lo que no creemos. Evaluar así es no hacer nada. Illaq ha abierto una puerta de este callejón sin salida en el que nos vamos metiendo. Lo que cuenta Montse lo hemos vivido más de una vez ¿verdad? A ver si puedo hacer algo este año…

    ¡Saludos!

  6. “Una sarta de cotilleos insustanciales sobre la vida de los alumnos”…. se nos pueden preguntar directamente las cosas, ¿no? jaja , vamos a tener que cobrar por derecho a la intimidad y divulgación de información… uhmmm… gracias Juanjo, me has hecho hacer caer en que hay gente aún más bacina que yo :) jeje. Vaya cosas.

    Un abrazo y suerte.

  7. Comparto plenamente las impresiones de Juanjo y Montse sobre las evaluaciones. Es más, debo decir que en alguno de los centros en que he trabajado, el equipo directivo se ha propuesto seriamente que las sesiones de evaluación sean algo provechoso, y, sin embargo, nada ha cambiado en lo esencial. Tampoco han mejorado mucho ahora que las notas suelen estar colocadas de antemano: seguimos con la misma actitud frívola y superficial.
    Todo lo anterior me lleva a pensar que, como dice Juanjo, estamos haciendo algo en lo que no creemos. En cada sesión de evaluación desperdiciamos una buena ocasión para reflexionar colectivamente sobre nuestro trabajo, en definitiva para avanzar… ¿Por qué?

  8. Jose

    Seguro que hay algunos que van recopilando en su libreta los fallos y chismes que han cometido los alumnos a lo largo del trimestre para así soltarlos en las evaluaciones y desahogarse (y de paso hundir a alguno)

    Dice la leyenda que cuando se oye mi nombre en la sala de evaluaciones hay profesores que empiezan a quemar mi foto y a efectuar algunos rituales muy extraños.

    Será por eso que siempre tengo ardor de estomago esos días…..

  9. Ni una intervención diciendo que son provechosas… ¿Fracaso colectivo?

  10. Jose

    Por cierto, ¿por que algunos profesores que ven que con sus “planes” fracasa un curso entero (o su gran mayoria)se limitan a culpar a los alumnos y seguir con los mismos metodos en lugar de buscar alternativas y modificar esos “planes”?

    Esta claro que el trabajo es 50/50 (o deberia) pero yo, en mis años de estudiante he sufrido varias veces los “planes” de mas de uno/a, y en alguna ocasion me han llevado al abandono total, quizas por impotencia.

    No se si los metodos de los profesores se tienen en cuenta en ese tipo de “reuniones” pero deberia ser asi(aunque muchos dirian que sus metodos son cojonudos y que no van a cambiarlos)

  11. Odio las sesiones de evaluación; las galletas que traen siempre están rancias … como los comentarios de quienes las comen.

  12. …galletas que se migan en mala leche…

    Jose: te lo creas o no, yo también me lo pregunto.

  13. Pingback: Examenitis, más o menos aguda « Efervescente2H

  14. Pingback: Crónicas de la dirección de un instituto (VII): De tiempos y otras evaluaciones « Efervescente2H

  15. Que las evaluaciones no estén funcionando como debieran no las invalida. Yo creo firmemente en las evaluaciones y en las programaciones colectivas. No sé, diréis que tal vez es que me va el “cotilleo”…
    Las he conocido en equipos de grupos complicados como son las ACES y las UFILS, esos sitios a los que mandamos nuestro fracaso escolar. Allí se reunen para evaluar y programar semanalmente. Sólo así sacan adelante sus proyectos. Sólo así disfrutan y se benefician del trabajo en equipo. Compartir éxitos y fracasos te recarga la energía y te aporta la seguridad de no tener que navegar en soledad. Claro que es necesario que este tipo de reuniones sea coordinado por algien con experiencia y la mejor forma de obtenerla es la coordinación rotativa.
    Yo este curso tengo un grupo difícil como nunca antes he tenido. Tengo además la seguridad de que la mayoría del profesorado que les da clase les está entendiendo bastante bien. No nos vemos pero la comunicación está fluyendo. Tengo ganas de verles para poder decírselo y ojalá no hubiera tenido que esperar 3 meses y medio para poder hacerlo.

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