Mientras sigamos protestando sin movernos del sitio, mientras creamos que no es posible, mientras miremos los obstáculos y pasemos de largo, mientras creamos que lo que haya que hacer ya vendrá alguien a hacerlo, mientras estemos del lado del descreimiento y la inacción… siempre tendrá que llegar alguien a enseñarnos lo importante de la actitud, de la colaboración, de… Muy significativo que el niño se baje de un autobús escolar, muy significativo.
Auténtico asco y vergüenza, pena y rabia, me dan las asquerosas prácticas que puedes ver en este artículo. Y digo esto a propósito de la acción que ayer se hizo en Sevilla contra el circo Ringling, y que no puedo dejar de apoyar. Lo que hay detrás de este tipo de espectáculos es bochornoso, intolerable. Cualquiera que haya convivido algo con animales, cualquiera que tenga una mínima sensibilidad, no puede sino sentir pena, rabia e indignación. Poco tiene esto de acercar la naturaleza y los animales a los niños. Poco tiene de humorístico. Menos tiene de divertido el asqueroso y cruel mundo del circo.
El corto de animación que tienes aquí es posible que tenga vida propia. Dicen que lo han visto volar en círculos junto con otros vídeos. Y a veces, como todos los vídeos, se queda mirándote y preguntando: ¿cómo lo sabes? Muy sugerente. En las etiquetas dejo algunas pistas, pero me parece que podrían ser muchos más los temas que sugiere.
Si uno se toma esta profesión docente en serio, siente que el momento de poner notas, que inevitablemente forma parte de ella, no es de los más agradables. Y no lo es porque cuantificar relaciones humanas, reacciones, progresos, mejoras, empeoramientos y evoluciones de todo tipo es un ejercicio de responsabilidad que difícilmente puede resultar exacto. A menudo, uno duda sobre qué proceso personal en quien los recibe pueden desencadenar un 9 o un 1′5. Indiscutiblemente, hay que tener presente el componente educativo que se supone que la calificación debe tener. Pero, también a menudo me he quedado pensando si habría otra manera de hacerlo, sin notas. Más de una vez he comenzado el curso diciéndoles a mis alumnos el primer día: “estáis todos aprobados. Ahora, vamos a aprender”. Y en la mayoría de esas ocasiones, olvidarnos de las calificaciones ha resultado una prueba muy satisfactoria y los alumnos han progresado muchísimo, con una percepción de grupo mayor que en aquellas en las que la calificación estaba en juego. Pero, ojo, no seré yo quien defienda la eliminación general de este sistema clasificatorio sin tener clara la alternativa. No sé si las notas son un mal necesario.
Y estaba volviendo a pensar en esto cuando me encuentro, por unos de esos azares de la red, con estas dos citas, que entresaco de lo que ha dicho Ken Blanchard, del que no he leído absolutamente nada más, en una entrevista:
Todo el sistema educativo se ha transformado en una máquina de calificar, seleccionar, segregar, categorizar, dar notas… Educar se ha reducido a hacer la selección de personal desde la cuna hasta el despacho de jefe. Y por el camino quedan los perdedores.
Todos los niños quieren aprender hasta que les empiezas a poner notas: los que suspenden acaban odiando el cole: ¿por qué clasificar a las personas por sus resultados desde la cuna? Esa es la receta segura para la avaricia y luego la desdicha: de los que suspenden y de los que acaban en Wall Street
Y lo sigo pensando, ¿hay otra manera de hacerlo? Como estoy de acuerdo con las dos citas, pero veo poco clara la alternativa a las notas desde una perspectiva general o social, no digo más y me quedo dándole vueltas. A ver si me ayudáis. Y por si alguno no está de acuerdo con las citas, o con lo que dice Blanchard, José Mª Peláez habla del tema y tampoco parece estarlo.
Había una vez una niña muy bonita. Le habían dado un ordenador portátil y la muchachita lo llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita 2.0.
Un día, su madre le pidió que llevase una memoria USB a su abuela, que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, ni se distrajera tuiteando, pues cruzar el bosque sin ver Google maps era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo, que tenía el bosque lleno de editoriales y ordenadores con Windows Vista.
Caperucita Roja recogió la mochila digital con la memoria USB y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: las wikis, los blogs, Ubuntu, Moodle…
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
—¿A dónde vas, niña? —le preguntó el lobo con su voz ronca y sus derechos de autor.
—A casa de mi abuelita —le dijo Caperucita.
—No está lejos —pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su mochila en la hierba y se entretuvo con su teléfono móvil: «El lobo se ha ido -escribió en su Twitter-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve una webcam además de la memoria USB».
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un bloguero que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
El lobo obligó a la abuelita a comprar una enciclopedia multimedia, y la a leerla encerrada en un pequeño cuarto, en el que, además, tenía que instalar todas las actualizaciones de Windows. Después, se puso una camiseta con el logotipo de Flickr, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita 2.0 llegó enseguida, toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
—Abuelita, abuelita, ¡qué Google Reader más grande tienes!
—Son para leerte mejor —dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
—Abuelita, abuelita, ¡qué Skype más grande tienes!
—Son para oírte mejor —siguió diciendo el lobo.
—Abuelita, abuelita, ¡qué copyright más grande tienes!
—Es para…¡comerte mejoooor! —y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la hizo pagar un canon digital, lo mismo que había hecho con la abuelita, y también la encerró.
Mientras tanto, el bloguero, que se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la abuelita. Pidió ayuda a un tuitero y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en Moodle, dormido de tan harto que estaba.
El bloguero sacó su post y criticó la editorial del lobo. Abrió el pequeño cuartucho y la abuelita y Caperucita 2.0 estaban allí, ¡vivas!, aunque agotadas por las actualizaciones de Windows.
Para castigar al lobo malo, el bloguero le llenó la cabeza de comentarios y le abrió una cuenta en del.icio.us. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísimas ganas de cobrar otro canon y se dirigió a un estanque próximo para beber agua de un trasvase. Confundido, quiso beber en un vídeo de Youtube. Como los comentarios pesaban mucho, terminó sacándose una cuenta en Facebook y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita 2.0 había aprendido la lección. Prometió a su abuelita no añadir a sus contactos de Messsenger a ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su abuelita y de su mamá, que compartían en un Google Doc.
Y colorín colorado, este cuento ya ha empezado.
(Versión propia del texto del cuento que está en la Wikipedia. La foto es del Flickr de guatman, bajo licencia Creative Commons)
ACTUALIZACIÓN: No os perdáis estas fantásticas versiones 2.0 de otros cuentos:
Hace poco le agradecía, algo abrumado, a Juanlu Sánchez que enlazara un tuiteo mío como ejemplo de la posibilidad de filosofar en Twitter. ¿Filosofía en 140 caracteres? ¿No es mucho decir? Puede que sí. O puede que no. ¿De qué hablo? Viene esto a cuento de un nuevo proyecto colaborativo y abierto en el que ando enredado, y que tiene que ver con la Filosofía y con Twitter.
Me propuso la idea el afortunadamente inquieto Miguel Santa Olalla e inmediatamente acepté encantado. ¿De qué hablo? Lo acaba de hacer público el propio Miguel en Boulé: un twitter filosófico:
La idea es relativamente sencilla: cada profesor participante se crea una cuenta asociada a un filósofo. A continuación, se fijará un tema común que será objeto de twiteos durante un tiempo determinado (un mes, mes y medio…). Los twiteos pueden adoptar múltiples formas: citas textuales (necesariamente cortas, quizás por entregas…), enlaces a páginas web, comentario de noticias… y por supuesto, mensajes dirigidos hacia otros filósofos que anden metidos en el ajo. El objetivo último de todo esto es pasar un buen rato, ir conociéndonos un poco más entre los que se animen y, sobre todo, llevar algo de filosofía al Twitter. No sé muy bien si le hace más falta al Twitter o a la filosofía, quizás podamos hablar sobre el tema un poco más adelante. De momento, lo único que pedimos es que los profesores o amigos de la filosofía que estén dispuestos a mantener un ritmo de twiteo mínimo (tres mensajes a la semana, por poner una cifra), pueden abrirse su propia cuenta y animarse a la discusión. Eso sí, conviene que me envíen un mensaje (miguel[arroba]boulesis.com) para incluirles en el listado de participantes y, sobre todo, añadirles a la discusión.
Por supuesto, la idea está abierta a la participación de más amantes o aficionados a la Filosofía, no necesariamente profesores. Es más, estamos deseando que os animéis a la idea.
De momento, hemos abierto estas cuentas en Twitter:
- Luis González: Richard Rorty
- Patricia Lorenzen: Paul Feyerabend
- José Ángel Castaño: Walter Benjamin
- Rafael Robles: Baruch Spinoza
Iré actualizando la lista en cuanto se incorporen más compañer@s. Están todas agregadas en el Planeta Twitter Filosofía.
Soy consciente, y mucho, de que la iniciativa puede suscitar miradas de reparo, rechazo o incomprensión por parte de los defensores de la Filosofía académica. Esos mismos apocalípticos que dejan morir a Platón, Foucault o Horkheimer sin la más mínima intención de acercarlos a nadie. Esos retratistas del Apocalipsis del pensamiento, talibanes de lo unidireccional que se aferran al pasado confundiendo la oscuridad con la calidad, y lo minoritario premeditado con lo profundo. Y me da exactamente igual. Llevan años demostrando que, más que acercar la Filosofía han alejado a la gente de los pensadores. Sobra decir que no se trata de reemplazar nada, sino de acercar algo.
Y allá que vamos, con las ganas de pasar un buen rato, de divulgar algo más de algunos autores, de buscar huecos, adaptaciones. Perfectamente lo ha dicho Miguel arriba: “No sé muy bien si le hace más falta al Twitter o a la filosofía”. Yo tampoco, Miguel, yo tampoco. Pero ahí estaremos.
Jim-Box es el gijonés Jaime Fernández Miranda, creador de Fêmina Domus, una historia de poco más de tres minutos. Con ella, ganó la sección “Una peli de José Luis Borau” en la VII edición del Notodofilmfest. La propuesta de pie de acto de Borau fue ésta:
Una muchacha menor de edad se pone de acuerdo con su novio para huir de la casa de sus padres, junto a él.
Lo planean con sumo cuidado a efectos de no dejar rastro alguno y cumplen escrupulosamente el plan. Pero cuando llegan al lugar elegido, la muchacha desaparece a su vez de la residencia donde habían decidido refugiarse.
Tras pensáreslo mucho, el novio prefiere contar el hecho a la policía antes que a los padres de la muchacha, pero la policía ha de informar del suceso a los familiares. Así que cada una de las partes emprende la búsqueda de la muchacha por distintas razones.
Los concursantes deben encontrar razones de la desaparición y las situaciones a que el hallazgo de la muchacha puede dar lugar.
Y ésta la excelente creación con la que respondió Jim-Box: Fêmina Domus. Puede tener lecturas cruzadas. No digo más.














